lunes, 30 de noviembre de 2009

Los piqueteros digitales a la calle

Humanos de criadero. Serpientes trajeadas. Robots sensibles. La cultura tecno renovó monstruos. Su piratería comunica estragando a placer. ¿A qué nuevo timo lleva la cultura tecno? Primero a descerebrar. Hamlet ya sabe que lo "nosieron". Su pregunta bajó de rango. Ya convertido en periférico manual del celular su duda mayor es de cuarta.¿Atender o no atender?
La vista gorda oficial y la "letra chica" contractual lo tienen de rehén. Pero no por mucho tiempo. La resistencia crece y desnuda las trampas. Se vienen los piqueteros digitales y aprontan apagón de celulares. Lo programan por dos días contra desborde de tarifas. En USA fue de 5 días y la ganaron.
También habrá protestas en plazas argentinas este martes por un Oscuro manotazo de Claro: vender y cobrar como ilimitado un servicio de internet que retiene en pijoteros 750MB. Se veía venir. Colón, Cortés, fueron pioneros. Todo progreso viene revuelto y hasta los más adultos reaniman su infancia inercial.
La maquinaria mercantil es genial y sorbe el seso al más pintado. Sus popes son muy sensibles y ya alertados de que saltó la liebre armarán su timo de recambio. La especie paga caro pasarse de mambo en la velocidad del cambio cultural. En esto, los primos Neandertales eran más "cultivados". Evitaban el invierno. No dependían de Garbarino. Iban detrás del sol y los frutos de cada tiempo. Esto en algún momento se derrumbó. Y después no hablemos. Y ahora a superar el disloque.
Todo viene cambiado. Hasta la lucha por el medio ambiente está infiltrada y en Copenhague arderá Troya en diciembre. Con lo digital flamante sobran plagas. Palabras estrujadas. Bobadas en auge. Teóricos de bolsillo. Euforia por la cáscara. Portavoces "untados" que aplican el discurso erótico de los gurúes brasileños. Una cosa es la Evolución antibabel de Internet, democrática de Wikipedia, social de Redes y otros fabulosos aportes que alientan la esperanza en que una época nueva ya empezó. Pero que habrá que acompañarla no con los dedos sino con las neuronas.
Si dejamos que al socaire de estas maravillas nos embuchen como al pavo nos tendrán que dar cuerda para poder pensar. Bastará una campaña piola y por solo dos pesos habrá programas Neocórtex que cambiarán la lógica y Límbicos que agenden y ecualicen la emoción (efecto ya in progress).
Vaya que le costó despegar al pulgar y fundar la cultura para acabar hoy en percutor pulgarcito de un teclado que termina sorbiéndole el seso (y el sexo) Los cinco sentidos están en bancarrota. Un Neandertal olía a su fémina a 20 millas. Cuando asomaba un Cromagnón el león metía rugido en bolsa. La capacidad craneal de aquellos choznos era mejor que la nuestra. Y las paleolíticas caderas de sus mujeres más anchas y aptas para parir sin dolor.
Al primate humano macho de hoy lo están transformando en mero pollo que corre y picotea sin pausa en la cinta sinfin mientras los anabólicos le inflan pechugas y pezones. Así de igual hipoteca su lengua. Y su pasión. Tanto que cambia un espontáneo “Te quiero un montón" por frígido telegrama "TQM" (Y esto, así,va de popa).

Por Esteban Peicovich para Perfil.com

miércoles, 25 de noviembre de 2009

"La grieta que se abrió en 2001 entre la gente y la dirigencia no se pudo cerrar"

En una entrevista con lanacion.com, el periodista y escritor Jorge Lanata, aseguró que la Argentina está en "una instancia de transición que todavía no terminó"; "Tenemos todo lo que tendríamos que tener, pero igual fracasamos año tras año", evaluó


