Ximena Dahm andaba muy nerviosa, porque aquella mañana iba a iniciar su vida en la escuela. Corriendo iba de un espejo al otro, por toda la casa; y en uno de esos ires y venires,tropezó con un bolso y cayó desparramada al piso. No lloró, pero se enojó:
–¿Qué hace esta mierda acá?
La madre educó:
–Mijita, eso no se dice.
Y Ximena, desde el piso, quiso saber:
–Para qué existen, mamá, las palabras que no se dicen?
Eduardo Galeano, Bocas del Tiempo
jueves, 29 de octubre de 2009
"Veo la poesía en todos lados"
Cuenta que el piso de su casa está cubierto de páginas con correcciones. Que escribe en su vieja Remington y que no puede teclear sobre cualquier papel: tiene que sentir cierta rugosidad; si es liso al tacto, no sirve para su lucha con la hoja en blanco. Repite que la poesía está en todas partes, pero que lo difícil es alcanzar el poema.
Eugenio Mandrini es un locuaz voluptuoso. Dice que escribe mucho, pero que no le interesa publicar. Y cuenta también que cumplió 72 años pero tiene 135, porque continúa la vida de su padre, que le enseñó a leer.
Cuando habla, Mandrini cita, o recuerda, o evoca líneas de sus maestros, de aquellos hombres con los que se encuentra como lector, oficio que enaltece y para el que también, asegura, hay que prepararse. Y hasta cuando se le pregunta por su poesía encuentra el modo de hablar de otros y analiza versos de Salvatore Quasimodo o Enrique Molina para ejemplificar, a partir de ellos, su laborioso oficio.
"Soy casi un maestro de la microficción", dice con una sonrisa, y confiesa que no puede evitar la tentación de mixturar los géneros, procedimiento que es una de las claves de Conejos en la nieve (Musarisca/Colihue), que ganó el premio de poesía Olga Orozco 2008, con un jurado integrado por tres premios Cervantes, el español Antonio Gamoneda, el chileno Gonzalo Rojas y el argentino Juan Gelman, más Jorge Boccanera, titular de la cátedra de poesía latinoamericana de la Universidad de San Martín, organizadora del certamen. "La verdad es que mandé el libro porque quería que ellos me leyeran. Todavía no puedo creer este premio, este reconocimiento. Por eso también me pareció importante publicarlo."
Antes había publicado dos libros de narración poética: Criaturas de los bosques de papel y Campo de apariciones, y el ensayo Tango. Magia y realidad. Como muestra de su desinterés por la publicación, vale recordar que sigue inédita su novela La Bilis, finalista en los años 70 del concurso Sudamericana- La Opinión con otro jurado de lujo: Augusto Roa Bastos, Julio Cortázar, Rodolfo Walsh y Juan Carlos Onetti. "La explicación que me dieron para no publicarla fue que mezclaba mucho los géneros. ¿Qué más puedo decir sobre eso? La guardé y listo."
La obsesión de Mandrini es el poema y evade hablar de su libro. "Veo la poesía en todos lados -dice-. Lo difícil es alcanzar el poema. Hoy hay una tendencia a no escribir poemas sino a hacer el libro, que el libro sea el poema y termine por darle sentido. Pero la poesía no es un trabajo de acumulación sino de excavación. Y entre un poema y otro hay que esperar."
-Esa espera se nota en Conejos en la nieve. Son poemas unitarios, donde se esgrimen distintos recursos, distintas formas.
-Lo que hice con esos poemas individuales tiende a desaparecer. Se me hace que el poema como construcción unitaria va a desaparecer.
-Están los mandatos de época.
-El lenguaje de todos, el tuyo, el mío, el del hombre de la esquina, son mandatos de la época. Lo que ocurre es que la individualidad del autor trastoca eso. Siempre el mandato de la época es irrefutable, pero hay algunos autores que son pájaros con cielo propio, son los inclasificables. ¿Dónde clasificás a Kafka? ¿En qué tiempo lo ubicás? Hay que ver cómo incorporás el mandato de tu época dentro de tu interioridad y tus posibilidades.
