viernes, 6 de noviembre de 2009

Banderas de la patria más intensa



El fútbol es una patria más intensa que la patria misma. ¿Exageración rayana en la blasfemia? Para nada. Invito a comparar la cantidad de banderas que asoman durante las fechas patrias con la cantidad que aluviona en los mundiales.
Aparte de ser una patria, el fútbol es el espejo que mejor espeja violencias, exitismo y fracasismo, supersticiones camufladas en religión, racismo subcutáneo, creatividad y cierto individualismo a veces carnicero.
En la creciente literatura centrada en el fútbol, sucede que la mujer tiene presencia ocasional, apenas como elemento decorativo. Esto se me reveló un día que recuerdo por ser el primero del año: me desperté dictado por una ocurrencia: una mujer se vengaba del abandono de su marido futbolero metiendo una punta de fotos de jugadores famosos en el interior de la almohada matrimonial. Con esas presencias ocultas ella dormía y transfiguraba la rutina del sexo semanal. Digamos, la apoteosis del cornudo. Ahí, ese mismo día, advertí que en mi caja de juntar tenía el borrador a mano alzada de más de veinte cuentos de fútbol en los que siempre la mujer es eje y/o detonante. Acostumbro andar con un par de hojas dobladas, y un lapicito. Anoto sobre el pucho porque creo en la única virginidad, la de la palabra. Tal cual: de las narices me agarró el libro, y me dejé: y empecé la otra escritura, la que viene después de la ocurrencia dictada. Ahí estaba la mujer que debía resignar una parte sagrada de su cuerpo, como cábala-condición para que Racing terminara su malaria de décadas. Ahí estaba la partera que asesoró a una tal Dalma mes a mes, con peajes de todo tipo, para conseguir que cierta criatura naciera varón y un Mozart del fútbol, es decir, un Diego Maradona. Ahí estaba Borges, por única vez, asistiendo a un partido; y la madre narrándoselo al Sumo Ciego. Ahí estaba la mujer travestida, y la vengadora, y la compañera, y la inmolada. Ahí estaba la camionera "relatora de todas las Américas", inventando un campeonato perpetuo donde el fútbol vadea todas las injusticias: por fin los últimos serán los primeros.
Al final de mi travesía advertí que estas historias apuntan una y otra vez a lo que podríamos llamar "la pareja". Pero, la pareja emparejada: por el odio, por la pasión, por la venganza, por el amor de los amores. Adiós a la mujer víctima, relegada por el fútbol. Tendremos que asumirlo, así en la realidad como en la literatura, hacia esa pareja emparejada vamos, por fin. ¿Ésa será la revolución de las revoluciones? ¿Tendrá entonces la humanidad que barajar y dar de nuevo?
Yo no quise hacer un libro de cuentos de fútbol con mujeres como protagonistas, fue al revés: las historias me fueron brotando sin propósito sistemático. Y se dio. En algún momento, ante la aparición de la madre del "jugador más feliz de la Tierra", el reportaje mutó en ficción. No me resistí. En otro, el último día de la Raulito se transfiguró en poema. Tampoco me resistí. Me dejé, me solté del corsé de los géneros. Así, en las sucesivas escrituras de estas historias, me he sorprendido riéndome en voz alta. O, un par de veces, noté que el corazón me estrujaba la garganta. Quiero decir: que las he vivido no sólo desde mi laguito interior sino con el cuerpo entero.
No puedo precisar cómo ni cuándo me nació cada historia de este Perfume de gol : a veces detenido en un semáforo, o bajo la ducha, caminando mi barrio de Coghlan, en la antesala del dentista, en ese deslizamiento sinfónico de cada noche al compás del malbec de mi Luján de Cuyo.
