viernes, 11 de diciembre de 2009

Dosis de Mafalda

El clima enfrenta a naciones ricas contra pobres

Las 192 naciones que se encuentran en Copenhague tienen que resolver la manera en que van a repartir los costos para frenar el calentamiento global. Ricos contra pobres, y un reto que debe ser resulto antes de que todos salgan perdiendo.


Las naciones en desarrollo que enfrentan enormes retos climáticos exigieron que los países ricos compartan más los costos, según un documento filtrado durante la Cumbre Climática de la ONU de Copenhague, mientras surgen nuevas evidencias de que el planeta se está calentando.

Los negociadores trabajaban para limar las diferencias entre naciones ricas y pobres sobre la forma de compartir la carga para combatir el cambio climático. El principal enviado estadounidense en la materia, Todd Stern, subrayó los esfuerzos del gobierno del presidente Barack Obama para reducir las emisiones de gases invernadero.

"No nos hacemos la ilusión de que esto será fácil", dijo Stern. "Pero creo que debe haber un acuerdo si queremos hacer esto bien".

El sudanés Lumumba Di-Aping, jefe del bloque de 135 países en desarrollo, dijo que los 10.000 millones de dólares anuales propuestos para ayudar a que las naciones pobres enfrenten el cambio climático palidecen en comparación con más de un billón de dólares erogados ya para rescatar a las instituciones financieras.

"Si éste es el mayor riesgo que enfrenta la humanidad, ¿cómo explican entonces los 10.000 millones?", preguntó. "Esos 10.000 millones no servirían siquiera para comprar ataúdes suficientes para los ciudadanos de los países en desarrollo".

En tanto, Estados Unidos delineó por primera vez una doble vía para reducir las emisiones de gases invernadero, la cual involucraría tanto al gobierno de Obama como al Congreso.

La administradora de la Agencia de Protección Ambiental (EPA, por sus siglas en inglés), Lisa Jackson, habló durante la Cumbre y dijo que la decisión de su dependencia para regular los gases que atrapan el calor en la atmósfera es complementaria de una legislación federal, no un intento de suplantar el trabajo del Congreso.

"Este no es un momento de decidir entre las dos opciones, sino de incluir ambas", dijo Jackson ante más de 100 personas que llenaron una sala de juntas de la delegación estadounidense dentro del centro de conferencias.

El lunes, la EPA dio a Obama una nueva forma de recortar las emisiones de gases que contribuyen con el efecto de invernadero, al determinar que las evidencias científicas mostraban claramente que el cambio climático amenazaba la salud de los estadounidenses.

Ello significa que la EPA podría regular esos gases aún sin esperar la aprobación del Congreso federal.

La decisión de la EPA fue elogiada por otras naciones en Copenhague, que han instado a Washington a redoblar sus esfuerzos para reducir las emisiones.

El pleno del Senado estadounidense no ha analizado la legislación aprobada por la comisión ambiental de esa cámara, que contempla una reducción de 20% en los gases invernadero para 2020, meta que fue reducida a 17% en la Cámara de Representantes, tras la oposición de los demócratas provenientes de estados carboníferos.

Obama se unirá a más de 100 líderes nacionales en Copenhague, durante los últimos días de negociaciones de la Cumbre, previstos para finales de la próxima semana.

Algunas de las naciones más pobres en el encuentro temen que una buena parte de la carga para reducir las emisiones de gases invernadero sea puesta sobre sus espaldas.

Buscan miles de millones de dólares en ayuda de los países más ricos para lidiar con el cambio climático, que derrite los glaciares aumentando el nivel del mar en todo el mundo, provoca sequía en amplias regiones y amenaza la producción de alimentos.

Diplomáticos de los países en desarrollo y ambientalistas se quejaron de que los anfitriones daneses impidieron las negociaciones sobre un borrador de propuesta, la cual permitiría que los países ricos redujeran menos sus emisiones y que las naciones pobres enfrenten límites más severos sobre los gases invernadero y más condiciones para recibir los fondos.


Fuente: www.observadorglobal.com

jueves, 10 de diciembre de 2009

La palabra perro no muerde

Se dijo que la familia Pomar había escapado a un país limítrofe. El motivo: le debían plata a mucha gente. Una variante de la misma hipótesis: se fueron porque los acreedores eran personas muy poderosas y sus vidas corrían peligro. Si se quedaban en el país, los iban a matar.