- ¿En qué pensás cuándo escuchas la palabra Bicentenario?
- Mucha dialéctica y poca realización. Estaría bueno hacer algo con el Bicentenario. Me da la sensación de que es una fecha vacía que estaría bueno llenarla de contenido.
- ¿Qué tipo de contenido?
- En general nosotros, como país, nos dedicamos a discutir estas fechas de manera simbólica y para nada práctica. Estaría bien discutir el Bicentenario desde otro lugar, diciendo qué cosas podemos hacer para integrarnos, para que esto realmente sirva para algo, para que sea el comienzo de algún tipo de proyecto y sacarlo de la discusión histórica y llevarlo a la discusión política concreta, coyuntural.
- Desde la Presidenta hasta varios dirigentes de la oposición intentaron instalar esta discusión desde la retórica?
- El problema es que no es sólo retórica. Estamos todos de acuerdo; todos tenemos buenas intenciones. Se cumplen 200 años ¡Uh, qué lindo! Es momento de preguntarnos cómo estamos 200 años después. Sería interesante saberlo. Vos fijate que en un país como éste no hay estadísticas. Ya empezamos mal con esa pregunta.
- Lo decís por el Indec?
- Estoy hablando más allá del Indec; el Indec también, pero no hay estadísticas o las que hay son muy malas. No estaría mal con ocasión del Bicentenario hacer un muestreo real para ver cómo estamos en todo. ¿Qué pasa con los chicos que toman menos leche en las escuelas? ¿Crecen menos? ¿Qué pasa con la desnutrición en Tucumán o el analfabetismo en Buenos Aires? Para llegar a algún lugar tenemos que ver de dónde salimos. Preguntarnos cómo estamos no es algo menor.
- Y ¿cómo estamos?
- Creo que los tiempos de los políticos y de los intelectuales son distintos a los tiempos de la gente. La gente tiene tiempos más lentos, pero inexorables. Cuando la gente cambia, cambia. Por ejemplo: me parece que costó 20.000 o 30.000 muertos y 10 años de dictadura, pero no va a ver otra dictadura. Las cosas van cambiando de manera muy lenta. Estamos en una instancia de transición que empezó en 2001 y todavía no terminó. Tenemos que tratar de hacer más democrática la democracia y no es un juego de palabras. Pasar de lo que llamaría Guillermo O´Donnell , una democracia de baja intensidad a una democracia de alta intensidad o real.
- En este recorrido, ¿cómo ves a las instituciones?
- Le falta a las instituciones. El reclamo de la grieta que se abrió entre la gente y la dirigencia en 2001 aún no se pudo cerrar. Está latente, subterráneo. Es lo que explica la crisis de partidos, que el radicalismo y el peronismo no existan. También explica esa crisis el menemismo, porque fue quien empezó a destruir la idea de partidos políticos. Eso, sumado a que los partidos dejaron de escuchar a la gente. El reclamo por el voto sábana, la truchedad en la elección, por cambiar las fechas, el cambio de domicilios; un motón de cosas formales está haciendo que por debajo esa duda que sé instaló en 2001 siga agrandándose cada vez más. Si ves los números desde 1983 para acá, cada vez va menos gente a votar. Esto sólo nos importa el día de las elecciones y después no se habla más, pero cada vez va menos gente. Es una gota cada vez más grande, esa gota es la expresión de ese sentimiento que va por debajo de la ruptura entre los dirigidos y los dirigentes.
- ¿Crees que es posible reeditar en la Argentina el Pacto de la Moncloa que hicieron los españoles?
- No sé si las experiencias son transmisibles de un país a otro. Los países son distintos y lo fundacional debería estar hecho por gente nueva, no vieja. Creo que escuchar a los viejos fundar algo nuevo es poco creíble. Si el hombre nuevo va a salir de un grupo de hombres viejos, estamos jodidos. Hay que buscar otra cosa. Cuando la gente decía "que se vayan todos", quería decir que se vayan todos. Sé que no es practicable pero, ahora, tratemos de acercarnos a eso.
- ¿Crees, como se ha dicho, que estamos condenados al éxito?
- No sé si alguien puede estar condenado al éxito. Hasta ahora estuvimos bien condenados al fracaso. Digo, tenemos todo lo que tendríamos que tener y sin embargo fracasamos año tras año, generación tras generación. El problema de la Argentina es claramente un problema de la dirigencia. La Argentina no es buena ni mala en sí, es potencialmente un país increíble que nunca funciona.
- ¿Por qué nunca funciona?
- Se dice que es porque `está lleno de argentinos´, pero los argentinos tenemos distintas responsabilidades. No es lo mismo la responsabilidad de un tipo que vive en la Villa 31 que la de [Eduardo] Duhalde. No es igual. No quiero justificar todo ni victimizar a nadie en particular, pero no es lo mismo. Si un nene come menos cuando es chiquito, es menos inteligente cuando es grande. Ese pibe no tiene la misma responsabilidad que el que va y firma un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI). Insisto, no es lo mismo. Ahora, que nuestra crisis viene de la dirigencia no tengo dudas. La gente que no puede comer no fue la que nos cagó.