Pero no todo se me dio como lloviendo café del cielo. A veces la abundancia de historias lo acorralan a uno. Pasó que mientras escribía me nacieron otras. Tenía que elegir: qué cuentos publicar en Perfume de gol y qué otros tantos dejar para otro libro. Culposo como soy, la elección se me hizo pesadilla. Cada vez que optaba por uno y apartaba otro me ruborizaba, mis tripas del alma entraban en cólico. Me encomendé al azar y decidí que mi perro, Manyín, me ayudara. Desparramé en el piso de mi escritorio la primera hoja de varios cuentos. Manyín alzó una, se la quité, alzó otra, se la quité y así sucesivamente completé la selección. Gracias por tu azar, querido Manyín.
Gocé el tejido de este libro tanto como un animal que encuentra su ojal cuando está en celo. Hay escritores que viven la pulseada de toda escritura sufriendo hasta lo insoportable. Otros sienten la felicidad del acto hasta cuando describen una tragedia aérea. Estoy entre éstos. Durante su gestación conté estos cuentos, pero casi no los di a leer. Dos amigos, buenos lectores, con diferentes palabras coincidieron: "Qué lástima que sean de fútbol". Elogio desasosegante. Prejuicio generalizado. Así como a la literatura para niños, a los cuentos de fútbol se los considera género menor, literatura de cabotaje. Pero mi desasosiego no cuajó en complejo. Pienso que un cuento vale por lo que vale y jamás porque su asunto sea más o menos prestigioso. La academia, el canon, los eruCditos, que en paz sigan descansando. Por lo demás, lo estéticamente popular no quita lo valiente. Dicho sea: creo que no falta tanto para que hablemos de la narrativa futbolística con la naturalidad con que hablamos de la fantástica o de la policial. La expansión de los cuentos de fútbol no es tan grande como la de la soja patria, pero es notable. Un síntoma de crecimiento: ya pululan hasta cuenteros de fútbol plagiantes, y con espectacular éxito de ventas.
Escucho preguntas: ¿Qué no debe faltarle a un cuento de fútbol? Respiración, la ética de la sintaxis y, si se escribe en castellano, que se note. Al cuento, como a la novela, al teatro, al ensayo y a la poesía, no debe faltarle poesía.
¿Poesía? Sí, eso. Pero no la confundamos con esa patética estafa que es el lenguaje poético. Digo poesía como actitud de riesgo, como punzada en la médula. Sin la presencia de ese pulso, el cuento de fútbol, o de lo que sea, dura mientras dura. Fallece con la última palabra.
Me di todos los permisos en este libro. Como dije, no fui detrás de la novedad del relato con la mujer como eje, ni hice el menor esfuerzo en escribir para expertos y amantes del fútbol: le abrí la puerta al siempre sabio azar. Me entregué desatado de pies y manos al registro del relato delirante. ¿Por qué? Porque el delirio nos permite, al menos, empatarle a una realidad que desde hace décadas insiste en desnucar al surrealismo. Estoy entre los que creen que el delirio se ha vuelto una herramienta prodigiosa, inevitable. A la hora de ficcionar, el delirio es un acto de salud, de justicia, y nos arrima a una ecuación decorosa: la irrealidad de la llamada realidad ya no supera por tantos cuerpos a la ficción.
Una confesión: lo sentí mientras urdía estas historias. ¿Sentí qué? Que cuando se escribe un cuento se es Dios por un rato. ¿Dios con mayúscula o con minúscula? Depende, si en la escritura uno salta sin red, es Dios. Si salta con red, es dios. Y si salta sin red y encima con los ojos vendados, entonces merece la mayúscula y un acento: es Diós.