Se dijo que podía tratarse de un conflicto familiar. En ese caso, el jefe de la familia era el eventual responsable de la desaparición de su esposa e hijas. Dijeron que tuvo tratamiento psiquiátrico. Se tiró al río con el auto, especularon.

Se dijo que Luis Fernando Pomar estaba armado.

Se lo difamó dejando entender que podía haber abusado de alguna de sus hijas y que ésa era la verdadera razón de la súbita fuga.

Se habló de una crisis en la pareja y de antecedentes de violencia intrafamiliar.

Se especuló con un ajuste de cuentas vinculado con el narcotráfico. Pomar es bioquímico, se dijo. Y aunque su padre explicó que sus conocimientos en el tema eran básicos, se habló de tráfico de efedrina.

Se dijeron muchas cosas más.

Sobre todo en la tele.

Se barajaron las hipótesis más disparatadas.

No faltaron las especulaciones sobrenaturales. Hubo notas a brujos y videntes. “Están todos bien, caminando por un trigal”, aclaró uno de los “especialistas” consultados.

Se habló hasta de la intervención de extraterrestres.

Fabio Zerpa tiene razón. “Seguro los chupó un ovni”, me dijo un taxista ofendido por los pocos datos que le pude aportar a su curiosidad. “Lo dijeron en la radio. Ya le pasó a otra gente”, remató.

Es cierto que la mayoría de estas hipótesis fue alentada por “fuentes de la policía”, pero el manejo de la información en el caso Pomar tuvo una levedad alarmante.

Quizá esto no debería sorprender a nadie. En el medio periodístico se venera una frase atribuida a Samuel “Chiche” Gelblung: “Que la verdad no te arruine una buena nota”.

Cuando el Fiat Duna de los Pomar apareció destrozado en un zanjón ubicado en una curva peligrosa de la ruta 31 y sus cuerpos esparcidos en derredor remitían al resultado de un accidente automovilístico, todos replegaron sus argumentos sin el menor acto de arrepentimiento.

La prensa fue, entonces, a por los investigadores y los funcionarios bonaerenses. La ineficacia de la policía es evidente: no revisaron una parte del trayecto que los Pomar hacían habitualmente en sus viajes a Pergamino. Y los funcionarios no resolvieron los pedidos de señalización que los vecinos de la zona les hicieron reiteradamente. Durante el 2009 hubo cuatro accidentes graves y un saldo de once muertes. Hasta hicieron planteos por escrito al gobernador Daniel Scioli.

La responsabilidad política en el caso Pomar es innegable, pero pocos se detuvieron a analizar la mala praxis periodística. Se ha instalado en los medios una suerte de impunidad. Se puede decir cualquier cosa. Los periodistas nos debemos un debate profundo sobre la calidad de los mensajes que emitimos.

Pero esta costumbre no abarca sólo al mundo de la tele. En la misma semana en que se conoció el trágico desenlace de la familia Pomar, un analista de política internacional se alarmó ante el triunfo de Evo Morales. El sesenta por ciento de los votos, el contundente respaldo popular al presidente boliviano, fue traducido para sus oyentes como un peligro para la democracia. “Se viene un período de hegemonía y cercenamiento de libertades”, fue la conclusión.

Y el martes pasado el corresponsal del diario La Nación en Santiago de Chile –a mi gusto el medio que mejor y mayor despliegue brinda a las coberturas internacionales– se refirió al asesinato del ex presidente Eduardo Frei como el “primer magnicidio” de la historia de Chile. Como si el asesinato del presidente constitucional Salvador Allende no hubiese ocurrido. Frei, que gobernó el país trasandino entre 1964 y 1970 y, en un principio, apoyó el golpe del general Augusto Pinochet contra el gobierno de Allende. Pero cuando comprendió que el dictador pretendía eternizarse en el poder, lo enfrentó. Fue entonces cuando Pinochet, según acaba de revelar la Justicia chilena, ordenó que lo envenenaran. Para el columnista del diario porteño la muerte de un presidente socialista no tiene la misma entidad que la de un ex presidente de centroderecha.

Son cosas que se dicen. Son cosas que se escriben. No pasa nada, me dirán. Como no se cansa de explicar el gran poeta Mario Trejo: “La palabra perro no muerde, el que muerde es el perro”.