- ¿Cómo se cambia esa realidad?
- Una manera de renovar la clase política es terminar con las reelecciones. Es una manera de decir que cambien. El tipo es bueno, ya vendrá otro que pueda ser bueno también, nadie es imprescindible.
- ¿Por qué el hambre o la pobreza están fuera de la agenda?
- El tema del hambre es un tema que está fuera de la agenda porque no es popular, no trae rating, no suma. La gente que está fuera del sistema no le importa el sistema, tampoco le interesa el clientelismo. Además, porque hay una responsabilidad directa muy grande del poder en todo esto, todos saben que se puede arreglar y nadie hace nada para arreglarlo, no es que no sea posible arreglarlo.
- Faltan políticas de Estado de largo alcance?
- Uno de los problemas que tenemos en términos políticos es la falta de liderazgo, no hay líderes. Un ejemplo es lo que pasó con la ley de radiodifusión y el fútbol: el Gobierno venía de menos que cero, de perder una elección contra nadie [por Francisco de Narváez], porque no le ganó [Charles] de Gaulle, le había ganado nadie. Venían de perder con nadie en un momento que todos pensábamos bueno, se quedarán o no, llegarán a fin de año o no. Desde ese lugar, desde la Base Marambio, el Gobierno retomó la iniciativa política, le cambió la agenda a la oposición, los forreó con el tema del diálogo, los dejó pagando y empezó a construir para otro lugar, para el que nadie estaba mirando. Eso demuestra, más allá de lo que se piense de él, que Kirchner todavía es un líder y los otros no lo son.
- ¿Te gusta el camino que tomó el Gobierno?
- No sé a dónde vamos. Creo que Kirchner lo que está haciendo, a pesar de que fue muy hábil para recomponer su escena, es confundir su escena con el resto de la realidad. Hoy le diría a Kirchner que lo único que está pasando no es la ley de radiodifusión y el fútbol. Ojo, si él confunde la realidad con eso, estamos en un problema. Estamos hablando de eso, pero a la vez volvimos al FMI, aumenta la desocupación, la situación económica es cada vez más artificial, está habiendo problemas con los gremios. O sea, está pasando todo lo otro y todo lo otro hoy parece que no existe porque sólo existe lo que Kirchner tiene como obsesión y ahí es donde creo que se equivoca y ese va a ser el error de Kirchner.
- ¿Qué recuerdos tenés de los festejos por el 25 de Mayo?
- Actos aburridos en el colegio. Se han ocupado por enseñarnos la historia de una manera bastante vacía. Es una lástima, porque con los años uno aprende que hay una historia, que uno forma parte de algo, que es muy confuso, pero que está. Que hay una nación que se llama Argentina, que busca crecer, que está en pelea todo el tiempo, pero son todas cosas que uno descubre después de los 40, no antes. En el colegio no nos cuentan esas cosas.
- Uno de los objetivos de los comunicadores es llegar a la mayor cantidad de audiencia. Si pudieras hablarle a todos los argentinos, ¿qué les dirías?
- El otro día en una charla una señora me preguntó: "¿Usted está pidiendo que hagamos algo que no vamos a ver?". Y le contesté que entendió perfecto. A ver si se entiende lo que pregunto: ¿Nos animamos a hacer algo trascendente? Si la respuesta es sí, este país puede cambiar en treinta o cuarenta años; si la respuesta es no, no le demos más bola a este tema y vámonos o no nos calentemos más por este asunto. No vamos a cambiar el país en 15 minutos.
- ¿A qué te referís con algo trascendente?
- Algo que nos trascienda, algo cuyo resultado no vamos a ver. Hubo momentos en los cuales este país se pensó así: Manuel Belgrano, Mariano Moreno, José de San Martín Bartolomé Mitre, Domingo Sarmiento, lo pensaron así. Pensaron un país para los próximos 50 años y sabían que no iban a estar para verlo. Si nosotros hacemos una apuesta trascendente por el país que implique el sacrificio de decir no lo vamos a ver, esto a lo mejor cambia.
- ¿Qué habría que hacer?
- Primero tenemos que asociar la idea de cambio con la idea de trabajo, acá pensamos que las cosas cambian sin que nadie se esfuerce y no es así. La única manera de cambiar las cosas es laburando. Para que cambien, no hay otra manera. Y eso lleva tiempo, no un año o dos, sino 10, 20, 30 años. Le diría a la gente que no seamos hipócritas cuando pedimos que el país cambie, que sepamos que los cambios verdaderos son lentos y llevan tiempo, pero que nos preguntemos si realmente estamos dispuestos a enfrentarlos y si no, no jodamos más.