Por Rodolfo Braceli para ADN Cultura

Escribir para siempre



Circula en algún medio electrónico un inquietante estudio wikipédico, que reza más o menos lo siguiente: “Las generaciones futuras no podrán reconocer la letra manuscrita”. Y luego agrega algo así, para meter miedo: “Ni siquiera entenderán para qué se escribía a mano, o cómo era una carta”.
Es muy difícil transformar en noticia algo que ocurre en plazos de –digamos– cuatro mil años. ¿Dónde está la primicia en eso? Bah, la pérdida de la letra manuscrita quizá ocurra en mucho menos tiempo, pero aun así este cambio en la escritura (que es análogo a muchos otros cambios de verosimilitud del mundo, que van de lo oral a lo escrito y de allí a lo binario) es difícilmente una novedad.
Un amigo muy culto me ha contado algo fabuloso. Hace algunas décadas, EE.UU. ensayaba sus pruebas nucleares en Nuevo México. Luego decidieron que era más prudente hacerlo en países invadidos. Pero parece que este estado ya está contaminado. El paquetón está enterrado y asegurado, pero esta basura nuclear estará activa aún cuatro mil años. ¡Cuatro mil años! El gobierno yanqui se hizo cargo y se comprometió a cuidar a la humanidad. Han tenido que garantizar ante Dios que nadie abra estas ojivas ni desentierre esta calamidad.
¿Qué hicieron? Carteles. Tecnología semiológica de alto voltaje. ¡Pero 4 mil años son las pirámides! Ya no estaremos más. Habrá otros humanoides, o cucarachas, o seres refinados venidos de Venus o Chascomús. ¿Cómo advertir a semejantes lectores, cuando parece que mis sobrinos ni podrán leer lo manuscrito, ni recordarán qué era? Del desierto emergen carteles en todos los idiomas conocidos. Tal vez en 4 mil años el mapuche sea la lengua del imperio y ya nadie recuerde qué quería decir danger en ignota lengua muerta. Así que hubo un congreso de semiólogos para resolver el dilema. ¿Qué señales durarán 4 mil años? Vean, si no, el fracaso de las pirámides: hasta Champolion fue imposible deducir qué decían, y si en los sarcófagos hubiera habido radiación en vez de momias y chuchería, ahora estaríamos todos muertos.
Parece que –además de textos de alarma– hubo que incluir íconos y dibujos, mensajes claros pero destinados a culturas desconocidas. (¿Qué mejor definición para esa rara práctica ancestral que se llamó “arte”?) Semiólogos expertos del mundo acordaron poner una reproducción de El grito, de Edward Munch: creen que allí donde fallen las palabras y la letra, el mensaje estará así muy claro. Y que lo podrá entender hasta una cucaracha despistada. Me tiembla el pulso. No se nota porque no escribo en manuscrita.

