viernes, 28 de agosto de 2009

¿Cómo salvar al periodismo?

El periodismo está en crisis: corre el riesgo de perder aún más calidad y de convertirse en insustancial. Ha dejado de ser el gran negocio que era en los 90 y sigue en declive: caída de la venta de ejemplares y de publicidad. El periodismo bueno es caro. Si cae el negocio la primera víctima es la calidad: las empresas reducen costos en periodistas (talento) y en recursos (tiempo, herramientas, servicios).
Los diarios no tienen un gran futuro. No migran bien a Internet (su propia tradición es un lastre), y lo que allí ganan no llega a compensar lo que pierden en el papel. En Internet el periodismo tampoco es un gran negocio. Google vende publicidad en sus búsquedas: les ganó de mano a las empresas periodísticas que ya no pueden ser en la Web el potente vehículo publicitario que han sido en papel. Y si algún día llegaran a encontrar en Internet un modelo de negocios, es muy posible que el mercado esté tan atomizado que no permitirá la rentabilidad a la que estaban acostumbrados.
En Estados Unidos ya hay diarios importantes que han cerrado y muchos otros que están boqueando. La cadena Tribune, que publica Los Angeles Times, está al borde de la quiebra. En 2008, 15 mil periodistas fueron despedidos según el Pew Research Center. En estos siete primeros meses del año ya hubo 5.900 periodistas despedidos según la asociación que nuclea a los editores. Cifras tremendas: los diarios pierden corresponsales, especialistas, reducen sus coberturas especiales, cancelan los proyectos de investigación (me resulta muy fácil imaginar gente feliz con esta perspectiva). Y sí: el buen periodismo sale caro.
¿Cómo preservar entonces al buen periodismo en este momento de crisis cuando aún no se han generado nuevos modelos viables y eficaces? Este problema ya se discute en EE.UU. Los debates parten de que el periodismo es una herramienta imprescindible de la democracia. Si es bueno –ahí está la cuestión, claro–, es una herramienta para ayudar a controlar a los gobernantes, para defender los derechos de los más vulnerables, para ayudarnos a comprender y tomar decisiones. Etcétera.
El New York Times está estudiando convertirse en una entidad sin fines de lucro para recibir donaciones de particulares. Es el modelo de las universidades; reciben donaciones gigantescas y así cuentan con dos fuentes de ingresos: los aranceles y los intereses que esas donaciones producen invertidas en el mercado financiero. En la misma línea, ya existe una publicación –Pro Publica– sostenida por donaciones, que realiza investigaciones serias y profundas y las entrega en exclusividad a un medio; luego las pone en su propio sitio de Internet, a disposición de todos.
Otro modelo que se analiza es el de los medios públicos: la británica y prestigiosa BBC, sólo responsable ante su público, “libre de cualquier influencia política y comercial“, sostenida por un impuesto anual a la tenencia de televisores.
Cada modelo tiene sus pros y sus contras; y más si es llevado a la práctica y a la realidad de cada país.Tal vez el peor es el aplicado en Francia. Sarkozy aumentó el subsidio a los grandes diarios (600 millones de euros en tres años sobre los 280 anuales que ya recibían).
Acá las señales de la crisis de los diarios y del periodismo se ve ve en la caída de la circulación –sólo tuvo un respiro en 2005– y de la publicidad, especialmente la de los clasificados. Pero el debate está ausente. Un motivo: nuestra economía es menos compleja y dinámica y la crisis es más lenta. No hay despidos en los medios del país de la magnitud que tienen en EE.UU. (abundan en cambio los retiros voluntarios) ni han quebrado aquí diarios importantes. En síntesis: la crisis no tiene la gravedad que tiene en EE.UU y a nosotros no nos conmueve el largo plazo.
Pero hay otros presuntos obstáculos para debatir el tema. Hablar de calidad periodística y de la búsqueda de modelos alternativos en un clima enrarecido por la pelea del matrimonio Kirchner con Clarín es correr el riesgo de que el tema sea distorsionado, o simplemente desoído. Y hablar de medios públicos puede parecer una ingenuidad cuando nuestros llamados medios públicos hasta ahora no son nuestros ni públicos: son gubernamentales. Aun así creo que es imprescindible pensar estos temas. Porque la ausencia de debate no frenará la crispación; al contrario, le cede el terreno.
La idea es salvar al periodismo en su declive económico y en su incierta transición hacia el mundo digital. El diario ya no es el medio rey; ahora mandan los negocios vinculados con el espectáculo (por eso los Kirchner libran allí la pelea con Clarín). La idea no es salvar a los diarios sino al periodismo. Eso es una tarea estratégica para los periodistas (me parece que hay muchos indiferentes, y otros limitados a la queja), para los empresarios (limitados a su propio interés específico), las universidades (algunas, creídas de que el tema no les concierne o temerosas de recibir un “daño colateral“), y para los intelectuales y los políticos capaces de pensar más allá de la coyuntura y de las alineaciones automáticas.
Nunca habrá condiciones perfectas para este debate. Así que es mejor empezar ya. Porque la crisis del periodismo no va a terminar cuando cese la crispación, ni cuando remonte la economía. Tampoco se va a resolver sola.