martes, 24 de noviembre de 2009

declaración universal de derechos de las personas mayores

¿Por qué es necesaria una declaración universal de derechos de las personas mayores?

Durante el siglo XX se inició en América latina un proceso de envejecimiento de la población que, lejos de revertirse, se profundizará: en 2050 las personas mayores de 65 años serán más numerosas que las menores de 14.

El alargamiento de la vida humana es, sin duda, un logro para los países, pero también se convierte en un desafío, ya que requiere de la adaptación de los sistemas sociales y de salud, para que todos los ciudadanos puedan vivir con dignidad hasta el final de sus vidas.

En América latina, a diferencia de lo que sucedió en Europa, el envejecimiento de la población se está produciendo en situaciones de desigualdad social. Por eso hay que velar porque los recursos se distribuyan con equidad y transparencia entre los diversos grupos sociales.

Varios organismos internacionales y gobiernos de esta región están procurando avanzar en una convención internacional que reconozca los derechos humanos de los adultos mayores.

Esta medida ayudaría a dar más visibilidad, a respetar y proteger a este grupo, a incluirlos en las políticas públicas y en las legislaciones.

También serviría para evitar toda forma de discriminación o maltrato, a cambiar la imagen social del adulto mayor y a entender los problemas del envejecimiento no como un tema de índole privada, sino como una cuestión publica que compromete a la sociedad.

Una convención bajo el marco de las Naciones Unidas es un acuerdo que obliga a los países a hacer lo que allí se compromete. Y resta mucho por hacer, porque con esto solo no alcanza. Hace falta una sociedad civil organizada y comprometida, pero para eso se deberán producir algunos cambios.

En primer lugar, las personas mayores deberán asumir su identidad mayor y organizarse para exigir sus derechos. En segundo lugar, las organizaciones existentes deberán reconvertir sus acciones, hasta ahora recreativas, hacia nuevas formas más efectivas de participación social.

Por último, otras ONG deberán sumarse para lograr la construcción de una sociedad para todas las edades. Porque no es la edad lo que produce vulnerabilidad, sino la precariedad de los mecanismos de protección hacia un grupo del que todos, en el mejor de los casos, llegaremos a formar parte algún día.

Silvia Elena Gascón
Directora de la maestría en Gestión de Servicios de Gerontología de la Universidad Isalud, para www.hacercomunidad.org

lunes, 23 de noviembre de 2009

martes, 17 de noviembre de 2009

Lo bello

“Yo se que este filete no existe. Que cuando me lo llevo a la boca, la Matrix me esta diciendo a mi cerebro que es jugoso y que esta delicioso…”

The Matrix. 1999

¿Qué es lo bello? ¿Lo decido yo o alguien o algo me está indicando qué debo considerar bello? ¿O ambas cosas a la vez?
Para Charles Baudelaire, lo bello tiene que ver siempre con una doble composición. Pero la impresión que genera es univoca. O sea, el que decide soy yo. Pero no descarta que distintas circunstancias, como la época o la moda le digan a mi cerebro que es agradable o delicioso. Pareciera que hoy en día, esta última opción tuviese más protagonismo.
Decir que lo bello o lo feo tiene que ver con las épocas o culturas donde se mencionan, no es nada novedoso. Siempre se los intentó definir desde algo estático. Por consiguiente, creo que lo bello o lo feo depende del momento y los parámetros en que se tomen. Al decir de muchos, “la belleza y la fealdad depende de la época y de las culturas, lo que era inaceptable ayer pudo convertirse en lo aceptado de mañana y lo que se considera feo puede contribuir, en un contexto adecuado, a la belleza del conjunto”.
Ejemplos tomados del arte: En el cine, ¿cómo se explica que un ser como ET, el extraterrestre pueda resultar lindo, logrando inclusive cambiar el sentido de los extraterrestres en el cine?. O para otros, ¿cómo puede resultar agradable a la vista una pintura, que quizás a otros les parece oscura o sin sentido? ¿O qué decir del arte moderno realizado sobre líneas o con animales?

Lo que se dice bello nos rodea. Lo apreciamos por la razón o por los sentimientos. O ambas a la vez. Pero a no confundir belleza con practicidad. Lo bello se siente dentro de uno. Se podrá obtener con razones, pero ese primer instante de captación es interno y sentido. Es en el espíritu. Eso es lo que hace que para cada uno de nosotros, haya algo bello en particular. Se puede coincidir, pero no es siempre por los mismos motivos.
La diferencia que noto con lo sublime tiene que ver también con el espíritu. Algo bello nos regocija interiormente en un primer paso. Lo sublime, primero te empequeñece, luego te pierde.