Por Rafael Spregelburd para Perfil

Jóvenes apuestan por la efectivización de sus derechos II

Luego del cierre de la Semana por los Derechos de la Juventud 2009, los más de mil jóvenes que participaron, redactaron un documento donde se da a conocer el resultado y los reclamos que surgieron del Encuentro.

Eje derecho al buen vivir: (trabajo, derechos humanos, medios audiovisuales, educación, vivienda, exclusión y pobreza)
- Generar programas vinculados a la inclusión social y económica de los y las jóvenes.
- Garantizar las condiciones necesarias de transporte, vivienda, red de agua potable para la inclusión educativa.
- Reformular la legislación vigente para garantizar el acceso a una vivienda digna.
- Construir y recuperar instalaciones gratuitas y espacios públicos para realizar deportes variados y para la recreación.
- Promover la reducción de la generación de residuos y fabricación de envases.
- Proteger los recursos naturales.
- Promover acciones de prevención y recuperación de adicciones.
- Promover una mayor participación de los y las jóvenes en los procesos de transformación de la educación secundaria.
- Fortalecer y reconocer los espacios educativos de gestión social, tales como las experiencias de educación no formal y de educación popular.
- Dignificar las condiciones de trabajo para todos y todas. Promover la organización colectiva de los/as trabajadores/as para el cumplimiento de los derechos laborales.
- Acercar a nuestros barrios, localidades y municipios las técnicas aprendidas en los talleres de serigrafía, mural, radio, fotografía y teatro de la Semana por los derechos de la Juventud.



PARA LA REALIZACIÓN DE NUESTRAS PROPUESTAS CONVOCAMOS:

- A los y las JÓVENES para escucharnos, compartir, comprometernos, exigir, reflexionar, respetarnos, integrarnos, organizarnos, debatir, aprender, participar, ser buenos compañeros, construir.
- A las ORGANIZACIONES SOCIALES para llevar adelante acciones de cumplimiento y exigibilidad de los derechos, como espacios de formación cultural, social y política de los jóvenes.
- A las EMPRESAS en el respeto de la legislación vigente y el compromiso con el desarrollo social.

Y RECONOCEMOS al ESTADO, a nivel nacional, provincial y municipal, como garante para el cumplimiento y efectivización de los derechos de todos y todas.

miércoles, 4 de noviembre de 2009

Jóvenes apuestan por la efectivización de sus derechos I

Se dio el cierre de la Semana por los Derechos de la Juventud 2009, en su tercera edición. Entre los 1300 jóvenes y adolescentes de todo el país que vivieron cuatro días de debate y reflexión sobre los temas que les preocupan y afectan, coincidieron en los siguientes puntos.