*Periodista. http://www.robertoguareschi.com

Realidades de hoy




Fuente: www.miguelrep.blogspot.com

miércoles, 26 de agosto de 2009

Sobre el fallo de la Corte

La decisión de la Corte Suprema de Justicia, no significa que nos cruzaremos en cada esquina con alguien fumando marihuana. Sino, por el contrario, que no nos quedemos con el último eslabón de la cadena, el consumidor, quien es el que más padece y quien necesita tratamiento.
Nunca se persiguió al narcotraficante. Siempre los resultados de los operativos indicaban mayoritariamente consumidores de pequeñas dosis. Todos los recursos se desperdiciaron siempre en esto. Mientras se trabajaba alrededor de adolescentes o jóvenes que se fumaban algunos porros, los comercializadores y los grandes narcotraficantes la veían pasar.
¿Qué dice el fallo? Es claro y precavido. No fija limites, por ejemplo, de cuánto es el mínimo, pero si manifiesta que no se puede poner en riesgo a terceros. O sea, no es delito tener marihuana para el consumo personal, pero no lo puede hacer delante de terceros. Por otro lado, vale decir también que sembrar la hierba en su casa también es delito.
Pero lo que menos se ha dicho sobre el fallo, y quizás algo de lo más importante, es el pedido de normas y decisiones al Gobierno, para que creen una verdadera política criminal para perseguir a los narcotraficantes, como por otro lado, está comprometido nuestro País, bajo los tratados internacionales.

El Fiscal General en Mar del Plata, doctor Fabián Fernández Garello, me mostraba su preocupación de esta manera. “una de mis preocupaciones es que el centro del problema es que quedemos enredados en discutir o aclarar algo, que por otro lado se necesita que se aclare, pero que no levantemos la cabeza y que por mirar el árbol, como se dice, no miremos el bosque. El problema central es la entrada de droga a granel al País y que llega muy fácil a los barrios para su tratamiento y su consumo”.
Por otro lado agregó que “el poder Judicial no está para marcar una política a seguir, está para distinguir si hay alguna contrariedad con las leyes, para eso están los otros poderes. Como puede ser que lo que esté en el centro de la cuestión sea un fallo de la Corte, cuando la droga está entrando por aviones al país a la vista de todo el mundo”.

Hasta ahora se han desperdiciado esfuerzo, recursos e inclusive ahora, con esta discusión, se están desperdiciando también oportunidades. Esta ocasión puede llegar a utilizarse, independientemente de la postura sobre el fallo, como una buena oportunidad para discutir un tema, que hoy por hoy nos está pasando por arriba. Pasa por arriba a los fiscales que trabajan en esas causas, a los legisladores que muchas veces han mostrado no estar a la altura de las circunstancias, al Ejecutivo que tiene que decidir que políticas se aplican en torno a esto, a los padres, a la sociedad misma.
La idea es que no se desperdicie también esta oportunidad de discutir algo que la sociedad toda merece y que en algún momento se deberá dar. Ojala no perdamos esta ocasión también.