Por Reynaldo Sietecase para Critica de la Argentina

lunes, 7 de diciembre de 2009

Las razones de Copenhague

A partir de hoy, 98 jefes de estados industrializados y en vías de desarrollo se reunirán en Dinamarca. Claves para entender la importancia del debate.

¿Por qué es necesaria la Cumbre de Copenhague?

Existe un consenso general internacional acerca de la amenaza que el cambio climático representa para los seres vivos. Hace dos años los gobiernos acordaron comenzar a discutir un nuevo acuerdo global y se dieron un período de reflexión que culminará en Copenhague.

¿Por qué hay cambio climático?

Desde el origen del mundo, el clima planetario se fue modificando. Pero existe más de un 90% de probabilidades de que los seres humanos sean los principales responsables del cambio climático. La causa principal es el uso de los combustibles fósiles: carbón, petróleo y gas. Su combustión incrementa el dióxido de carbono (CO2) presente en la atmósfera, lo cual actúa como una capa que atrapa la energía solar y recalienta la superficie de la Tierra. La deforestación y otros procesos que emiten gases de invernadero también contribuyen al calentamiento. El calentamiento global produce cambios en los patrones de las lluvias, deshielo, elevamiento del nivel de los mares y cambios en la diferencia de la temperatura entre el día y la noche. Este grupo de alteraciones ha sido denominado cambio climático.

¿Por qué un nuevo acuerdo?

La Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (Unfccc) creó en 1997 el Protocolo de Kyoto. Las metas de dicho protocolo para la reducción de las emisiones sólo se aplican a un pequeño grupo de países y expiran en 2012. Por esta razón, los gobiernos quieren un tratado superador de Kyoto, que frene las emisiones de gases invernadero lo suficiente como para limitar el aumento de la temperatura promedio del mundo a 2ºC (3,6ºF) en los próximos 50 años.

¿Qué busca cada nación?

En general, tratarán de fijar nuevas metas para reducir sus emisiones de gases. El debate central pasará por la posición de los Estados Unidos y China, que son los mayores emisores de CO2 de la tierra. Habrá que ver hasta qué punto estas naciones están dispuestas a afrontar el costo económico que implica para ellas una reducción en sus emisiones. Los países en vías de desarrollo como la Argentina, por su parte, pedirán mecanismos que les ayuden a acelerar la transferencia de tecnología en áreas como las energías renovables.

¿Cuál es la perspectiva de un acuerdo?

Hay cuatro escenarios:

• Un acuerdo global sin cabos sueltos.

• Un acuerdo global, pero con muchos cabos sueltos que deberán resolverse durante los meses o años próximos.

• El aplazamiento de la COP, probablemente hasta mediados de 2010.

• Fracaso.

Fuente: www.criticadigital.com

viernes, 4 de diciembre de 2009

El tiempo es lo que vuelve

Me parece que en mis últimas notas y conferencias transmito sensaciones y sentimientos negativos sobre el presente argentino. No hago más que ofrecer públicamente mi angustia. Quizás se deba a que tengo que cumplir con el ritual semanal de entregar una nota relacionada con preocupaciones comunes a los argentinos. ¿Cómo salir de este estado de ánimo? ¿De qué otra cosa hablar? ¿No pretenderán que hable del tiempo? ¿Sí? ¿Por qué no? Bueno ahí va.
El tiempo es una de las cosas más difíciles de pensar. La historia de la Filosofía es una muestra de esta dificultad desde que la idea de tiempo se despegó de la de movimiento y sorteó la paradoja de Zenón.
El texto clásico de Martín Heidegger Ser y Tiempo responde a esta urgencia del pensamiento. La pregunta por el Ser que recorre el filósofo alemán es la historia de un olvido. La historia de Occidente desde los griegos es para Heidegger el ocultamiento de este vacío. Dice que a esta carencia no se la llena con un nombre absoluto, ni con la “causa” de las causas, ni con la referencia a una sustancia. No valen los argumentos que invocan las mayúsculas de la Metafísica. Se ha intentado ocupar el centro de los sistemas especulativos con figuras teóricas como la del sofista que afirmaba que el hombre es la medida de todas las cosas, la del Motor Inmóvil del filósofo, el ego cogito del sabio natural o la voluntad de poder del Superhombre. Son todas obturaciones del signo de interrogación de la ontología filosófica.
En el siglo XIX G.W. Hegel elabora una filosofía en la que el espíritu del mundo es temporal. El acontecer de la existencia es para el filósofo de Berlín y Viena, el camino hacia la autoconsciencia de una totalidad que será transparente a sí misma. Es la astucia de la razón la que teje la red que nos atrapa y nos convierte en peldaños de una redención especular. Todo lo real será racional y todo lo racional es real en el fin de la historia. El espejo sin velos en el que se mira la “razón” también es un fruto del tiempo.
El filósofo A. Schopenhauer dice que el tiempo es dolor. El tiempo duele. Se inspira en el budismo, pero considera que la vida occidental no encuentra consuelo en la meditación que conduce al Nirvana. De todos modos existe una solución. Es el arte.
Sostiene que el tiempo es la manifestación de la voluntad; hay tiempo porque existe la persistencia de la vida. La sexualidad es una manifestación de esta voluntad de vivir. Somos individuos de la ley de la reproducción de la especie. La astucia de la voluntad hace de cada uno de nosotros elementos de una multiplicidad innúmera. Duramos y sufrimos. Sólo el arte, para Schopenhauer, suspende el tiempo. Sigue a Kant, que hablaba del infinito, de lo sublime. Sólo nos detiene la belleza de una obra. Nos fascina. El embelesamiento del artificio hace olvidar a la muerte y a la vida. De las artes, la música, la más temporal de todas, es la que cautiva y detiene por un instante al tiempo desnudo.