DOCUMENTO DE PROPUESTAS

Los y las jóvenes y organizaciones sociales participantes de la Tercera Semana por los Derechos de la Juventud, en función de todas las actividades compartidas en estos días y de aquellas que realizamos en nuestros barrios, organizaciones, fundaciones e instituciones educativas, reconocemos nuestros DERECHOS a la libre expresión, comunicación, educación, recreación, salud, medio ambiente sano, información, vivienda digna, trabajo, identidad y participación política. Y, en base a los ejes que organizaron las reflexiones durante este encuentro, PROPONEMOS lo siguiente:

Eje diversidad e integración: (salud sexual y reproductiva, discapacidad, pueblos originarios).
- Respetar el derecho a la identidad de los pueblos originarios.
- Concientizar sobre la importancia de los símbolos originarios.
- Difundir más información sobre salud sexual y reproductiva.
- Promover vínculos de respeto e igualdad entre los géneros.
- Propiciar la integración en la diversidad de orientación sexual.
- Difundir las herramientas y las posibilidades concretas de integración social de las personas con discapacidad.

Eje protagonismo Juvenil: (Proyectos juveniles y experiencias, arte como medio de transformación social)
- Generar espacios y redes de manifestación y expresión de problemáticas comunes de los y las jóvenes y de construcción cultural como clubes, centros culturales, Ongs, sociedades de fomento, foros de debate virtuales, radios comunitarias y otros medios alternativos de comunicación.
- Favorecer posibilidades formales de incidencia de los y las jóvenes en las políticas públicas dentro de los ámbitos municipales, provinciales y nacionales.
- Reconocer a las organizaciones juveniles como interlocutores válidos de los distintos niveles de gestión estatal.
- Promover dispositivos de consulta y participación directa de los y las jóvenes en el debate sobre la Ley de Régimen Penal Juvenil.
- Rechazar la baja de la edad de imputabilidad y apoyar a las organizaciones juveniles que participan en el debate de la ley.
- Impulsar el arte como medio de transformación social, por ejemplo, a través de la elaboración de murales, las intervenciones callejeras, las campañas de sensibilización, el reciclaje de residuos con fines artísticos, etc.
- Garantizar financiamiento para los espacios de formación de formadores y líderes, donde las organizaciones tengan un rol más importante mediante una gestión de complementariedad con el Estado y con alcance latinoamericano.
- Que las organizaciones tomen el rol de profundización y alcance territorial de proyectos articulados en conjunto para/con el estado y otras organizaciones sociales.

martes, 3 de noviembre de 2009

Leyenda del fuerte diaguita de Tacuil

Hace cinco años llegamos a Molinos, un pueblo situado en el corazón de los Valles Calchaquíes, en Salta. Yo estaba acostumbrado a vivir en zonas montañosas, pero este paisaje era totalmente nuevo para mí.
En nuestro primer viaje desde la capital de la provincia dejamos el pavimento y comenzamos a subir la Cuesta del Obispo, luego la recta de Tin Tin y, finalmente, alcanzamos Cachi, donde me llamó la atención la enorme escultura de un indio calchaquí que parecía observar, con actitud de defensa, el valle que tenía ante sí.
Después de cinco horas llegamos a Molinos, pueblo pequeño, de calles anchas y casas bajas, la mayoría de adobe. Una iglesia antigua y una casa hacienda muy imponentes hablaban de la de la historia española en estas tierras.
Fue un tiempo después, en una pequeña biblioteca del lugar, donde encontré, pegada en una pared, una lámina que me produjo mucha curiosidad. Era la figura del indio que había visto anteriormente: con un gesto duro pero lleno de tristeza, él observaba una escena trágica. En una meseta enclavada entre cerros había un enorme caserío indígena y allí sucedía lo peor que le puede pasar a un pueblo: invasión, violencia, despojo. Sus pertenencias desparramadas, su gente castigada por los conquistadores españoles y, lo más impresionante, pequeñas figuras humanas que caían desde lo alto, por un costado de esa planicie. El indio y el cóndor eran mudos testigos?
En cierta ocasión, acompañé a mamá a recorrer puestos sanitarios del interior de Molinos. Uno de ellos, al que llegamos por la tarde, quedaba a casi dos horas del pueblo. Subimos un camino angosto y bastante empinado; llegamos a la cima y al dar vuelta la curva apareció, protagonista y solitaria, la montaña cortada de la lámina del indio. Junto al camino un cartel decía: "Bienvenidos a Tacuil, tierra del vino".
Cuenta la leyenda que los antiguos pobladores de los valles de Salta, los diaguitas, vieron cómo seres extraños se apropiaban de sus territorios, con armas y con animales de presa. Las actuales localidades de San Carlos, Angastaco, Molinos, Seclantás, Cachi y Cafayate fueron escenario de grandes avanzadas de ese invasor bien equipado. A pesar de eso, los diaguitas los enfrentaron con valentía, usando tan sólo el arco, la flecha y la lanza, y como escudo, su bronceado torso desnudo. Esta desigual guerra duró casi diez años. Los diaguitas estaban comandados por un cacique de espíritu aguerrido y una gran inteligencia, al que la leyenda bautizó como Kalchaki, en idioma "kakano".
Ante el avance y el poderío del invasor, las fuerzas diaguitas fueron retrocediendo hacia lugares más estratégicos, como Colomé, Amaicha y Gualfin. Al llegar al Valle de Tacuil se atrincheraron en una altísima e inmensa fortaleza natural. En esta meseta resistieron cinco meses, hasta que, agotadas sus fuerzas por falta de agua y de alimentos, entregaron los niños a los sacerdotes que acompañaban a los expedicionarios. Finalmente todos, hombres y mujeres se arrojaron al abismo. Desde las alturas el cóndor mira y pasa? Este pueblo "de la aguada del alto", según su traducción en lengua kakana, recuerda la resistencia de los indígenas, especialmente de Juan Calchaquí.
El Fuerte de Tacuil es esta inmensa meseta de más de 400 metros de altura, de color rosa ladrillo. En este escenario tuvo lugar la trágica historia que acabo de contarles, en la que los indios valorizan la vida sólo cuando está asociada a la libertad.
Hoy en día Tacuil es una finca dedicada al cultivo de viñas. Los pobladores cuentan viejos relatos sobre la defensa del Fuerte. Dicen que había "una piedra trampa" en la única entrada a la cima del lugar. Quien no sabía esto y no tomaba precauciones, la pisaba y caía al vacío. Hay restos arqueológicos de antiguas construcciones y numerosas piezas de alfarería que dan cuenta de lo sucedido.