Existe una gran mayoría a la que le resulta “bello” que le digan que debe considerar bello. Sabiendo inclusive que no les gusta, aceptan por distintos motivos, que les ordenen a su cerebro que es lo lindo.
Pero ¿se puede contra el don humano de la belleza y su espíritu?. Creo que a uno no le gusta una cosa u otra porque sí. Uno busca, quizás hasta inconscientemente, “ESA” cosa.
Esto me lleva a Sócrates. En el Hipias se pregunta ¿Existe la belleza en si misma?. Primero dirá que sí, para luego decir que no. Pero creo que un debate es sobre la belleza y otro es sobre lo que nos parece bello a nosotros. Benedetto Crocce sostendría mucho más tarde que en la naturaleza hay lo que hay, existencia. La belleza está sólo en lo humano.
Creo que aquí es donde interviene el espíritu de la humanidad. No sé si hay eso que llaman belleza en la naturaleza, quizás sea otra discusión, pero si creo que nuestro espíritu hace que, por distintos motivos, lo veamos bello. Inclusive quizás hasta más tarde, no lo veamos de esa manera, quizás en otros tiempos lo consideremos distinto. Si a esto le sumamos que cuando el hombre crea, crea belleza. ¿Qué más se puede decir?. El espíritu, si se quiere, es aquel que ordena a mi cerebro, a mi alma si se me permite, sentir la belleza de algo. Sea al crearlo, sea al contemplarlo. Hasta quizás sepa uno que ese ALGO no existe. Que cuando lo veo sólo me gusta a mi. Pero en ese momento, ese ALGO está hecho para mí y mi espíritu.

Bernabé Tolosa

lunes, 16 de noviembre de 2009

Mirada

Los pájaros en el oriente
son mensajeros de la luz.
En la continua respiración del valle
los animales han vuelto a serenarse
en sueños
Y las brisas Pasan lentamente.

Alguna trompeta, en ese amanecer,
intentará exhalar la lejania.
Es su sonido
surcando las enigmáticas plantas del verano.

Hasta que se venza esa mirada
y vuelva a caer el manto de la noche
y se entumezca levemente la nostalgia en las sombras.


Por Luis Alberto Spinetta, de Guitarra Negra

viernes, 13 de noviembre de 2009

La tapia

En esa tapia que se ve desde la ventana, un enamorado ha trazado con spray un corazón atravesado por una flecha. Es Año Nuevo, otro año más. En esa tapia anochece muy pronto ahora, pero dentro de poco, cuando oigas graznar las grullas cruzando el cielo, te sorprenderá que a media tarde el sol se demora sobre ese corazón de spray hasta dorarlo por completo y ésa será la señal de que está creciendo el día. La savia entonces celebrará su fiesta y cuando se inflen las gemas de todos los árboles, puede que la vida te haya obsequiado ya con la primera puñalada, pero la naturaleza mandará abejas de oro a libar en esa herida y la convertirán en miel si logras que la confundan con la primera flor de primavera. A medida que el aire se haga dulce, el deshielo creará arroyos luminosos en el monte y de la misma forma en la ciudad los manantiales que brotan en la puerta de las aulas dejarán correr adolescentes llenos de amor por las calles de abril y algunos se amarán por primera vez contra esa tapia, junto al corazón de spray, que lleva frente a tus ojos un tiempo indefinido. El verano pasado soportó el calor tórrido del asfalto en medio de la ciudad desierta, pero esta vez un mendigo instalará su lecho de cartones muy cerca en la acera para compartir con él la misma soledad mientras estés lejos. En el mar habrá fiestas bajo las estrellas, las risas de los amantes sonarán contra el cristal de las copas y una música te llevará hacia una isla desnuda. El fragor de las chicharras te hará olvidar que el mal existe y tal vez la dicha será sólo una mirada o una brisa por debajo del vestido de lino o el ritmo de unos versos de Horacio compartido con un mismo chasquido de labios. Cuando regreses a la ciudad, el mendigo ya se habrá ido y será septiembre. El corazón de spray seguirá en la tapia y será otra vez sólo tuyo. Si vuelves con otra herida, la cubrirán las hojas amarillas bajo la lluvia oblicua de otoño y ese infortunio no será sino la misma melancolía que hace fermentar el humus de los jardines. Formando una lanza cruzarán el cielo lívido las aves en busca del Sur y tú podrás obligarlas a que atraviesen la memoria de todos tus placeres, mientras la tarde vuelve a cerrarse muy pronto sobre la tapia. Ha pasado un año, otro año más. Los valses de Strauss de la orquesta de Viena formarán de nuevo una nube de azúcar para cubrir todas las tragedias del planeta junto a ese corazón de spray, hoy oscurecido, pero una tarde te sorprenderá que el sol se demora hasta prenderlo en llamas y la vida volverá a empezar.

Por Manuel Vicent
El autor, español, es escritor y columnista del diario El País de Madrid.

