miércoles, 7 de octubre de 2009

Brasil, la potencia del Sur



Con la alegría todavía a cuestas por la designación de Río como sede de los juegos olímpicos de 2016, el presidente de Brasil Luiz Inácio Lula Da Silva, llega a Estocolmo para una cumbre con la Unión Europea y negociaciones bilaterales con Suecia. Brasil da un paso más en la arena internacional, consolidando su papel de potencia y vocero regional, pero marcando también claramente su nueva condición de actor global.

La cumbre de la Unión Europea pondrá el foco en el cambio climático y en la crisis financiera internacional. Para Europa el encuentro reviste importancia de cara a la cumbre sobre el clima que se llevará a cabo en Copenhague en diciembre próximo. Es la tercera vez que las partes se reúnen desde el encuentro de Lisboa en 2007 donde se sentaron las bases para una cooperación estratégica.

La Unión Europea ve a Brasil como país influyente a nivel internacional y pilar de la estabilidad latinoamericana por eso le ha otorgado la condición de "asociado estratégico"

Para Suecia la visita también es importante. El país escandinavo tiene en Brasil a su principal socio comercial en América Latina. Las exportaciones suecas en 2007 superaron los mil millones de dólares. El presidente Lula y el primer ministro sueco Fredrik Reinfeldt mantendrán negociaciones para profundizar la relación bilateral especialmente en lo que hace a la innovación tecnológica y el desarrollo sustentable.

Brasil se proyecta a gran escala sin prisa pero sin pausa. La economía brasileña se recupera del terremoto financiero internacional y se siguen promoviendo las inversiones que en el último semestre llegaron casi a los 11,5 mil millones de dólares.

Cuando fue elegido para un segundo y último mandato el presidente Lula dijo que los brasileños estaban cansados de ser una potencia emergente. Este cansancio ha instalado en el horizonte brasileño la idea de pasar a la categoría de país desarrollado y es en ese sentido que Brasil avanza.

Aún cuando queda mucho por hacer Brasil ha logrado reducir la pobreza extrema del 35% en 2001 al 24,1% en 2008. Cuatro millones de brasileños se incorporaron a los sectores medios que ya superan el 50% de la población total.

POLÍTICAS DE ESTADO
El secreto brasileño es pensar el país a largo plazo.Se trata de una estrategia que tiene como ariete a la diplomacia y como base fundamental el fortalecimiento de las empresas brasileñas y la inversion directa de capitales transnacionales.

"Lula hizo un trabajo muy importante en tres frentes externos, el área multilateral, la internacionalización de la economía brasileña, fomentando inversiones de empresarios locales en el exterior y la "articulación con los países" emergentes” dice Amado Cervo, profesor de relaciones internacionales de la Universidad Nacional de Brasilia.

En los últimos años Brasil pasó de ser una potencia regional en América del Sur a ser un actor global, reconocido por los centros de poder mundiales como los Estados Unidos, la Unión Europea y también China.

Con la idea de influir en los grandes foros internacionales, Lula -que cuenta con un 80 % de popularidad en su séptimo año en el poder-, ha impulsado la institucionalización del G20 como foro global. El desarrollo del G4 o BRICs, el grupo formado por Brasil, Rusia, India y China, cuatro de las mayores economías mundiales, es en gran medida la consecuencia de la voluntad política del gobierno brasileño.

En el plano regional Brasil aparece como mediador entre América Latina y los centros de poder asumiendo de hecho el liderazgo regional. Este liderazgo está salpicado por la relación con el presidente de Venezuela Hugo Chávez. Al tiempo que apoya las iniciativas del bolivariano, Lula trata de moderar su tendencia a los conflictos. La diferencia entre ambos está marcada por el pragmatismo de uno y la militancia del otro. Mientras Chávez levanta su voz contra los Estados Unidos y centra su política en la región, Lula se reúne con Barack Obama y pone el esfuerzo en los foros internacionales donde cumple un papel relevante.

La Argentina, en tanto, que supo tener un rol más preponderante en la región parece relegada a un segundo plano. Mira más a América Latina que a Europa pero carece del protagonismo de Venezuela y de Brasil. Con una política exterior todavía difusa, Argentina parece ir por momentos como furgón de cola de ambos. La clave para recuperar el tiempo perdido está en la voluntad política pero también en el modelo pragmático brasileño. Se trata de conformar políticas de estado y pensar el país de cara al futuro.