-Conejos... es un intenso ejercicio de preguntas.
-Pregunto para excavar. Los poemas no tienen un remate, porque lo que me importa es hacerme preguntas.
-Y el título alude a una imagen plástica.
-Es un blanco sobre blanco pero no son blancos iguales. Los poemas tienen que tener una estructura visual, plástica, y los elementos no tienen que estar puestos al azar. Todo tiene su razón. La poesía es una aventura, pero también es importante el momento racional y científico. Es el momento en que los dados están echados, pero la ubicación la decide el poeta. Hay una ingeniería poética que se desarrolla después de escribir el poema, en el momento de la corrección. Estuve meses estudiando un verso de Drummond de Andrade que hacía llorar a (Joaquín O.) Giannuzzi: "La vida es gorda, oleosa, mortal, subrepticia". ¿Escuchaste alguna vez algo parecido? Cuatro adjetivos que no fueron colocados al azar y que demuestran el poder de lo racional y científico en la poesía, que viene después de la percepción aguda del poeta.
-¿Qué busca como escritor?
-¿Qué busco? Una línea, una sola línea. Una que me justifique. Y si encuentro otra, bueno, soy un fenómeno.
-No es una tarea sencilla.
-Hay que ser auténtico. Como César Vallejo. ¿Cuáles son las cosas que te atraviesan, que te oscurecen? Uno necesita la tragedia para nutrirse. Yo soy un trágico. Tengo una concepción y un sentido de la vida que es humanista, pero soy un trágico. ¿Para qué sirve la respuesta? No quiero respuestas.
-El verso libre lo ayuda en esa búsqueda, sobre todo porque le permite esa mezcla de géneros, de tonalidades y de intensidades que se leen en Conejos...
-La grandeza del poema libre es que cada uno tiene su propia estructura. Se busca a la deriva una estructura para cada poema. En Conejos... hay estructuras por todos lados, pero esas estructuras están construidas en función de mi búsqueda.
-A ese otro lado al que va, ¿no se llega con estructuras más rígidas?
-Contra lo que muchos creen, el verso libre exige una elaboración que va más allá del talento o la intuición creadora. La obra de tipos como Enrique Molina, Discépolo, Quasimodo, Vallejo, Manzi y Pavese tiene mucha ciencia, mucha cosa racional. No hay azar en sus obras.
-¿Es cierto que escribe en una Remington?
-Una ruidosa Remington. Necesito ese sonido pero sobre todo, sentir esa lucha con la página en blanco. En la computadora no se padece esa instancia de la misma manera. Y además está el papel. Yo no puedo escribir en esos papeles alisados, que se resbalan de la mano; necesito sentir cierta rugosidad al tacto. Esa aspereza le da vida.
Fuente: ADN Cultura.
Eugenio Mandrini es un locuaz voluptuoso. Dice que escribe mucho, pero que no le interesa publicar. Y cuenta también que cumplió 72 años pero tiene 135, porque continúa la vida de su padre, que le enseñó a leer.
Cuando habla, Mandrini cita, o recuerda, o evoca líneas de sus maestros, de aquellos hombres con los que se encuentra como lector, oficio que enaltece y para el que también, asegura, hay que prepararse. Y hasta cuando se le pregunta por su poesía encuentra el modo de hablar de otros y analiza versos de Salvatore Quasimodo o Enrique Molina para ejemplificar, a partir de ellos, su laborioso oficio.
"Soy casi un maestro de la microficción", dice con una sonrisa, y confiesa que no puede evitar la tentación de mixturar los géneros, procedimiento que es una de las claves de Conejos en la nieve (Musarisca/Colihue), que ganó el premio de poesía Olga Orozco 2008, con un jurado integrado por tres premios Cervantes, el español Antonio Gamoneda, el chileno Gonzalo Rojas y el argentino Juan Gelman, más Jorge Boccanera, titular de la cátedra de poesía latinoamericana de la Universidad de San Martín, organizadora del certamen. "La verdad es que mandé el libro porque quería que ellos me leyeran. Todavía no puedo creer este premio, este reconocimiento. Por eso también me pareció importante publicarlo."
