En una entrevista con lanacion.com, el periodista y escritor Jorge Lanata, aseguró que la Argentina está en "una instancia de transición que todavía no terminó"; "Tenemos todo lo que tendríamos que tener, pero igual fracasamos año tras año", evaluó
- ¿En qué pensás cuándo escuchas la palabra Bicentenario?
- Mucha dialéctica y poca realización. Estaría bueno hacer algo con el Bicentenario. Me da la sensación de que es una fecha vacía que estaría bueno llenarla de contenido.
- ¿Qué tipo de contenido?
- En general nosotros, como país, nos dedicamos a discutir estas fechas de manera simbólica y para nada práctica. Estaría bien discutir el Bicentenario desde otro lugar, diciendo qué cosas podemos hacer para integrarnos, para que esto realmente sirva para algo, para que sea el comienzo de algún tipo de proyecto y sacarlo de la discusión histórica y llevarlo a la discusión política concreta, coyuntural.
- Desde la Presidenta hasta varios dirigentes de la oposición intentaron instalar esta discusión desde la retórica?
- El problema es que no es sólo retórica. Estamos todos de acuerdo; todos tenemos buenas intenciones. Se cumplen 200 años ¡Uh, qué lindo! Es momento de preguntarnos cómo estamos 200 años después. Sería interesante saberlo. Vos fijate que en un país como éste no hay estadísticas. Ya empezamos mal con esa pregunta.
- Lo decís por el Indec?
- Estoy hablando más allá del Indec; el Indec también, pero no hay estadísticas o las que hay son muy malas. No estaría mal con ocasión del Bicentenario hacer un muestreo real para ver cómo estamos en todo. ¿Qué pasa con los chicos que toman menos leche en las escuelas? ¿Crecen menos? ¿Qué pasa con la desnutrición en Tucumán o el analfabetismo en Buenos Aires? Para llegar a algún lugar tenemos que ver de dónde salimos. Preguntarnos cómo estamos no es algo menor.
- Y ¿cómo estamos?
- Creo que los tiempos de los políticos y de los intelectuales son distintos a los tiempos de la gente. La gente tiene tiempos más lentos, pero inexorables. Cuando la gente cambia, cambia. Por ejemplo: me parece que costó 20.000 o 30.000 muertos y 10 años de dictadura, pero no va a ver otra dictadura. Las cosas van cambiando de manera muy lenta. Estamos en una instancia de transición que empezó en 2001 y todavía no terminó. Tenemos que tratar de hacer más democrática la democracia y no es un juego de palabras. Pasar de lo que llamaría Guillermo O´Donnell , una democracia de baja intensidad a una democracia de alta intensidad o real.
- En este recorrido, ¿cómo ves a las instituciones?
- Le falta a las instituciones. El reclamo de la grieta que se abrió entre la gente y la dirigencia en 2001 aún no se pudo cerrar. Está latente, subterráneo. Es lo que explica la crisis de partidos, que el radicalismo y el peronismo no existan. También explica esa crisis el menemismo, porque fue quien empezó a destruir la idea de partidos políticos. Eso, sumado a que los partidos dejaron de escuchar a la gente. El reclamo por el voto sábana, la truchedad en la elección, por cambiar las fechas, el cambio de domicilios; un motón de cosas formales está haciendo que por debajo esa duda que sé instaló en 2001 siga agrandándose cada vez más. Si ves los números desde 1983 para acá, cada vez va menos gente a votar. Esto sólo nos importa el día de las elecciones y después no se habla más, pero cada vez va menos gente. Es una gota cada vez más grande, esa gota es la expresión de ese sentimiento que va por debajo de la ruptura entre los dirigidos y los dirigentes.
- ¿Crees que es posible reeditar en la Argentina el Pacto de la Moncloa que hicieron los españoles?
- No sé si las experiencias son transmisibles de un país a otro. Los países son distintos y lo fundacional debería estar hecho por gente nueva, no vieja. Creo que escuchar a los viejos fundar algo nuevo es poco creíble. Si el hombre nuevo va a salir de un grupo de hombres viejos, estamos jodidos. Hay que buscar otra cosa. Cuando la gente decía "que se vayan todos", quería decir que se vayan todos. Sé que no es practicable pero, ahora, tratemos de acercarnos a eso.
- ¿Crees, como se ha dicho, que estamos condenados al éxito?
- No sé si alguien puede estar condenado al éxito. Hasta ahora estuvimos bien condenados al fracaso. Digo, tenemos todo lo que tendríamos que tener y sin embargo fracasamos año tras año, generación tras generación. El problema de la Argentina es claramente un problema de la dirigencia. La Argentina no es buena ni mala en sí, es potencialmente un país increíble que nunca funciona.
- ¿Por qué nunca funciona?