Por Eduardo Berezán – Desde Suecia, para www.observadorglobal.com

lunes, 5 de octubre de 2009

Borges y Judas



Hace dos mil años, y aun algunos siglos después, la religión era una pasión absorbente y avasalladora. Estaba en juego algo mucho más trascendental que la supremacía de los apóstoles depositarios de la doctrina, que habían escuchado las enseñanzas del Maestro después de la Resurrección, cuando Jesús ya se había desprendido de su cuerpo mortal y su alma estaba en relación directa con Dios.
Para las primeras pequeñas comunidades cristianas eran intolerables las desviaciones heréticas que se expandían entonces velozmente en el territorio de Palestina y las tierras adyacentes. Simonianos, ebionitas y nazarenos no tardaron en ser aplastados. El fuego de la piedad era aplacado por rencillas incesantes. Aunque la memoria de la pasión y muerte de Cristo era el lazo que unía a todos los fieles, había pasado menos de un siglo desde la crucifixión y las disputas no tenían fin.
Se discutía sobre el perdón de los pecados, sobre la virginidad de María, sobre la salvación o la perdición del alma inmortal y sobre el significado oculto de las palabras de Jesús, que, en definitiva, eran revelaciones de Dios. La autoridad de las profecías de la Biblia hebrea disiparon muchas de las dudas. Miles de cristianos iban a la guerra y sucumbían para imponer la idea de que Jesús era una encarnación humana de Dios y para negar o afirmar que Dios era uno y trino. En cada soldado había un teólogo. Cada capitán defendía un dogma que se declaraba el único verdadero y consideraba que las otras creencias eran blasfemias o herejías que debían ser castigadas con la muerte.
En el siglo II, la cristiandad distaba de ser unánime. Se dividía en facciones enemigas, cada una de las cuales apoyaba sus creencias en cinco o más evangelios. Todos ellos se presentaban como los únicos intérpretes fieles de las enseñanzas de Jesús. Las luchas implacables se prolongaron durante siglos. A fines de la cuarta centuria, un grupo al que se conoció después como los protoortodoxos impuso una voz única. Si bien se aceptó que sólo cuatro evangelios formarían el cuerpo central de la doctrina, durante muchos años más esos textos fueron sometidos a supresiones y correcciones para eliminar anacronismos y contradicciones.
Los evangelios canónicos fueron escritos entre 65 y cien años después de la crucifixión. Se supone que el primero fue el de Marcos, y que Mateo y Lucas completaron los suyos hacia esa época. Los cuatro cuentan, con pocas variantes, las mismas historias sobre la vida, las enseñanzas y la pasión de Jesús. En los cuatro, la figura de Judas, el apóstol traidor, es estigmatizada cada vez con más énfasis. Juan, el último de los cuatro, no puede ocultar la cólera que le produce el delator. Lo describe aferrado a la bolsa del dinero, marchándose furtivamente de la Cena hacia su castigo infernal.
Fuera del canon quedaron los relatos de evangelistas como Santiago, Bartolomé, Felipe, Tomás y Pedro. Se los consideraba apócrifos, palabra que en los primeros tiempos de la Iglesia significaba secretos u ocultos. Todos coincidían en señalar que, sin la traición de Judas Iscariote, sin los latigazos, sin la corona de espinas y la muerte en la cruz, la Redención no habría sido posible. Con esos actos se cumplían las Escrituras, en las que también se anticipa que el traidor va a recibir treinta monedas de plata.
La sombra satánica de Judas se arraigó a tal punto en la imaginación de la cristiandad que la iconografía medieval y la renacentista lo representan con la mirada huidiza, apartándose de la mesa de la Ultima Cena, separado de los otros apóstoles y aferrando la bolsa con el pago ignominioso por su crimen. En el último canto de la Commedia , Dante lo describe desgarrado por los dientes de Satanás en el círculo más hondo del infierno y, para artistas como Caravaggio y Leonardo, la fealdad de su cara y la hipocresía de su expresión fueron un reflejo de las tinieblas de su alma.
Como todos los educados en la cultura de la Iglesia de Roma, recuerdo haber leído con incrédulo asombro las Tres versiones de Judas, que Borges publicó en 1944. Es uno de los cuentos de su libro Ficciones . Allí Borges atribuye al teólogo escandinavo Nils Runeberg el descubrimiento de un Judas distinto del de los cuatro evangelios. Runeberg observa que el beso de Judas para marcar a su Maestro es un acto superfluo, por no decir inútil. No había por qué identificar a un Rabbi que predicaba con frecuencia en la sinagoga y obraba milagros ante millares de hombres. Pero, como bien señala Borges, "suponer un error en las Escrituras es intolerable". La traición de Judas, por lo tanto, dista de ser casual, y debe leerse como uno de los actos más misteriosos en la economía de la Redención.