La magia de los libros

Las drogas más poderosas que he consumido en mi vida, las sustancias psicodélicas más transformadoras, fueron ciertamente algunos libros que he leído.

Cuando tenía 16 años, por ejemplo, las novelas de Leopoldo Marechal (Adán Buenosayres, Megafón o la guerra y El banquete de Severo Arcángelo) se transformaron en faros cuya luz atravesaban las penumbras de la miserable vida cotidiana, las rutinas embrutecedoras que agobiaban mi existencia, para iluminar la vida legendaria que desde niño había añorado como si ya la hubiera experimentado.

Tal fue mi pasión por Marechal que, con la excusa de un falso reportaje para una revista colegial, fui a tocarle el timbre. Leopoldo fue un anfitrión encantador y paciente que nunca expresó el aburrimiento que le produjo mi acechanza. En aquellos años, tanto su escritura como la de Roberto Arlt me transportaban a un territorio legendario, una región imaginaria que desbarataba los límites convencionales de la argentinidad. Ellos recorrían en sus narraciones los senderos laberínticos de una promesa existencial que yo también me había hecho.

En mi juventud fui un lector adicto y obsesivo. Leía todo aquello que estaba señalado en el mapa de las lecturas que habían diseñado los expertos. Descubrí tarde que así como el mapa no es el territorio, ni el menú es la comida, la literatura no son los libros. La auténtica droga, la magia transformadora, estaba oculta en la sustancia de algunos libros extraordinarios que se disfrazaban de libros. Crimen y castigo no era una novela que sucedía en Rusia y las vicisitudes de aquel asesinato nos identificaban con el homicida. Raskolnikov era un tipo como nosotros y su crimen era una invitación desesperada a comprender que la ley no existía, que todo estaba permitido, que vivíamos en un mundo salvaje y despiadado donde el primer pez que tuvo hambre se convirtió en asesino.

Los poetas malditos (Baudelaire, Rimbaud, Lautréamont, Artaud) azuzaban el fuego que ya quemaba tu alma. Ellos eran una patada en el culo a todas las promesas de la vida normal, a la dicha del amor y a las normas de la decencia.

William Burroughs, quien durante muchos años se resistió a convertirse en escritor, asegura que fue la magia de Hemingway la que lo empujó a la escritura. “No sé si su relato París era una fiesta estaba siquiera bien escrito, lo importante es que la gente comenzó a comportarse como sus personajes, a vestirse como ellos. Eso no es literatura, eso es magia y es lo mío, me dije.”

A principios de la década del 70 llegó a mis manos uno de esos libros inolvidables que afectaron mi rumbo existencial tanto o más que cualquiera de los estímulos e influencias reales que me rodeaban. Fue Primavera negra, de Henry Miller. Ese libro me ayudó a comprender que eran inútiles los esfuerzos que yo estaba haciendo por convertirme en el idiota que los seres queridos me insistían que fuera. Fue como sacarme un traje gris y pesado que era yo mismo. Henry Miller me hizo dar cuenta de que yo era lo que no sabía que podía ser.

El poeta Néstor Perlongher, en la década del 80, dijo en una entrevista: “Piensan los alemanes, hacen rock los ingleses y narran los yanquis”. No se equivocaba: toda la narrativa del siglo pasado estuvo atravesada por los escritores sajones. Truman Capote y Norman Mailer dieron nacimiento a la narrativa periodística o documental aunque desde mi punto de vista la figura más influyente de ese género fue Ernest Hemingway, un escritor que dejó estampado un sello de heroicidad y bravura alrededor de su figura.

En el camino, de Jack Kerouac, fue un manual de instrucciones de cómo escaparse de la vida ordinaria y su lectura arrastró a una gran cantidad de miembros de mi generación a sacarse la corbata de estudiante universitario para salir a vagabundear como linyeras por las calles del mundo.

La melancolía etílica de Malcolm Lowry, la mirada vulgar y certera de Bukowski sobre los pequeños y miserables actos en que consisten las vidas, las demoledoras visiones casi cinematográficas de Raymond Carver sobre la sordidez que se esconde tras los modales de la convivencia, la mágica inventiva que surge en El palacio de la luna, de Paul Auster, o en Rock Springs, de Richard Ford. Esos escritores eran amigos invisibles y distantes que yo amaba como si los conociera.