Antes había publicado dos libros de narración poética: Criaturas de los bosques de papel y Campo de apariciones, y el ensayo Tango. Magia y realidad. Como muestra de su desinterés por la publicación, vale recordar que sigue inédita su novela La Bilis, finalista en los años 70 del concurso Sudamericana- La Opinión con otro jurado de lujo: Augusto Roa Bastos, Julio Cortázar, Rodolfo Walsh y Juan Carlos Onetti. "La explicación que me dieron para no publicarla fue que mezclaba mucho los géneros. ¿Qué más puedo decir sobre eso? La guardé y listo."
La obsesión de Mandrini es el poema y evade hablar de su libro. "Veo la poesía en todos lados -dice-. Lo difícil es alcanzar el poema. Hoy hay una tendencia a no escribir poemas sino a hacer el libro, que el libro sea el poema y termine por darle sentido. Pero la poesía no es un trabajo de acumulación sino de excavación. Y entre un poema y otro hay que esperar."
-Esa espera se nota en Conejos en la nieve. Son poemas unitarios, donde se esgrimen distintos recursos, distintas formas.
-Lo que hice con esos poemas individuales tiende a desaparecer. Se me hace que el poema como construcción unitaria va a desaparecer.
-Están los mandatos de época.
-El lenguaje de todos, el tuyo, el mío, el del hombre de la esquina, son mandatos de la época. Lo que ocurre es que la individualidad del autor trastoca eso. Siempre el mandato de la época es irrefutable, pero hay algunos autores que son pájaros con cielo propio, son los inclasificables. ¿Dónde clasificás a Kafka? ¿En qué tiempo lo ubicás? Hay que ver cómo incorporás el mandato de tu época dentro de tu interioridad y tus posibilidades.
-Conejos... es un intenso ejercicio de preguntas.
-Pregunto para excavar. Los poemas no tienen un remate, porque lo que me importa es hacerme preguntas.
-Y el título alude a una imagen plástica.
-Es un blanco sobre blanco pero no son blancos iguales. Los poemas tienen que tener una estructura visual, plástica, y los elementos no tienen que estar puestos al azar. Todo tiene su razón. La poesía es una aventura, pero también es importante el momento racional y científico. Es el momento en que los dados están echados, pero la ubicación la decide el poeta. Hay una ingeniería poética que se desarrolla después de escribir el poema, en el momento de la corrección. Estuve meses estudiando un verso de Drummond de Andrade que hacía llorar a (Joaquín O.) Giannuzzi: "La vida es gorda, oleosa, mortal, subrepticia". ¿Escuchaste alguna vez algo parecido? Cuatro adjetivos que no fueron colocados al azar y que demuestran el poder de lo racional y científico en la poesía, que viene después de la percepción aguda del poeta.
-¿Qué busca como escritor?
-¿Qué busco? Una línea, una sola línea. Una que me justifique. Y si encuentro otra, bueno, soy un fenómeno.
-No es una tarea sencilla.
-Hay que ser auténtico. Como César Vallejo. ¿Cuáles son las cosas que te atraviesan, que te oscurecen? Uno necesita la tragedia para nutrirse. Yo soy un trágico. Tengo una concepción y un sentido de la vida que es humanista, pero soy un trágico. ¿Para qué sirve la respuesta? No quiero respuestas.
-El verso libre lo ayuda en esa búsqueda, sobre todo porque le permite esa mezcla de géneros, de tonalidades y de intensidades que se leen en Conejos...
-La grandeza del poema libre es que cada uno tiene su propia estructura. Se busca a la deriva una estructura para cada poema. En Conejos... hay estructuras por todos lados, pero esas estructuras están construidas en función de mi búsqueda.
-A ese otro lado al que va, ¿no se llega con estructuras más rígidas?
-Contra lo que muchos creen, el verso libre exige una elaboración que va más allá del talento o la intuición creadora. La obra de tipos como Enrique Molina, Discépolo, Quasimodo, Vallejo, Manzi y Pavese tiene mucha ciencia, mucha cosa racional. No hay azar en sus obras.
-¿Es cierto que escribe en una Remington?