Judas es el único de los apóstoles que intuye la divinidad de Jesús. Se rebajó a cometer la peor de las infamias sólo para que el Verbo se hiciera carne en la cruz y salvara a la humanidad. Para un joven de veinte años, los que yo tenía entonces, era una audacia, casi un escándalo, leer que el Supremo Mal se transformaba, por un malabarismo de la inteligencia, en un camino necesario para el Supremo Bien. Comenté ese estupor con algunos predicadores de mi provincia. Todos ellos coincidieron en que la tesis de Borges, creada con las armas de la razón, debía mantenerse en extremo secreto. Si por azar salía a la luz, era preciso refutarla de inmediato con las armas de la fe.
En 1978, un grupo de campesinos que buscaba tesoros enterrados en las cuevas del Egipto Medio descubrió algo mucho más valioso que el oro. Eran los libros del que más tarde sería conocido como Códice Tchacos, compuestos por un grupo de cristianos gnósticos que valoraban el conocimiento como camino esencial para llegar a Dios. Restaurar esos textos, poner un orden mínimo en el complejo rompecabezas, exigió una década de paciencia. Los papiros, resecos por la falta de cuidado, eran una parva de fragmentos minúsculos, ennegrecidos, casi ilegibles. Entre esos desechos estaba el Evangelio de Judas. Después de que National Geographic lanzó una primera edición en inglés, fue traducido a todas las lenguas occidentales.
Que el Evangelio de Judas haya sobrevivido a tantas negligencias y saqueos de los mercaderes es un prodigio. Más asombroso aún es que coincida casi letra por letra con las especulaciones de Borges.
¿Cómo pudo el autor de Ficciones adelantarse cuatro décadas a las revelaciones de un relato que, en 1944, no sólo era desconocido, sino que a la vez no estaba en la imaginación de nadie? ¿Cómo, además, fue capaz de hilar tan fino en la vislumbre de un problema teológico extremadamente complejo? Una respuesta posible es que Borges, lector atento como ninguno, pudo haber conocido, en la edición de Cambridge, los volúmenes de Adversus haereses , una minuciosa refutación de todas las herejías escrita por el obispo Ireneo de Lyon, quien, por supuesto, menciona el texto de Judas.
Según los gnósticos, que recibían su inspiración del apóstol infiel, el problema fundamental de la vida humana no es el pecado, sino la ignorancia. El único camino válido para llegar a Dios es el del conocimiento, no el de la fe, que es propia de los hombres simples y primitivos.
En el Evangelio de Judas, el apóstol se acerca a Jesús, quien lo instruye en el Gran Secreto. El Maestro no es un simple mortal. Procede de un mundo superior, situado más allá de toda comprensión. El cuerpo de Jesús no tiene una apariencia única, sino que adopta distintas formas, a voluntad. Para regresar al mundo perfecto del Espíritu, Jesús debe morir. Judas hará lo necesario para ayudar a Jesús en su tránsito a la eternidad. Al conocer el Secreto, Judas es el único discípulo que sabe. Está unido al Maestro no por las simplicidades de la fe sino por la firmeza del conocimiento. Dios es un infinito tan sublime que ninguna palabra puede describirlo. Hasta la palabra Dios es insuficiente e inadecuada para designar la Deidad.
Desde el siglo IV, el nombre de Judas quedó ligado a "judío" y "judaísmo". Se lo presentaba como el judío malvado que, con su beso traidor, había desatado los tormentos del Gólgota. Su paso fugaz por el Nuevo Testamento enciende las llamas de un antisemitismo que se prolongará por más de mil novecientos años. Susan Gubar, profesora de la Universidad de Indiana y autora de una excelente biografía de Judas, cree que la imagen del apóstol traidor y codicioso, repetida incansablemente durante centurias, fue el antecedente que permitió a los nazis justificar el exterminio de los judíos, a tal punto que, según Gubar, Judas fue para ellos "la musa del Holocausto".
Borges no aprueba ni justifica las herejías, aunque su relato, al enumerar las blasfemias, las reproduce sin censuras. Con clarividencia, advierte que sobre Judas convergen antiguas maldiciones divinas y se lamenta porque esas maldiciones, que deberían haber servido para glorificar la Redención, oscurecieron la santidad de su sentido.