En Latinoamérica, bajo la publicitada etiqueta del realismo mágico, la literatura se sumergió en el buceo obsesivo de un pasado mítico, en una reivindicación ideológica de los fantasmas de lo extinto. En nuestro país todos los relatos de las últimas dos décadas estuvieron signados por la presencia más o menos visible de las dictaduras militares, de la tragedia de los desaparecidos y de las distintas vicisitudes de la epopeya del peronismo. Esa narrativa nos propuso la asunción de una culpa, la conciencia de un fracaso, convirtiéndonos en prisioneros de la historia. Yo creo que el artista debe oponerse a la legitimidad de la historia. Mientras que las verdades que surgen del pasado nos sujetan y determinan, las que vienen del futuro nos liberan y nos exponen a las tormentas del extravío.

Por E. Symns

jueves, 12 de noviembre de 2009

Locos por los gatos


Ya amenazan el reinado de los perros. El fin de los prejuicios y las razones ocultas de un (renovado) amor incondicional.

A simple vista pareciera que los gatos llevan todas las de perder. Cargan con una fama ancestral de animal de mal agüero, desleal, poco obediente a las órdenes, pobre guardián y que ni siquiera confiere estatus a sus propietarios.

Pero aunque hay solamente 80 razas de gatos contra 5.000 de perros y fueron domesticados mucho más tardíamente que los canes, en Estados Unidos, China, Canadá y toda Europa, los gatos ya destronaron a los perros, y la tendencia sigue subiendo. En Estados Unidos hay unos 20 millones más de gatos que de perros, y un tercio de la población tiene al menos un felino doméstico. En Europa hay 47 millones de gatos y apenas 41 millones de perros. En Rusia la brecha a favor de los felinos es de 4 millones y en China, de 33 millones.

En la Argentina, pese a que la Cámara Argentina de Fabricantes de Alimentos Balanceados (CAFAB) calcula que hay 6,5 millones de perros contra 3 millones de gatos, la diferencia parece estar reduciéndose. En los últimos cinco años, se duplicó la producción de comida para gatos. Y el veterinario Rubén Gatti, miembro fundador de la Asociación Argentina de Medicina Felina (A.A.Me.Fe.), pronostica que los gatos van a igualar a los perros en el país. “Creo que es la mascota del futuro”, arriesga.
Charly García anuncia en una canción que, cuando ya se empiece a quedar solo, va a tener “una gata medio loca”. Un acierto de frase, porque “mucha gente cree que los gatos son locos e impredecibles”, como suscribe Sarah Wilson, autora del libro “Buenos amos, buenos gatos”. “Pero desde el punto de vista de un gato, estos comportamientos son completamente normales”, aclara. Por otra parte, las reacciones aleatorias e imprevistas de los gatos también les suman atractivo: no siempre juegan cuando queremos, y eso los hace más interesante que si siempre respondieran igual al mismo estímulo, como los perros.

Para la legión creciente de adeptos, los “michinos” son cariñosos, bellos, divertidos y se hacen entender. También son “estéticamente perfectos y maravillosamente elásticos”, resume, con cierta deformación profesional, el diseñador industrial Eric Tornquist. Desde el punto de vista instrumental, los gatos se articulan con los hábitos de una sociedad que destina cada vez más horas al trabajo y habita cada vez más en ciudades (en 1970, la proporción de la población urbana en la Argentina era del 78 por ciento y hoy ronda el 90 por ciento). Es una mascota de bajo costo; se adapta al espacio reducido de un departamento; si se lo deja solo, se dedica a dormir y no molesta a los vecinos con ladridos; no requiere que lo saquen a pasear para satisfacer sus necesidades fisiológicas (para eso existen las “piedritas sanitarias”); como tiene hábitos nocturnos, es un compañero alerta y divertido para quienes vuelven tarde del trabajo; y con buena alimentación llegan a vivir hasta 22 años.

“Los amo por bellos, por enigmáticos, por imprevisibles, por independientes, y porque lo saben todo”, enumera Alfredo Serra, redactor jefe de la revista Gente, quien junto a su esposa Mara conviven con las gatas Kiara, Lucy y Daisy. “Vienen sin que los llamen y se van a su aire. No son domésticos: son socializados. Pactan con nosotros, pero sin renunciar a sus leyes, a su puesto en el cosmos”, añade. “Los gatos tienen mística y magia. Y son más independeintes que los perros”, asegura por su parte Paula Lerma, fotógrafa, diseñadora de páginas web y dueña de la gata Hester. “El que no quiere a los gatos es porque no los conoce”, coinciden el comerciante Oscar Maldonado y la comunicadora Conz Preti, quien dice haber tenido desde patos hasta hamsters. Y que recién ahora tiene un gato, Vicente, que es súper mimoso y la llena de besos. “Es el gato menos gato que conozco”, bromea.