Por Juan Gerónimo Quiroga
El autor es alumno de séptimo grado en el Colegio N° 5054, de Molinos, Salta.
Este relato obtuvo el segundo premio, por el nivel primario, en el concurso Rincón Gaucho en la Escuela

Fuetne: La Nación

jueves, 29 de octubre de 2009

Malas Palabras

Ximena Dahm andaba muy nerviosa, porque aquella mañana iba a iniciar su vida en la escuela. Corriendo iba de un espejo al otro, por toda la casa; y en uno de esos ires y venires,tropezó con un bolso y cayó desparramada al piso. No lloró, pero se enojó:

–¿Qué hace esta mierda acá?
La madre educó:

–Mijita, eso no se dice.
Y Ximena, desde el piso, quiso saber:

–Para qué existen, mamá, las palabras que no se dicen?

Eduardo Galeano, Bocas del Tiempo

"Veo la poesía en todos lados"

Cuenta que el piso de su casa está cubierto de páginas con correcciones. Que escribe en su vieja Remington y que no puede teclear sobre cualquier papel: tiene que sentir cierta rugosidad; si es liso al tacto, no sirve para su lucha con la hoja en blanco. Repite que la poesía está en todas partes, pero que lo difícil es alcanzar el poema.
Eugenio Mandrini es un locuaz voluptuoso. Dice que escribe mucho, pero que no le interesa publicar. Y cuenta también que cumplió 72 años pero tiene 135, porque continúa la vida de su padre, que le enseñó a leer.
Cuando habla, Mandrini cita, o recuerda, o evoca líneas de sus maestros, de aquellos hombres con los que se encuentra como lector, oficio que enaltece y para el que también, asegura, hay que prepararse. Y hasta cuando se le pregunta por su poesía encuentra el modo de hablar de otros y analiza versos de Salvatore Quasimodo o Enrique Molina para ejemplificar, a partir de ellos, su laborioso oficio.
"Soy casi un maestro de la microficción", dice con una sonrisa, y confiesa que no puede evitar la tentación de mixturar los géneros, procedimiento que es una de las claves de Conejos en la nieve (Musarisca/Colihue), que ganó el premio de poesía Olga Orozco 2008, con un jurado integrado por tres premios Cervantes, el español Antonio Gamoneda, el chileno Gonzalo Rojas y el argentino Juan Gelman, más Jorge Boccanera, titular de la cátedra de poesía latinoamericana de la Universidad de San Martín, organizadora del certamen. "La verdad es que mandé el libro porque quería que ellos me leyeran. Todavía no puedo creer este premio, este reconocimiento. Por eso también me pareció importante publicarlo."
Antes había publicado dos libros de narración poética: Criaturas de los bosques de papel y Campo de apariciones, y el ensayo Tango. Magia y realidad. Como muestra de su desinterés por la publicación, vale recordar que sigue inédita su novela La Bilis, finalista en los años 70 del concurso Sudamericana- La Opinión con otro jurado de lujo: Augusto Roa Bastos, Julio Cortázar, Rodolfo Walsh y Juan Carlos Onetti. "La explicación que me dieron para no publicarla fue que mezclaba mucho los géneros. ¿Qué más puedo decir sobre eso? La guardé y listo."
La obsesión de Mandrini es el poema y evade hablar de su libro. "Veo la poesía en todos lados -dice-. Lo difícil es alcanzar el poema. Hoy hay una tendencia a no escribir poemas sino a hacer el libro, que el libro sea el poema y termine por darle sentido. Pero la poesía no es un trabajo de acumulación sino de excavación. Y entre un poema y otro hay que esperar."
-Esa espera se nota en Conejos en la nieve. Son poemas unitarios, donde se esgrimen distintos recursos, distintas formas.
-Lo que hice con esos poemas individuales tiende a desaparecer. Se me hace que el poema como construcción unitaria va a desaparecer.
-Están los mandatos de época.
-El lenguaje de todos, el tuyo, el mío, el del hombre de la esquina, son mandatos de la época. Lo que ocurre es que la individualidad del autor trastoca eso. Siempre el mandato de la época es irrefutable, pero hay algunos autores que son pájaros con cielo propio, son los inclasificables. ¿Dónde clasificás a Kafka? ¿En qué tiempo lo ubicás? Hay que ver cómo incorporás el mandato de tu época dentro de tu interioridad y tus posibilidades.
-Conejos... es un intenso ejercicio de preguntas.
-Pregunto para excavar. Los poemas no tienen un remate, porque lo que me importa es hacerme preguntas.
-Y el título alude a una imagen plástica.
-Es un blanco sobre blanco pero no son blancos iguales. Los poemas tienen que tener una estructura visual, plástica, y los elementos no tienen que estar puestos al azar. Todo tiene su razón. La poesía es una aventura, pero también es importante el momento racional y científico. Es el momento en que los dados están echados, pero la ubicación la decide el poeta. Hay una ingeniería poética que se desarrolla después de escribir el poema, en el momento de la corrección. Estuve meses estudiando un verso de Drummond de Andrade que hacía llorar a (Joaquín O.) Giannuzzi: "La vida es gorda, oleosa, mortal, subrepticia". ¿Escuchaste alguna vez algo parecido? Cuatro adjetivos que no fueron colocados al azar y que demuestran el poder de lo racional y científico en la poesía, que viene después de la percepción aguda del poeta.
-¿Qué busca como escritor?
-¿Qué busco? Una línea, una sola línea. Una que me justifique. Y si encuentro otra, bueno, soy un fenómeno.
-No es una tarea sencilla.
-Hay que ser auténtico. Como César Vallejo. ¿Cuáles son las cosas que te atraviesan, que te oscurecen? Uno necesita la tragedia para nutrirse. Yo soy un trágico. Tengo una concepción y un sentido de la vida que es humanista, pero soy un trágico. ¿Para qué sirve la respuesta? No quiero respuestas.
-El verso libre lo ayuda en esa búsqueda, sobre todo porque le permite esa mezcla de géneros, de tonalidades y de intensidades que se leen en Conejos...
-La grandeza del poema libre es que cada uno tiene su propia estructura. Se busca a la deriva una estructura para cada poema. En Conejos... hay estructuras por todos lados, pero esas estructuras están construidas en función de mi búsqueda.
-A ese otro lado al que va, ¿no se llega con estructuras más rígidas?
-Contra lo que muchos creen, el verso libre exige una elaboración que va más allá del talento o la intuición creadora. La obra de tipos como Enrique Molina, Discépolo, Quasimodo, Vallejo, Manzi y Pavese tiene mucha ciencia, mucha cosa racional. No hay azar en sus obras.
-¿Es cierto que escribe en una Remington?
-Una ruidosa Remington. Necesito ese sonido pero sobre todo, sentir esa lucha con la página en blanco. En la computadora no se padece esa instancia de la misma manera. Y además está el papel. Yo no puedo escribir en esos papeles alisados, que se resbalan de la mano; necesito sentir cierta rugosidad al tacto. Esa aspereza le da vida.

Fuente: ADN Cultura.