Por Tomás Eloy Martínez, para La Nación.

viernes, 2 de octubre de 2009

Las preguntas de Galeano



Hacía mucho tiempo que no escuchaba un aplauso tan cerrado, y tan largo, como el que recibió anoche en el Círculo de Bellas Artes el escritor uruguayo Eduardo Galeano, el autor de Las venas abiertas de América Latina. Había muchísima gente muy joven, y había todo tipo de público; desde el estrado, Galeano saludó a Marcos Ana, el ex preso del franquismo, y a José Ángel Ezcurra, el director de Triunfo, una revista fundamental para los que vivimos bajo el franquismo y para los latinoamericanos que vivieron aquí por exilio o por propia voluntad, entre ellos el propio Galeano. El autor uruguayo recibió la medalla de oro del Círculo, que le entregó su presidente, Juan Miguel Hernández de León. A mi me correspondió hacerle una entrevista pública, para la que preparé un largo cuestionario, a partir de sus libros. En uno de esos libros, el que contiene una antología de sus artículos o reportajes de prensa, encontré una larga lista de preguntas, precisamente. Me recordó esa lista aquella frase que el escritor ecuatoriano Jorge Enrique Adoum vio escrita en una pared ("la pared es la imprenta de los pobres", dice Galeano) en Quito: "Cuando teníamos las respuestas nos cambiaron las preguntas". Galeano me precisó la frase (que a mi me refirió Mario Benedetti, seguramente correcta, yo la deformé): "Cuando teníamos todas las respuestas nos cambiaron las preguntas". Bueno, pues esta retahíla de preguntas del propio Galeano fue la que le propuse ahora en el escenario. "Preguntando y preguntándome: este mundo nuestro, este matadero, este manicomio, ¿es obra de Dios o de los hombres? ¿Qué tiempo pasado ha parido este tiempo presente? ¿Por qué unos países se han hecho dueños de otros países, y unos dueños de otros hombres, y los hombres dueños de las mujeres, y las mujeres de los niños, y las cosas dueñas de las personas?" Galeano me escuchó releer sus propias preguntas, y al final me dijo: "Pues así es, exactamente". Un aplauso atronador acogió sus preguntas, y sus respuestas, acabó la conversación, y ya se llenó el escenario de lectores y amigos que le abrazaban como se abraza a un amigo recién llegado al pueblo o a una estrella de la canción. Firmó libros, atendió preguntas, y se fue yendo como si fuera el flautista de Hamelín. Las preguntas siguen ahí, intactas, para que las respondan la vida y el viento.

Fuente: por Juan Cruz, en www.elpais.com

jueves, 1 de octubre de 2009

¿Cuánto vale un niño?

Durante la última campaña electoral, todos los candidatos anunciaron que se ocuparían de impulsar algún tipo de subsidio para asistir a los niños pobres de la Argentina. En un país productor de alimentos, el fenómeno de la infancia desnutrida es lacerante. Más de seis millones de pibes menores de 18 años son pobres. Oficialistas y opositores, de izquierda y de derecha, liberales y estatistas, progres y conservadores, coincidieron en las tribunas electorales en esa idea. Sin embargo, a tres meses de los comicios, como ocurrió con las promesas unánimes de sancionar un nuevo sistema de responsabilidad penal para menores, la ayuda económica para los niños desapareció de la agenda política.