Bernabé Tolosa

A 60 años de ‘1984’





Hace sesenta años apareció en Londres la novela 1984, de George Orwell. En Inglaterra vendió 50 mil ejemplares en tapa dura y en EE.UU. se vendieron casi 400 mil ejemplares en el primer año. Hoy nadie sabe cuántos millones se vendieron en ediciones legales y piratas. La novela puede no ser la mejor literatura, pero es una de las que más han influido. Ha sido adaptada para la radio, la televisión y el cine, usada como texto de estudio, analizado y plagiado.
La fuerza de la novela surge de su lenguaje y de los giros que instaló en el uso diario, no tanto por su metáfora de una sociedad que combinaba lo peor de Hitler y de Stalin. El concepto de “gran hermano” está vigente en el discurso de la actualidad (para describir un grupo de personajes para quienes la ideología es irrelevante y el poder es todo), no tanto las ideas de la “policía del pensamiento” o el “nuevo idioma” (las dos últimas se usan con frecuencia en inglés), entre otras, pero son todos conceptos centrales de la imaginación popular que instaló 1984. Importante es que Orwell (seudónimo de Eric Blair, 1903-1950) no buscó pasarle una mano de bleque al socialismo, mucho menos al Partido Laborista inglés (como se insinuaba en los EE.UU.), y a ese efecto llamó a su abogado para dejar una declaración jurada.
Lo triste de tan formidable creación fue que Orwell sabía que se moría mientras escribía. Para lograr la novela, iniciada en 1948, se refugió en una choza húmeda en la isla escocesa de Jura, produciendo cuatro mil palabras por día en su incomprensible manuscrito que él mismo tenía que pasar a máquina luego. “La tragedia de la vida de Orwell fue que a un paso del éxito estaba moribundo”, escribió en 1961 su amigo y compañero de colegio, el crítico Cyril Connolly (1903-1974). La pulmonía, por entonces tan común, lo abatió seis meses después de aparecido el libro.
Se equivocó fiero en muchos de sus presagios de cómo estaríamos en 1984, 35 años después de la publicación. Pero eso no subestima la novela que en muchas formas cambió al mundo.

Por Andrew Graham-Yooll, para Perfil diario.
Fuente: www.perfil.com

martes, 25 de agosto de 2009

Ideas viejas. Mismos resultados

Insisten con cerrar todos los boliches en la provincia de Buenos Aires a la misma hora y temprano.
Esta medida lo impuso Eduardo Duhalde en su momento y ya no funcionó. Se trajo a debate no hace mucho y quedó en la nada. Ahora insiste el gobernador Daniel Scioli con esta medida.
Siempre me dio la sensación de ser una medida que viene a tapar la ineficiencia del Estado para controlar, por ejemplo, la venta de alcohol, la droga y la realidad de los jóvenes en la provincia.
Que queden en la calle a cierta hora, no garantiza nada. Es más, quizás hasta la empeore. Los jóvenes andarán por allí sin un sistema de transporte acorde, sin medidas de seguridad afines a la realidad de hoy en día y, tomando el fundamento principal del oficialismo, como me dijo alguien “los chicos consiguen y se drogan o toman alcohol, también de día”.

Las prohibiciones nunca funcionaron. Siempre se les encontró la vuelta para evitarlas. Estas medidas ya no funcionaron en la provincia. Es más, los propios padres se quejaban porque no sabían donde andaban vagando sus hijos por ahí, en lugar de estar en un lugar bajo techo con otros de sus pares.

“Esto es un problema mucho más complejo. Tiene que ver con una sociedad que tienen más aristas para analizar. Lo que hay que tener en cuenta es que no hay un solo fundamento y un solo punto donde trabajar”, me confió Adrián Lofiego, referente del área de la Niñez y Juventud del Municipio.
Acá se corre detrás de los problemas, siempre aparece la reacción, inmediatamente de una acción determinada. Pero nunca se conoce el planteo sobre como anticiparse.
No son tiempos fáciles los de hoy en día. La realidad nos pasa por arriba y la calle es una “picadora de carne para los chicos”, como dice un profesor amigo.
Dudo sobre una solución a muy corto plazo. Esto, lamentablemente, lleva muchos años ya de carrera y para revertirlo harán falta ideas y mucho trabajo.

Bernabé Tolosa

lunes, 24 de agosto de 2009

Salir apurado



Fuente: diario Clarín

domingo, 23 de agosto de 2009

La violencia de hoy...