Nietzsche nos habla del eterno retorno. Recuerda haber tenido una visión del mismo subido a un peñasco al borde de un lago. Comprendió que la imagen cósmica muestra que lo que siempre vuelve es lo que sucede ahora. Eternidad e instante son lo mismo.
Muchos han discutido el sentido de estas palabras. Se han escrito libros sobre el significado de los conceptos de repetición y diferencia que conciernen a las dos manifestaciones de una temporalidad que vuelve pero con rostro cambiado. Otros –inspirados por Heráclito– invocarán la imagen nietzscheana del tiempo con el niño que a orillas del mar levanta castillos de arena que la marea desmorona.
Para Nietzsche, el tiempo podrá llamarse Kronos pero, en realidad, es otra burla de Diónisos, el dios enmascarado de la tragedia.
Pero nadie ha afirmado con mayor precisión y brevedad la esencia filosófica del tiempo como el divino Rousseau. Dijo: “El tiempo es lo que vuelve”. Fue dicho sin teoría, ni doctrina, ni metafísica. No asoció su frase a una cosmovisión ni a una concepción del mundo. Enunció su pensamiento mientras cocinaba una papa.
Pensemos en las consecuencias de sus palabras si efectivamente guiaran nuestra conducta. Debido a nuestra forma de vida, el hombre ordinario, es decir nosotros, sentimos que el tiempo se nos va. Tiempo es lo que falta. No porque seamos mortales, sino porque se va por definición de sucesión. Estamos apurados. El reloj no se detiene. La ansiedad es tiempo que falta. La depresión es tiempo estancado. El aburrimiento es tiempo palpable. El trabajo, los rituales religiosos y las ceremonias lo domestican. Sentir el tiempo desespera. Sentirlo fugitivo también.
Somos seres finitos. Morimos. Nadie quiere morir. Lo humano demasiado humano es postergar el fin. Para lograrlo corremos a la manera de Edipo. A pesar de las apariencias, la meta es el foso. Es decir que corremos hacia adelante en dirección contraria. Nos metimos en el túnel oscuro por la salida y nos precipitamos hacia la entrada. Los antiguos inventaron el género llamado tragedia para ilustrar sobre la escena esta comedia de la existencia.
¿Pero qué sucedería si el hombre ordinario cambiara su concepción del tiempo por esta idea tan simple de Rousseau que aventura que el tiempo es lo que vuelve y no lo que se va? ¿Nos convertiremos en hindúes en estado de contemplación rodeados de sándalos perfumados? ¿Vestidos de naranja bailando al son de las panderetas? ¿Una nueva especie macrobiótica pupila de la esquina de las flores?
Dios nos libre y guarde. No hay peligro. Sólo cambiaremos de malestar. Padeceremos el tiempo que vuelve. La queja será distinta pero queja al fin. En lugar de decir: “No te pude contestar el llamado porque no tuve tiempo” diremos: “No te respondí porque me sobraba el tiempo y me distraje”. Tendremos tiempo de sobra. Nos disgustará que el tiempo no se vaya. Cuando nos pregunten cómo estamos, diremos: “Mal... otra vez, con tiempo”.
¿Seremos más sabios si ante esta nueva realidad detenemos la máquina mental y transitamos paso a paso por la vida en lugar de llevarnos todo por delante? ¿No es acaso evidente que tiempo es lo que siempre hay? Nadie lo sabe, quizás tengamos menos dolores musculares, pero menos libido también.
Es probable que las culturas en las que el tiempo siempre vuelve, en las que el ciclo sustituye a la flecha y no hay comienzo ni fin sino retorno, a la gente todo le pueda dar lo mismo. “Kif kif” dicen los marroquíes: da lo mismo, da igual.
La aceptación de un destino, la resignación ante lo que sucede, la fatalidad sin más que nos da lo idéntico y permanente nos hará flotar en un mar de sopa tibia. Pero esta fábula no es creída ni por quienes la propagan. Escuchemos la sentencia del estoico millonario Séneca –el hombre más rico de Roma a la vez que sabio y consejero de Nerón–: “Es cierto, hay destino, pero también hay azar. Entonces... filosofemos”.
Y hablemos del tiempo.