Alberto Morlachetti, coordinador del Movimiento de los Chicos del Pueblo e impulsor de la campaña “Ni un pibe menos” y “El hambre es un crimen”, con una mezcla de tristeza e ironía suele hacer una recomendación oftalmológica, “ya que los dirigentes parece que no ven lo que pasa”. Según la Red Solidaria, la situación es dramática: una de cada cinco personas no puede comprar lo que necesita para alimentarse y, asimismo, estima que ocho niños mueren por día por causas vinculadas a la desnutrición.

Mientras tanto, las cifras de la pobreza son manipuladas. El INDEC anunció hace una semana que los niveles de pobreza e indigencia bajaron (al 13,9 y 4 por ciento, respectivamente). Los dibujos oficiales ubican la frontera de una vida digna en un nivel que está en la mitad del que establece cualquier consultora seria, incluso las que elaboran las empresas de medición satélites del gobierno (esas que manejan los amigos del poder cobrando contratos millonarios). La cuestión de las cifras es clave. Cómo se pueden establecer políticas públicas eficaces sobre la base de datos falsos.

“Estos números son una ofensa, porque lo que hay que entender es que cada niño que muere es irreemplazable y los que sobreviven mal alimentados sufren daños irreparables”, señala Morlachetti. Los especialistas coinciden en que, cuando un niño crece con hambre, sus conexiones interneuronales no terminarán de conformarse y eso le provocará retrasos que lo acompañarán toda la vida. Los niños sin proteínas son presa fácil de enfermedades que, si estuvieran bien alimentados, podrían evitar con facilidad.

Desde el Gobierno rechazan la discusión por las cifras y dicen que “lo importante es que estamos mejor que hace cinco años”. Tal vez sea cierto, pero los números disfrazados no pueden borrar la emergencia. Apenas un ejemplo: según Rolando Núñez, de la agrupación Nelson Mandela, “hay un 64% de niños chaqueños en la pobreza”. Unicef acaba de lanzar una campaña a favor de los derechos de los niños y adolescentes indígenas de la Argentina. Se trata de los niños más castigados por la miseria. Las organizaciones sociales y los comedores populares registran, día tras día, el incremento de la demanda alimenticia. El hambre se convirtió en una marca latinoamericana: se estima en nueve millones la cantidad de niños desnutridos en la región.

La Central de los Trabajadores Argentinos (CTA) lanzó la idea de establecer un ingreso básico y universal para cada niño. La Coalición Cívica fue el primer partido político que impulsó la propuesta en 1996, pero en la última elección perdió la exclusividad: todos los candidatos se sumaron con propuesta similares. Hasta Francisco de Narváez y Mauricio Macri hablaron de establecer una ayuda económica.

Según lo consigna el semanario El Parlamentario, en el Congreso Nacional hay cinco proyectos sobre subsidios a la niñez. Los de los diputados Claudio Lozano (Proyecto Sur) y Silvia Augsburger (Partido Socialista) y el de la senadora Elena Corregido (Frente para la Victoria) contemplan 125 pesos por mes y por niño. La del senador radical Ernesto Sanz establece 100 pesos por mes, 200 más por año y 30 pesos más como una reserva mensual para estudios. El proyecto de la diputada Elisa Carca de la Coalición Cívica (elaborado originalmente con Elisa Carrió) establece 130 pesos por mes hasta los cinco años y 214 entre los 5 y los 18 años.

La decisión política no será fácil. El principal argumento en contra que esgrime el oficialismo es “¿cómo hacerlo? ¿Con qué plata?”. Y agregan: “No se puede aumentar impuestos porque los sectores más prósperos ya se negaron a ceder parte de su renta vía retenciones”. Pero ésa es una verdad a medias.

La universalización de los planes por hijo insumiría entre 20 mil y 30 mil millones de pesos por año, lo que equivale a un diez por ciento del total de los gastos del Estado. La mayoría de los legisladores que presentaron proyectos sugieren financiarlo reorientando planes sociales existentes, reformulando regímenes de promoción económica, gravando las rentas extraordinarias de empresas petroleras o mineras y eliminando exenciones, como las Ganancias en la renta financiera.

Superada la discusión por la ley de medios audiovisuales, la dirigencia política debe cumplir con el compromiso asumido en la última campaña y transformar el combate contra el hambre como la madre de todas las batallas de la democracia. Hay que invertir en el futuro. Hay que salvar a los niños. Si no pueden acordar sobre este tema, no podrán acordar nada.