- Se dice que es porque `está lleno de argentinos´, pero los argentinos tenemos distintas responsabilidades. No es lo mismo la responsabilidad de un tipo que vive en la Villa 31 que la de [Eduardo] Duhalde. No es igual. No quiero justificar todo ni victimizar a nadie en particular, pero no es lo mismo. Si un nene come menos cuando es chiquito, es menos inteligente cuando es grande. Ese pibe no tiene la misma responsabilidad que el que va y firma un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI). Insisto, no es lo mismo. Ahora, que nuestra crisis viene de la dirigencia no tengo dudas. La gente que no puede comer no fue la que nos cagó.
- ¿Cómo se cambia esa realidad?
- Una manera de renovar la clase política es terminar con las reelecciones. Es una manera de decir que cambien. El tipo es bueno, ya vendrá otro que pueda ser bueno también, nadie es imprescindible.
- ¿Por qué el hambre o la pobreza están fuera de la agenda?
- El tema del hambre es un tema que está fuera de la agenda porque no es popular, no trae rating, no suma. La gente que está fuera del sistema no le importa el sistema, tampoco le interesa el clientelismo. Además, porque hay una responsabilidad directa muy grande del poder en todo esto, todos saben que se puede arreglar y nadie hace nada para arreglarlo, no es que no sea posible arreglarlo.
- Faltan políticas de Estado de largo alcance?
- Uno de los problemas que tenemos en términos políticos es la falta de liderazgo, no hay líderes. Un ejemplo es lo que pasó con la ley de radiodifusión y el fútbol: el Gobierno venía de menos que cero, de perder una elección contra nadie [por Francisco de Narváez], porque no le ganó [Charles] de Gaulle, le había ganado nadie. Venían de perder con nadie en un momento que todos pensábamos bueno, se quedarán o no, llegarán a fin de año o no. Desde ese lugar, desde la Base Marambio, el Gobierno retomó la iniciativa política, le cambió la agenda a la oposición, los forreó con el tema del diálogo, los dejó pagando y empezó a construir para otro lugar, para el que nadie estaba mirando. Eso demuestra, más allá de lo que se piense de él, que Kirchner todavía es un líder y los otros no lo son.
- ¿Te gusta el camino que tomó el Gobierno?
- No sé a dónde vamos. Creo que Kirchner lo que está haciendo, a pesar de que fue muy hábil para recomponer su escena, es confundir su escena con el resto de la realidad. Hoy le diría a Kirchner que lo único que está pasando no es la ley de radiodifusión y el fútbol. Ojo, si él confunde la realidad con eso, estamos en un problema. Estamos hablando de eso, pero a la vez volvimos al FMI, aumenta la desocupación, la situación económica es cada vez más artificial, está habiendo problemas con los gremios. O sea, está pasando todo lo otro y todo lo otro hoy parece que no existe porque sólo existe lo que Kirchner tiene como obsesión y ahí es donde creo que se equivoca y ese va a ser el error de Kirchner.
- ¿Qué recuerdos tenés de los festejos por el 25 de Mayo?
- Actos aburridos en el colegio. Se han ocupado por enseñarnos la historia de una manera bastante vacía. Es una lástima, porque con los años uno aprende que hay una historia, que uno forma parte de algo, que es muy confuso, pero que está. Que hay una nación que se llama Argentina, que busca crecer, que está en pelea todo el tiempo, pero son todas cosas que uno descubre después de los 40, no antes. En el colegio no nos cuentan esas cosas.
- Uno de los objetivos de los comunicadores es llegar a la mayor cantidad de audiencia. Si pudieras hablarle a todos los argentinos, ¿qué les dirías?
- El otro día en una charla una señora me preguntó: "¿Usted está pidiendo que hagamos algo que no vamos a ver?". Y le contesté que entendió perfecto. A ver si se entiende lo que pregunto: ¿Nos animamos a hacer algo trascendente? Si la respuesta es sí, este país puede cambiar en treinta o cuarenta años; si la respuesta es no, no le demos más bola a este tema y vámonos o no nos calentemos más por este asunto. No vamos a cambiar el país en 15 minutos.
- ¿A qué te referís con algo trascendente?
- Algo que nos trascienda, algo cuyo resultado no vamos a ver. Hubo momentos en los cuales este país se pensó así: Manuel Belgrano, Mariano Moreno, José de San Martín Bartolomé Mitre, Domingo Sarmiento, lo pensaron así. Pensaron un país para los próximos 50 años y sabían que no iban a estar para verlo. Si nosotros hacemos una apuesta trascendente por el país que implique el sacrificio de decir no lo vamos a ver, esto a lo mejor cambia.
- ¿Qué habría que hacer?
- Primero tenemos que asociar la idea de cambio con la idea de trabajo, acá pensamos que las cosas cambian sin que nadie se esfuerce y no es así. La única manera de cambiar las cosas es laburando. Para que cambien, no hay otra manera. Y eso lleva tiempo, no un año o dos, sino 10, 20, 30 años. Le diría a la gente que no seamos hipócritas cuando pedimos que el país cambie, que sepamos que los cambios verdaderos son lentos y llevan tiempo, pero que nos preguntemos si realmente estamos dispuestos a enfrentarlos y si no, no jodamos más.
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