Lo ocurrido la semana anterior, debería disparar distintos motivos para reflexionar. Entre ellos, yo ubicaría en los primeros lugares, la violencia en que vivimos inmersos.
Que alguien entre a un lugar, lleno de gente y a media mañana de un día de semana, y comience a dispara contra alguien por un ajuste de cuentas, sobrepasa el tema de la falta de seguridad.
Convivimos día a día con la violencia. Violencia de todo tipo. Por eso no se puede alegar que estos hechos son aislados. Va más allá de eso.
¿Qué no está pasando? Realmente ¿no nos damos cuenta de lo que viene y de lo difícil que será detenerlo?
Basta sentarse en cualquier banco de la peatonal y observar algunos minutos, para ver como reaccionamos ante cualquier situación. Puteadas, gritos, golpes y corridas es lo menos que vamos a ver.

Acaba de editarse un nuevo libro del filósofo esloveno Slavoj Zizek, donde analiza este problema actual, que no solo nos preocupa a nosotros. Él distingue entre tres tipos de violencia. La subjetiva, la simbólica y la sistémica. La subjetiva es la más evidente y es la que en primer lugar, así como la única, que se toma en cuenta. Se trata de aquella que encarnan los sujetos. La segunda es aquella que se ejerce a través del lenguaje, no siempre es agrediendo a alguien con palabras graves, a veces no suele ser notoria. Y finalmente la sistémica que es aquella inherente al modelo económico y político vigente.

Analicemos algo de lo que ocurre en nuestra sociedad. ¿Hay violencia subjetiva?, basta tomar los ejemplos que mencioné al principio para preocuparnos y mucho. ¿Qué pasa con la segunda? Basta mirar los noticieros y sobra los casos. Tenemos un De Angeli, incentivando, para luego pedir disculpas, cuando ya la situación se fue de las manos a todos, (para ser dirigente no sólo hay que dirigir, sino también saber manejar a los que acompañan). Y por el otro lado tenemos a un Delia, tan impresentable como el primero, que lo único que hacen es generar más reacciones negativas.
Del tercer tipo de violencia, los casos también abundan, desde la persecución social y estatal que hay en Europa con los inmigrantes, hasta los hechos de violencia que se dieron en el puerto local entre trabadores locales y de otros países por los puestos de trabajo, que bien describieron desde el SIMAPE en el Concejo Deliberante. El sistema actual genera estos y otros ejemplos.

“La violencia siempre es nociva. Por ello ante cualquiera de sus manifestaciones se deben tomar medidas urgentes. Aunque lo mas conveniente es prevenirla desde el dialogo y la tolerancia”, dice Zizek, palabras mas, palabras menos.

El dialogo en este momento en nuestro país, no es lo que mejor se práctica. Hay todo un problema en ello. Los argentinos, a esta altura, ya no identificamos con quien hablamos. Es notoria la falta de interlocutor que sienten todos hoy en día. Esto responde al individualismo creado desde lo sistémico, desde el modelo, donde ahora soy yo y el otro es competencia, hasta el desengaño y la falta de credibilidad en los partidos políticos y en las instituciones. La mayoría, por no decir casi todos, piensan hoy que los partidos políticos no representan a nadie, sino que están más significados por nombres que por plataformas e ideales políticos.
Por consiguiente, al no tener alguien quien responda de una buena forma, la práctica y el fin del dialogo se va perdiendo. En cuanto a las instituciones, lo ocurrido luego del fallo sobre Cromagnon, opinión aparte, destaca los dichos hasta acá.
Dada la situación, la violencia subjetiva es el recurso final que se aplica desde cada uno, ante la falta de certezas y la impotencia, así como los ejemplos negativos en la vida cotidiana.
Aunque suene increíble, no se si será tan así, convivimos con esa violencia estresante. Los medios de comunicación saturan con mensajes el día a día de cada uno, generando las más diversas reacciones.
Asé llegamos a insultarnos desde un coche a otro, estacionar en la rampa para discapacitados, atender mal a aquel que se acerca al mostrador, discriminar al distinto o alentar al hijo para que “rompa” a su amigo en un partido de fútbol entre chicos, para así ganar. Los ejemplos abundan.
La pregunta es si ¿esto es lo normal a esta altura de la historia?, ¿si este es el precio de ser el hombre moderno?

Todos hablamos de la inseguridad, ciudadanos, periodistas, docentes, chicos y sobre todo políticos, pero nadie de la violencia con la que convivimos diariamente. Y mucho menos, hacemos algo para cambiar.

Bernabé Tolosa