Fuente: por Reynaldo Sietecase, para www.criticadigital.com

martes, 29 de septiembre de 2009

Reencuentro

Por los dichos, en la zona aun se puede leer la guerra. La guerra contra los inglese y la guerra contra aquellos que decían hacer algo por la Patria.
Por los dichos, el viento que azota las Islas, es el que más recuerda aquellos días, trayendo silencios, miedos, recuerdos, soledad y esperanza. Si, también esperanza, ¿por qué no? Tanto acá, como allí, se tenía la esperanza de que todo terminara pronto. De que se pudiese volver a casa.
Pero para muchos no fue así. Tristemente no fue así, y allí quedaron.
Darwin es el lugar. Allí está el cementerio argentino. Nuestro cementerio. Está en la cima de una colina y el viento sopla constantemente muy fuerte. Como si quisiera arrastrar todo. Pero no podrá. Nunca lo logrará, ya que el amor y los recuerdos son más fuertes.
Las cercas blancas. Los rosarios azules y las lapidas negras. Sobre la gran mayoría de ellas puede leerse “soldado argentino solo conocido por Dios”.
“Y por sus padres, por sus novias, por sus hijos, por aquellos que los amaban”, agregaría yo. Sólo ellos fueron quienes los respetaron, cuando todo terminó.
Por estos días, Ellos podrán llegarse hasta las islas para poder visitarlos por primera vez. Ya ha pasado un largo tiempo. Ha pasado mucha historia desde aquel 1982. Pero hay sentires que no se extinguen, no se consumen.
“Sólo quiero llegar para poder verlo, para poder hablarle y decirle todo aquello que vengo guardando. Para compartir todo lo de este tiempo”, me dijo uno de los padres que viajará al reencuentro.
¿Cómo será ese instante?, nadie, creo podrá saberlo. Ni siquiera aquellos que serán protagonistas. Simplemente sucederá, como aquella partida. “Fue lo que tocó, no es natural que un padre despida a su hijo, pero fue así.”, me dijo con una mezcla de resignación y angustia. Con congoja y con bronca.
Llegar a Malvinas, será duro. Enfrentar el cementerio, será aun más. Las 230 cruces impiden que te detengas en otra cosa, aunque parezca que el paisaje quiera imponerse, aunque parezca que el silencio quiera devorarte.
El viento intentará una vez más, llevarlo todo. Esta vez no será así. Por que ahora más que nunca, las raíces del amor mostraran a trasluz, que no sólo son conocidos por Dios, aquellos que allí descansan.