-Una ruidosa Remington. Necesito ese sonido pero sobre todo, sentir esa lucha con la página en blanco. En la computadora no se padece esa instancia de la misma manera. Y además está el papel. Yo no puedo escribir en esos papeles alisados, que se resbalan de la mano; necesito sentir cierta rugosidad al tacto. Esa aspereza le da vida.
Fuente: ADN Cultura.
martes, 27 de octubre de 2009
Peligroso mensaje
“No hay verdad, hay interpretaciones”. Así lo dijo Nietzsche.
Este pasado fin de semana, me encontré con un aviso de Fox Sports en los diarios de mayor tirada del País, que realmente me generó preocupación.
Quizás no fue intencional y solo respondió a algún publicista descuidado, pero realmente podría generar muchas confusiones.
El aviso refería al partido que tendría la selección Argentina sub 17, con Honduras por el mundial que se disputa en Nigeria. El aviso en realidad no era gran cosa, pero la frase que lo sentenciaba podía llevar, insisto, a muchos desconciertos.
El aviso rezaba, “a los 17 algunos chicos se reciben de bachiller. Y otros de craks.”
“No hay verdad, hay interpretaciones”. Así lo dijo Nietzsche.
Hoy cuando los chicos ven que no se reconoce en demasía a aquellos que estudian y se preparan intelectualmente en la rama que sea. Hoy que todo es competencia por todo, pero por sobre todo por dinero y poder. Hoy donde los valores más altos en sueldos que se conocen tienen que ver con los futbolistas. Hoy donde la figura de la escuela y del estudio está en decadencia, sumado a una deserción escolar altísima por distintos motivos, este tipo de avisos puede ser un riesgo grande para la juventud.
Cualquiera podría pensar que en realidad es una elección que debe tomar sobre su futuro. Cualquiera podría pensar que el mejor resultado de esa elección es ser crack y no bachiller, pero lo que no dijeron en el aviso, es que para ser crack muchos son los que quedan en el camino y cuando quieren retomar es ya tarde.
Me encanta ver a los pibes comiéndose la cancha. Acá y en el exterior. Con la camiseta de algún club, o la de la selección. Pero me gusta también ver como se incentiva a estudiar, a darle continuidad a la vocación. A leer. A hacerse profesional y actualizarse día a día. Los crack pueden hacer mucho, enseñarnos mucho, por algo llegaron a donde están, pero de muchas circunstancias que nos rodean, no nos sacaran ellos. Sino los otros.
En el medio de un debate como el que se dio por el discurso no hace muchas semanas en el Congreso, decir esto, quizás sin mala leche, pero se dijo, se publicó y se reprodujo en muchas cabezas, es peligrosismo. Entre tantas interpretaciones y necesidades, es muy fácil confundirse.
Bernabé Tolosa
Este pasado fin de semana, me encontré con un aviso de Fox Sports en los diarios de mayor tirada del País, que realmente me generó preocupación.
Quizás no fue intencional y solo respondió a algún publicista descuidado, pero realmente podría generar muchas confusiones.
El aviso refería al partido que tendría la selección Argentina sub 17, con Honduras por el mundial que se disputa en Nigeria. El aviso en realidad no era gran cosa, pero la frase que lo sentenciaba podía llevar, insisto, a muchos desconciertos.
El aviso rezaba, “a los 17 algunos chicos se reciben de bachiller. Y otros de craks.”
“No hay verdad, hay interpretaciones”. Así lo dijo Nietzsche.
Hoy cuando los chicos ven que no se reconoce en demasía a aquellos que estudian y se preparan intelectualmente en la rama que sea. Hoy que todo es competencia por todo, pero por sobre todo por dinero y poder. Hoy donde los valores más altos en sueldos que se conocen tienen que ver con los futbolistas. Hoy donde la figura de la escuela y del estudio está en decadencia, sumado a una deserción escolar altísima por distintos motivos, este tipo de avisos puede ser un riesgo grande para la juventud.