Por Tomas Abraham. www.tomasabraham.com.ar

miércoles, 2 de diciembre de 2009

Viajes en el tiempo, inmortalidad o la vida según Ray Bradbury


Ray Bradbury pasó ayer por la Feria del Libro de Guadalajara (México) y durante esa incursión volvió a insistir en una vieja teoría (suya) que cruza toda su obra. Esa que señala que los extraterrestres no existen y que todas esas apariciones no identificadas responden a viajeros en el tiempo.
“¡Nosotros somos los marcianos! y el hombre del futuro es un viajero espacial; sólo viviremos eternamente cuando nos reguemos por el universo. Por toda la raza humana hay que volver a la Luna y luego a Marte, tenemos que hacerlo”, volvió a repetir el autor de novelas como Crónicas marcianas y Farenheit 451.
Como se sabe el género Ciencia Ficción plantea distopías, utopías perversas donde la realidad transcurre en términos opuestos a los de una sociedad ideal. En esos universos apocalípticos el autor norteamericano construye sus historias.
Pero en su paso por México, Bradbury volvió a remarcarle a una atónita platea de escuchas (la conferencia se realizó vía satélite) que el futuro es un espacio de tiempo a conquistar, pero lejos de poder hacerlo en el planeta Tierra debe hacerse en el espacio exterior: la Luna o Marte. Ésa es la calve para que la humanidad alcance “la inmortalidad”.
Durante su desarrollo el norteamericano aseguró “que el hombre debió quedarse hace 40 años en la Luna, formar ahí una base para continuar con la exploración hacia Marte y colonizarlo, para encontrar la inmortalidad de la raza humana”.
El sujeto que subió por primera vez en un avión a los 62 años, que no tiene computadora y es un crítico con el uso de la tecnología, explicó a un público compuesto principalmente por jóvenes parte de su vida, sus motivaciones para escribir y diversas anécdotas de su vida.
Bradbury, un escritor autodidacta que desarrolló una gran cultura y creatividad a través de la propia lectura, confesó que en los primeros años de su vida fue un insaciable lector, y que las bibliotecas públicas le dieron una formación tal que ninguna universidad le pudo dar.
El norteamericano aconsejó a los jóvenes ir a las bibliotecas ya que él mismo no pudo ir al instituto "porque era muy pobre" y se "pasaba tres días a la semana en las bibliotecas, durante 10 años".
Para el autor de El verano de la despedida, "las bibliotecas son esenciales para volverse un gran estudiante; las bibliotecas son gratis y las universidades son caras".
Esas bibliotecas son las que dejan de existir en ese futuro lejano (o no tanto) que edifica en Farenheit 451. La ruina y la inmovilidad social está marcada por el no acceso a los libros, por la destrucción de los mismos. Los bomberos lejos de apagar incendios, se dedican a incinerar manuscritos, textos y todo aquello que esté encuadernado.
La vida del escritos, hasta encontrar la fama, estuvo marcada por su precariedad económica. "Tenía tan poco dinero, estaba recién casado y quería escribir sin gastar dinero, fui a la UCLA (Universidad de California) y en un sótano había unas máquinas de escribir a las que tenía que ponerle 10 centavos de dólar cada media hora, y en nueve días gasté nueve dólares, con eso hice la primera versión de Fahrenheit 451", relató.
Sin embargo, el suceso más crucial en su vida, según ha confesado, fue su encuentro a los 14 años con “Míster Eléctrico”, un mago de feria que le reveló la inmortalidad.
Bradbury se considera un inmortal, sus 90 años podrían dar fe de ello. Pero sin embargo, él vive en la Tierra y la eternidad, según sus propias palabras parecería estar en el espacio exterior.