Bernabé Tolosa

lunes, 28 de septiembre de 2009

El último gesto de los Beatles



Por Daniel Amiano

Corre el año 1969. John Lennon y Yoko Ono están convencidos de haber alcanzado la unidad mental. Los otros Beatles le hablan a John, pero él mira a Yoko, que, si tiene ganas, murmura algo. Si no, tendrán que interpretar el silencio. Paul McCartney propone una y otra vez nuevos proyectos para el grupo, entre ellos tocar en vivo. El resto responde al unísono: ni locos. Y mucho menos si eso lleva a Paul a sentirse más dueño de la banda. George Harrison está encapsulado en sus nuevas creencias traídas de Oriente y parece dispuesto a librar una dura batalla por tener más participación compositiva. No lo logra. Ringo Starr puede aparecer en el estudio o no: el cine lo tiene bastante ocupado.
26 de septiembre de 1969. Llega a las bateas inglesas Abbey Road, último álbum grabado por los Beatles, considerado una de sus obras cumbre, cuya tapa es de las más recordadas y referidas de la historia: John, Paul, George y Ringo cruzan la calle frente a los estudios Abbey Road y cada uno interpreta un papel. McCartney es el difunto (va descalzo); Lennon, el sacerdote (viste de blanco); Starr, el enterrador (de traje oscuro) y Harrison, el amigo del difunto (está vestido de sport).
Hoy, exactamente hoy, se cumplen cuarenta años de la aparición de ese disco emblemático, registrado en medio del caos que reinaba en la intimidad de los Beatles.
En ese año que no había empezado bien, los rumores de separación eran insistentes. El mundo todavía amaba a los Beatles, pero los principales protagonistas de ese fenómeno ya no tenían ganas de más. El único que todavía creía que la banda tenía algo para dar era Paul y, si bien consiguió que todos aceptaran juntarse para grabar, cada uno impuso sus condiciones. Pero lo cierto es que sin Paul, los Beatles se hubiesen desbandado mucho antes.
Así las cosas, Abbey Road se construyó con las relaciones deterioradas en extremo. Sin embargo, el disco prueba que cuando los cuatro coincidían en un estudio de grabación, la música se imponía bellamente a las miserias que empezaban a aflorar entre ellos. Cada uno usaba al otro Beatle como un músico de sesión. Lennon y McCartney ya tenían objetivos claramente diferentes, que aquí se hacen más palpables que nunca. El lado A se hizo al modo de John: canciones sueltas. El lado B, según la intenciones de Paul: una larga serie de composiciones cortas, unidas por puentes.
Pero volvamos al envase, porque la tapa de Abbey Road es parte del mito. Inicialmente, el disco iba a llamarse Everest, en honor a la marca de cigarrillos que fumaba Geoff Emerick (ingeniero de grabación que trabajó con ellos desde Sgt. Pepper...). De hecho, se había planeado un viaje al
Himalaya para hacer algunas tomas, pero el disco estuvo listo antes de lo previsto y cuenta la leyenda que John propuso: "¿Por qué no salimos ahí afuera, hacemos la foto de la tapa y llamamos al disco simplemente Abbey Road?"
A las 10.35 de la mañana del 8 de agosto, el fotógrafo Ian McMillan se subió a su escalera portátil y realizó sólo seis tomas de la banda mientras los cuatro cruzaban esa calle por enésima vez en esa década, rumbo al estudio que los vio nacer, estallar y disolverse. No hubo tiempo para mucho más: ya entonces era una calle con tránsito intenso.
Al igual que la tapa, que muestra cierta armonía, el caos reinante entre ellos no se percibe en el disco. Hay que tener en cuenta que ni siquiera querían compartir la misma sala. Y, salvo que fuese imprescindible, cada uno acomodaba su horario para no cruzarse con el otro.
Todos imaginaban por entonces cómo sería la vida como un ex Beatle. Y, de alguna manera, ya empezaban a vivirla. Durante la grabación de algunos temas se produjeron situaciones que evidencian el distanciamiento entre ellos. Pero también, al mismo tiempo, la magia.
"Come Together", que abre el disco, fue compuesta por John para la campaña de Timothy Leary, psicólogo y profesor universitario promotor del LSD, entonces oponente de Ronald Reagan en la cerrera por la gobernación de California. La letra, en un homenaje a Chuck Berry, hace referencia a la letra de "You Can?t Catch Me". El editor de esa canción consideró que era un plagio y pensó demandarlo. Años después, como forma de agradecimiento (y de disculpas, y de devolución de favores), Lennon grabó el álbum Rock and Roll con varios temas del catálogo de ese editor.
"Oh! darling" es de Paul, y la practicó incansablemente para mejorar su performance vocal. Quería que su voz sonara agotada, como si hubiese estado varios días sobre un escenario, a viva voz. Caminaba todos los días desde su casa al estudio y, así como llegaba, hacía una toma. Le llevó una semana lograr la expresión deseada. Dicen que John se ofendió porque Paul no le dejó grabar su voz.
Harrison tuvo su gran momento y compuso dos clásicos que, a su vez, fueron los éxitos inmediatos del disco: "Something", el primer N°1 de los Beatles no firmado por Lennon/McCartney, y "Here Comes The Sun", compuesta cuando había renunciado a la banda (luego volvió, claro), que se grabó sin la participación de Lennon.
Lennon compuso "Because" luego de escuchar a Yoko tocar Claro de luna, la sonata de Beethoven. Utilizó parte de las notas del primer movimiento. La armonía de tres voces (grabadas tres veces) sorprende en cada escucha. John también ofrece la segunda canción más larga de la historia del grupo, después de "Revolution #9": "I Want You (She?s So Heavy)", una canción de amor para Yoko y el intento de llevar el minimalismo a la música pop.
Ringo también tuvo su logro: "Octopus Garden", la canción más fresca y feliz del disco, con un ritmo saltarín y buenos fraseos de Harrison, que hizo los coros con Paul, sin el aporte vocal de John.
En este álbum también se inventa el medley (la mezcla de temas distintos). Al parecer, la idea fue de George Martin, que indujo a Paul, dispuesto a experimentar, a combinar fragmentos de canciones inconclusas. El resultado fue el lado B de la placa, que comienza con "You Never Give Me Your Money", de Paul, que hace referencia al caos financiero que vivían en ese tiempo.
Una seguidilla de canciones breves e intensas ("Sun King", "Mean Mustard", "Polytheme Pam", las tres de Lennon) nos lleva, tras algunos temas de Paul, a "The End", la canción final, cuya letra a John le parecía cósmica y que muchos consideran la despedida del grupo: "Y al final/ el amor que tomas/ es igual al amor que das".
Una curiosidad: Abbey Road es además el primer disco en que aparece un track oculto. Más tarde se le conoció el nombre, "Her Majesty". Dura sólo 28 segundos. La sensación que da es que Paul quedó solo en el estudio con su guitarra. Ya todos se habían ido. Los Beatles ya eran pasado, sólo había que decirlo públicamente. Paul saludó a Su Majestad, apagó los equipos y se fue.