Cualquiera podría pensar que en realidad es una elección que debe tomar sobre su futuro. Cualquiera podría pensar que el mejor resultado de esa elección es ser crack y no bachiller, pero lo que no dijeron en el aviso, es que para ser crack muchos son los que quedan en el camino y cuando quieren retomar es ya tarde.
Me encanta ver a los pibes comiéndose la cancha. Acá y en el exterior. Con la camiseta de algún club, o la de la selección. Pero me gusta también ver como se incentiva a estudiar, a darle continuidad a la vocación. A leer. A hacerse profesional y actualizarse día a día. Los crack pueden hacer mucho, enseñarnos mucho, por algo llegaron a donde están, pero de muchas circunstancias que nos rodean, no nos sacaran ellos. Sino los otros.
En el medio de un debate como el que se dio por el discurso no hace muchas semanas en el Congreso, decir esto, quizás sin mala leche, pero se dijo, se publicó y se reprodujo en muchas cabezas, es peligrosismo. Entre tantas interpretaciones y necesidades, es muy fácil confundirse.
Bernabé Tolosa
domingo, 25 de octubre de 2009
Vinagre y Rosas, el nuevo trabajo de Joaquín Sabina

"Llegué hasta los cincuenta y pocos con esta especie de juventud prolongada hasta el extremo y luego levanté el pie del acelerador porque no quería ser un cantante muerto", confesó el cantante español Joaquín Sabina en una entrevista que publica el diario chileno El Mercurio.
A sus 60 años, Sabina está inmerso en la promoción de su último disco, "Vinagre y rosas", que saldrá a la venta el 17 de noviembre y que incluye trece nuevas canciones, entre las que destaca "Tiramisú de limón", carta de presentación del álbum.
"La vida ahora no es tan nocturna, ni tan intensa, ni tan alcohólica, ni tan adictiva, pero disfruto de placeres como irse de gira durante un año y enfrentarse a muchos públicos, algunas fiestas después de los conciertos y visitar amigos", añade.
El artista iniciará su gira por España el próximo 20 de noviembre en Salamanca y desembarcará en Latinoamérica el 20 de enero con un primer concierto en Buenos Aires, al que probablemente seguirán otros dos en Chile, uno en Santiago y el otro en Viña del Mar.
Sabina define un Tiramisú de limón, el nombre del primer single que lleva música del grupo español Pereza, como "algo imposible, como también lo es Vinagre y Rosas. Pero son las cosas que me gustan a mí, entre lo dulce y lo amargo".
Otro de los temas del nuevo álbum, Viudita de Clicquot, es según Sabina, una prolongación de la conocida A mis cuarenta y diez, que el artista jienense escribió al cumplir cincuenta años.
Preguntado sobre la posibilidad de que el paso del tiempo marque con arrugas los ideales, Sabina dice: "Las utopías pertenecen al terreno de los sueños, y no me desprendo de ellos. Con los años lo que ocurre es que dejan de darse golpes contra la pared".
El artista reconoce que su vida transita "por un momento de razonable felicidad doméstica", lo que, sin embargo, no es "un estado apropiado para el tipo de canciones" que compone, y eso le llevó el pasado año a emprender un viaje en busca de la inspiración.
"Me aproveché de un amigo mío que estaba en una crisis. Nos fuimos a Praga, y de esta forma salió el núcleo de las canciones que más me gustan", explica el cantante, que compartió esa estancia junto al poeta madrileño Benjamín Prado.
"Hicimos ese viaje porque él estaba saliendo de un desamor y aproveché de verlo tan desvalido para robarle la inspiración", cuenta Sabina en otra entrevista que también publica este sábado el periódico La Tercera.
"Creo que por eso me ha salido un disco de desamor, que por cierto siempre son las canciones de amor más tristes. Pero también me he preocupado de abrir las ventanas y dejar que entre un poco de aire", advierte.
Al ser preguntado por los frutos de ese trabajo, Sabina se muestra cauto. "No me declararía satisfecho con el resultado, no ocuparía esa palabra. Pero sí me atrevería a decir que estas canciones no me avergüenzan nada, que siento que estos cuatro años de espera han valido la pena", asegura el cantautor.