www.elargentino.com

martes, 1 de diciembre de 2009

Seis de cada diez marplatenses presentan estado de ánimo favorable



En base a un estudio desarrollado telefónicamente que ascendió a 407 casos, 46.3% asegura sentirse bien y 13.9% feliz. El principal motivo de bienestar está asociado a su grupo familiar y en menor medida a factores económicos. Curiosamente sólo 13,9% admite su malestar, angustia o tristeza.

Por el contrario a lo que se palpita en las calles, una encuesta revela que el 60,2% de los marplatenses presenta una situación de bienestar favorable, cuyas razones en todos los casos están mayoritariamente asociadas a cuestiones de índole personal.
También se observa que entre los que admiten atravesar un período emocional inestable los motivos están asociados a la esfera privada como falta de trabajo, problemas de salud y familiares.
El estudio fue elaborado por la Consultora Ayala mediante una muestra probabilística segmentada por circuito electoral con técnica de recolección telefónica, que alcanzó 407 personas que residen en Mar del Plata.
En concreto, cuando se les interrogó acerca de cómo definirían su estado de ánimo actual el 46.3% aseguró estar bien, el 13.9% feliz y otro porcentaje similar destacó que se encontraba angustiado, mal o triste. El resto arriesgó que su estado emocional se encontraba desanimado, decepcionado, con incertidumbre, expectante, preocupado, confundido, indiferente, entre otros sentimientos negativos.
El 68.1% de los que se encuentran bien exponen que esa sensación positiva está asociada a que su familia vive sin sobresaltos, el 30.4% que tiene salud, mientras que el 21.7% confiesa estar motivado por tener trabajo y 10.1% alegó cuestiones individuales.
También esos motivos se trasladan entre los que aseguraron estar directamente felices: el 81% arriesgó que ese estado está vinculado a que su círculo familiar se encuentra bien, el 23,8% adujo motivos personales, el 23,8% cuestiones de salud y el 19% que tiene trabajo. El 9.5% restante confesó que esos sentimientos están ligados a motivos religiosos.
“Que el grupo familiar sea el principal motivo de bienestar habla de dos cuestiones: por un lado la fragmentación social y el individualismo se hacen presentes, pero a la vez se visualiza que estamos en proceso de recuperar una institución (la familia) que ha venido vapuleada en el transcurso de la historia por la búsqueda de oportunidades”, sintetizó la licenciada en Sociología Eva Ayala, jefa de Proyectos de la consultora.
Curiosamente para el 13.9% de los entrevistados que confesaron su tristeza, malestar o angustia también las razones están asociadas a cuestiones anteriormente descriptas: problemas familiares (33.4%), motivos personales (28.6%), falta de trabajo (23.8%), problemas económicos (23.8%) y salud endeble (9.5%).
“Para bien o para mal, otra señal de individualismo es que si bien el trabajo como motivo de bienestar o malestar tiene implicancias sociales, en este caso está expresado por los encuestados desde un lugar personal y no desde una preocupación colectiva como podría ser ‘hay trabajo’ o ‘no hay desempleo/desocupación’”, comentó Ayala.
Hombres: de mejor humor
En el marco de la encuesta y según datos de segmentación, los hombres son los que presentan una mirada más positiva que las mujeres: el 75.4% apuesta a sentimientos positivos, mientras que un menor porcentaje del sexo femenino (60%) se ubica en ese estado. En tanto, aunque sólo el 7.3% de las mujeres se encuentra en estado regular, una aún menor incidencia se observa en el ámbito masculino, con 4.3%. Por último, el 31.7% de las encuestadas optaron por considerar su estado negativo, contra 20.3% del sexo masculino que se ubicó en esa categoría.