Fuente: ADN Cultura

viernes, 25 de septiembre de 2009

"La gente se droga porque le duele el mundo"

El siguiente es el editorial del programa “Después de Todo (DDT)”, que se emite diariamente por el canal de cable “26″. En él, Jorge Lanata reflexiona sobre el consumo de drogas en general y de Paco en particular, y su reciente y arrasante inserción en el mercado de las dorgas de la capital argentina. Corresponde al día 28/04/2009.

“La gente se droga porque le duele el mundo. Cada dolor es distinto, como cada mundo lo es: la señora de clase media se droga con Lexotanil; el broker con cocaína, dinero fácil o anabólicos; el político con el poder; la chica de la disco con speed y bicho; los abuelitos con Viagra y licor; los niños con televisión y video games; casi todos con alcohol; todos con café, y en las villas con paco.

Los dolores son de distinta intensidad, pero duelen sonando en la misma nota: el vacío, la angustia, la soledad, el futuro. Las drogas son como las vacunas: inoculan veneno hasta que después no hacen nada. En la noche eso se llama “shot”. Ese microsegundo, durante el shot, el mundo desaparece. No es que deja de doler: desaparece. La herida sigue estando; pero el shot hace que te la olvides. Ahora: cuando te despertás del shot, la herida está. No es que no está, no es que el mundo no dolió: dolió igual, no lo sentiste. Entonces necesitás otro shot, y otro, y otro… hasta el infinito.

El paco ha hecho verdadera la peor pesadilla de los que lucran con los tratamientos de desintoxicación y que exageran a la hora de hablar de las drogas, viste que te dicen: “te quema la cabeza”. Bueno, el paco te quema la cabeza. Muchas veces, cuando hablan de otras drogas, no es así; también hay una postura ideológica alrededor del tema de las drogas, hay una postura bastante reaccionaria sobre el asunto. Y… que se yo, la marihuana no te “quema la cabeza”. Bueno, el paco te quema la cabeza mal. Y rápido. Te taladra el cerebro como ninguna otra cosa. El paco es pasta base, restos, lo que queda de la basura después de barrer con cuidado, la sub-basura, mezclada con acetona, vidrio molido, fructosa y mierda. Dicen que la patada es fuerte, pero mínima: dedos en el enchufe. Y el adicto se declara tal en una semana o dos.

Según el Observatorio de Drogas del gobierno porteño, diez chicos por día son internados en esta ciudad por intoxicación con paco. Según la Red de Madres contra el Paco, sólo en Lomas de Zamora hay cuatrocientos chicos internados en rehabilitación, con un promedio de cuatro por día. Y entre ocho y diez mueren cada semana por sobredosis. El paco arrasa las villas, el 5,7% de la población de Buenos Aires, 170.397 personas con una edad promedio de 24 años y de los cuales cuatro de cada diez son niños menores de diez años. Está más vinculada con el paco la deserción escolar que el delito: muchos adolescentes que dejan el secundario terminan en el paco y sólo el 6% del total de los delitos son cometidos por menores.”


Fuente: http://www.jupixweb.de/2009/08/10/la-gente-se-droga-porque-le-duele-el-mundo/