Fuente: EFE
"Voy a tener que escribir mis memorias"
“Voy a tener que escribir mis memorias”. Es el modo que encontró la viuda de Jorge Luis Borges, María Kodama, para evitar que se distorsione la obra del escritor. Así lo aseguró en una entrevista que ofreció en Japón, donde se encuentra celebrando hoy los 10 años de la Asociación Borgeana de ese país.
Para Kodama, de 64 años, ese será el único modo de poner fin a “la falta de justicia” con todo lo que se escribe y se ha escrito sobre Borges, y agregó: “Hay gente indignada con la distorsión que se hace con algunas cosas".
La viuda del escritor, hija de un arquitecto japonés que se radicó en Buenos Aires, aseguró en una entrevista con la agencia EFE que, por esa misma razón, ella deberá escribir sus memorias, para hablar de Borges desde “un punto de vista personal y sentimental” y retrucar así a los que escribieron sobre él sin siquiera haberlo conocido.
María Kodama visita estos días Japón por la celebración del décimo aniversario de la Asociación Borgeana de ese país, que reúne a estudiosos y admiradores del genial escritor argentino y Premio Cervantes en 1980. Ella es, precisamente, la heredera testamentaria de sus obras, y también ha sido en numerosas ocasiones el centro de las críticas del presidente de la Sociedad Argentina de Escritores (SADE), Alejandro Vaccaro, y del escritor y ex-secretario de Borges, Roberto Alifano.
Vaccaro dijo recientemente que el matrimonio entre Kodama y Borges, en 1986, no fue legal, ya que el escritor argentino aún no estaba divorciado de su anterior esposa, Elsa Astete Millán. No obstante, Kodama afirmó que desde la muerte de Borges, hace 23 años, aceptó "un destino de haber vivido algo único”. Y explicó: “Uno no se da cuenta mientras lo vive, aunque frente a la codicia y envidia de los otros", subrayó.
www.perfil.com
Para Kodama, de 64 años, ese será el único modo de poner fin a “la falta de justicia” con todo lo que se escribe y se ha escrito sobre Borges, y agregó: “Hay gente indignada con la distorsión que se hace con algunas cosas".
La viuda del escritor, hija de un arquitecto japonés que se radicó en Buenos Aires, aseguró en una entrevista con la agencia EFE que, por esa misma razón, ella deberá escribir sus memorias, para hablar de Borges desde “un punto de vista personal y sentimental” y retrucar así a los que escribieron sobre él sin siquiera haberlo conocido.
María Kodama visita estos días Japón por la celebración del décimo aniversario de la Asociación Borgeana de ese país, que reúne a estudiosos y admiradores del genial escritor argentino y Premio Cervantes en 1980. Ella es, precisamente, la heredera testamentaria de sus obras, y también ha sido en numerosas ocasiones el centro de las críticas del presidente de la Sociedad Argentina de Escritores (SADE), Alejandro Vaccaro, y del escritor y ex-secretario de Borges, Roberto Alifano.
Vaccaro dijo recientemente que el matrimonio entre Kodama y Borges, en 1986, no fue legal, ya que el escritor argentino aún no estaba divorciado de su anterior esposa, Elsa Astete Millán. No obstante, Kodama afirmó que desde la muerte de Borges, hace 23 años, aceptó "un destino de haber vivido algo único”. Y explicó: “Uno no se da cuenta mientras lo vive, aunque frente a la codicia y envidia de los otros", subrayó.
www.perfil.com
viernes, 23 de octubre de 2009
Iluminados y eternos
Astor Piazzolla formó parte junto con Antonio Carlos Jobim de una de las más extraordinarias revoluciones producidas en la música americana en el siglo pasado. Eruditos y populares, entreveraron todo con alegría, genio y astucia, pero sobre todo sin miedos. ¿Cuál sería hoy el público de estos artistas? La flamante Edición crítica: Antología , que recoge piezas de Astor Piazzolla, invita a reflexionar, en tiempos de música globalizada, acerca de la paradójica situación a la que se someten estas obras, de una vigencia artística sin parangón en el Cono Sur.
En primer lugar, ambos arrancan de cuajo el concepto de "pureza", término utilizado en infinidad de debates en diferentes ámbitos y de maneras estériles. Piazzolla y Jobim se animan, o la época los anima, a expandir el lenguaje musical más que a condenarlo a vivir en uno u otro barrio.
La academia y la calle
Piazzolla y Jobim nos recuerdan que la academia tiene una dirección exacta en alguna calle de alguna localidad del mundo, y que entonces habrá que dirigirse a ella a fin de aprender algo sobre la expresión musical. No es una tarea sencilla. Además del deseo íntimo de aprender, son propietarios de espíritus incorregibles a la hora de la invención. No hace falta más que recordar la acusación de "americanizar" la música brasilera que lanzó contra Jobim cierto conservadurismo en ocasión de su encuentro con Sinatra; o rememorar el exilio moral al que fue sometido Piazzolla por parte de una pléyade tanguera ávida de falsos purismos. Cabe recordar, además, que el tango también es una música de fusión, así como la bossa nova. Y que dos obras fundamentales y contemporáneas, como Matita Pere y Libertango, son probada muestra de los alcances del genio musical de estos dos compositores.
Ahora bien, la idea o, mejor dicho, el ejercicio de la resistencia se manifiesta en todas las voces protagonistas de este fenómeno. Por un lado, la resistencia de la tradición a que se incorporen nuevas formas para enriquecerla habla de una lucha sobre la cual el tiempo, siempre, termina dando el último veredicto. El tiempo reduce el reclamo a un rezongo de un abuelo gagá ante la impertinencia de su desmesurado nieto que no atiende razones: el sonido del corazón de ese nieto, más la información del pasado, que posee ya sea por ósmosis cultural o estudio, le dan razones vitales para hacer bochinches sin pedir permiso. Y ese es el sonido de la otra resistencia: la juventud impetuosa que avanza pensando que está fundando el mundo, actitud tan de moda en la Argentina de los últimos veinte años.
Bien, no es ese el caso de Piazzolla ni de Jobim. Por el contrario, sus obras fundan una nueva forma de vincularse con la tradición y la modernidad en pleno siglo XX. Entienden que el mundo va muy rápido, que el jazz lo inunda todo y que los compositores franceses (Ravel, Debussy y Satie) expanden la idea de la improvisación; conocen la Europa entera, se meten con la música contemporánea, la estudian, la investigan y finalmente terminan ubicando en el centro de la escena las formas populares de las cuales son hijos directos: el samba y el tango. Jobim, musicalizando a João Guimarães Rosa, acompañado por Vinicius de Moraes y más tarde por su favorito de la próxima generación, el gran Chico Buarque de Hollanda; Astor, musicalizando a Borges, acompañado por Horacio Ferrer y escribiendo inolvidables arreglos de tangos emblemáticos para textos de Homero Manzi, Homero Expósito o Enrique Santos Discépolo, cantados por intérpretes de la talla de Roberto Goyeneche, José Angel Trelles o Héctor de Rosas. Son gestos que hablan a las claras del compromiso que los unía con la historia escrita a través de canciones de sus respectivos lugares de origen.
Ahora bien, la resistencia que ejercen Piazzolla y Jobim contra un mundo que hace fuerza para que las cosas no se muevan es estética, moral y hasta política. Habla de una comprensión total de la experiencia existencial, donde todo puede ser y suceder, siempre y cuando la resultante termine ejerciendo un poder liberador tanto sobre el hecho lúdico de la invención de la obra para el compositor como para el imaginario del posible escucha.
Parecen ideas nuevas. No lo son. La música y las palabras conllevan desde siempre el delirante espíritu humano, más allá de los chauvinismos de turno y de las falsas puestas en escena de la mercadotecnia musical actual, que intenta hacernos creer que las especificidades no existen en favor de una globalización que anestesia, paraliza y les llena los bolsillos a unos pocos. La música y las palabras son herramientas de expresión y liberación de todo lo que maravilla y oprime. Salud, entonces, por la obra de estos chamanes-artistas que alumbran para siempre América y el mundo.
Por Fito Paéz, para ADN Cultura.
En primer lugar, ambos arrancan de cuajo el concepto de "pureza", término utilizado en infinidad de debates en diferentes ámbitos y de maneras estériles. Piazzolla y Jobim se animan, o la época los anima, a expandir el lenguaje musical más que a condenarlo a vivir en uno u otro barrio.
La academia y la calle
Piazzolla y Jobim nos recuerdan que la academia tiene una dirección exacta en alguna calle de alguna localidad del mundo, y que entonces habrá que dirigirse a ella a fin de aprender algo sobre la expresión musical. No es una tarea sencilla. Además del deseo íntimo de aprender, son propietarios de espíritus incorregibles a la hora de la invención. No hace falta más que recordar la acusación de "americanizar" la música brasilera que lanzó contra Jobim cierto conservadurismo en ocasión de su encuentro con Sinatra; o rememorar el exilio moral al que fue sometido Piazzolla por parte de una pléyade tanguera ávida de falsos purismos. Cabe recordar, además, que el tango también es una música de fusión, así como la bossa nova. Y que dos obras fundamentales y contemporáneas, como Matita Pere y Libertango, son probada muestra de los alcances del genio musical de estos dos compositores.
Ahora bien, la idea o, mejor dicho, el ejercicio de la resistencia se manifiesta en todas las voces protagonistas de este fenómeno. Por un lado, la resistencia de la tradición a que se incorporen nuevas formas para enriquecerla habla de una lucha sobre la cual el tiempo, siempre, termina dando el último veredicto. El tiempo reduce el reclamo a un rezongo de un abuelo gagá ante la impertinencia de su desmesurado nieto que no atiende razones: el sonido del corazón de ese nieto, más la información del pasado, que posee ya sea por ósmosis cultural o estudio, le dan razones vitales para hacer bochinches sin pedir permiso. Y ese es el sonido de la otra resistencia: la juventud impetuosa que avanza pensando que está fundando el mundo, actitud tan de moda en la Argentina de los últimos veinte años.
Bien, no es ese el caso de Piazzolla ni de Jobim. Por el contrario, sus obras fundan una nueva forma de vincularse con la tradición y la modernidad en pleno siglo XX. Entienden que el mundo va muy rápido, que el jazz lo inunda todo y que los compositores franceses (Ravel, Debussy y Satie) expanden la idea de la improvisación; conocen la Europa entera, se meten con la música contemporánea, la estudian, la investigan y finalmente terminan ubicando en el centro de la escena las formas populares de las cuales son hijos directos: el samba y el tango. Jobim, musicalizando a João Guimarães Rosa, acompañado por Vinicius de Moraes y más tarde por su favorito de la próxima generación, el gran Chico Buarque de Hollanda; Astor, musicalizando a Borges, acompañado por Horacio Ferrer y escribiendo inolvidables arreglos de tangos emblemáticos para textos de Homero Manzi, Homero Expósito o Enrique Santos Discépolo, cantados por intérpretes de la talla de Roberto Goyeneche, José Angel Trelles o Héctor de Rosas. Son gestos que hablan a las claras del compromiso que los unía con la historia escrita a través de canciones de sus respectivos lugares de origen.
Ahora bien, la resistencia que ejercen Piazzolla y Jobim contra un mundo que hace fuerza para que las cosas no se muevan es estética, moral y hasta política. Habla de una comprensión total de la experiencia existencial, donde todo puede ser y suceder, siempre y cuando la resultante termine ejerciendo un poder liberador tanto sobre el hecho lúdico de la invención de la obra para el compositor como para el imaginario del posible escucha.
Parecen ideas nuevas. No lo son. La música y las palabras conllevan desde siempre el delirante espíritu humano, más allá de los chauvinismos de turno y de las falsas puestas en escena de la mercadotecnia musical actual, que intenta hacernos creer que las especificidades no existen en favor de una globalización que anestesia, paraliza y les llena los bolsillos a unos pocos. La música y las palabras son herramientas de expresión y liberación de todo lo que maravilla y oprime. Salud, entonces, por la obra de estos chamanes-artistas que alumbran para siempre América y el mundo.
Por Fito Paéz, para ADN Cultura.
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