Otra razón cultural que propicia la expansión doméstica de los gatos es la tendencia a adoptar mascotas de menor porte. El Instituto Pasteur y la Federación Cinológica Argentina (FCA) coinciden en que año tras año hay mayor demanda de razas de perros pequeños, como chihuahuas, Yorkshire y caniches. Y de elegir un perro chico a elegir un gato… ¡hay sólo un paso! Roberto Méndez, presidente de la Asociación Felina Argentina, explica que creció la demanda de gatos de pedigrí. Los persas y siameses son los más requeridos, aunque también hay razas peculiares, como los birmanos y el llamado “gato de los bosques de Noruega”, en la Argentina desde el 2000.
La periodista Gaby Manuli cuenta que se pasó la vida diciendo que los gatos eran “unos seres inmundos”, hasta que aparecieron ratones en su casa y tuvo que pedirle prestado uno a una vecina. La convivencia forzada terminó en amor: “Ahora duermo con Jazmín, que se lleva bárbaro con mi Golden Retriever”, agrega.

Los especialistas, como el etólogo Ricardo Bruno, director del Instituto Veterinario Especializado en Comportamiento Animal (IVECA), sostienen que existe un “biotipo” del dueño de gatos que lo distingue de aquel que se lleva mejor con los ladridos. Una encuesta del INDEC indica que los gatos son las mascotas preferidas de los mayores de 50 y de los solteros que no tienen quién cuide el perro mientras trabajan. Ruth Zasloff, de la Universidad de California, encuestó a cien dueños de gatos y concluyó que los felinos brindan amor incondicional y una gran posibilidad de “conversación” e interacción social. La odontóloga Marisa Guillot asegura que su gata le habla con ronroneos y maullidos que aprendió a interpretar. “Es mi adoración: sin ella me muero”, sostiene.
En la edad media, como los gatos fueron diezmados por ser considerados animales diabólicos, proliferaron las ratas, y con ellas, la pulga que transmitió la peste bubónica o Peste Negra. La epidemia produjo la muerte de un tercio de la población europea en el siglo XIV. Después de semejante catástrofe, comenzó la reconstrucción de la imagen gatuna. Y su relación más positiva con la salud humana.

El psicólogo porteño Rubén Álvarez afirma que su gato es sensible a los malestares anímicos. “Atiendo en mi consultorio con el gato adentro, pero huye si percibe malestar o tensión en el ambiente. Él diagnostica a los pacientes conflictivos antes que yo”, dice, sonriendo. “Captan todo de una manera misteriosa”, sugiere la actuaria y proteccionista Liliana Muiño, quien le transmitió la pasión gatuna a su hija Lila.

Hay evidencias científicas que revelan la capacidad de los gatos de detectar problemas de salud, infartos o crisis de epilepsia de sus dueños antes de que pasen a mayores. La revista New England Journal of Medicine narró el caso de un gato mascota de una residencia para ancianos en Providence, Estados Unidos, que era capaz de detectar con una semana de antelación qué pacientes morirían: su olfato no falló en 25 casos. En la Universidad de California, se comprobó que 12 minutos diarios con una mascota mejoran la función pulmonar y cardíaca de pacientes hospitalizados por problemas de corazón. Un estudio más reciente de la Universidad de Minnesota sobre más de 4.000 personas constató que los dueños de gatos reducen en un tercio el riesgo de ataques cardíacos, un beneficio que, según los investigadores, podría estar ligado a un efecto de reducción del estrés.

Es una hipótesis atendible. El etólogo Bruno señala que está demostrado que quienes acarician a un gato disminuyen el pulso y la presión sanguínea, debido a la sensación de tranquilidad y placer que transmite el pelaje sedoso del animal.

“Desde que tenemos a Otto y Francisco, en casa no hay más estrés”, confirma la contadora Patricia Vior. “Es fabuloso ver cómo se relajan, durmiendo en cualquier posición. ¡Nos relaja a nosotros!”, añade, y dice también que Francisco “controla” de cerca su trabajo, “mirando la computadora como si entendiera todo”.
Desde los tiempos de Darwin, se sabe que la clave de la supervivencia es la adaptación. Los gatos lo aprendieron a la perfección. Aunque era un predador de hábitos solitarios y nocturnos, fue capaz de mantener cierta independencia controlada dentro del ámbito acogedor de la familia humana. Ladero ideal de científicos, intelectuales y artistas que precisan un compañero discreto y silencioso, muchas celebridades tuvieron gatos como mascotas: desde Franz Kafka y Ernest Hemingway (en su casa museo de Key West hoy viven sesenta, algunos de ellos descendientes de los que tenía el escritor) hasta Julio Cortázar, Osvaldo Soriano y Jorge Luis Borges, quien le dirigió un poema en el que dice: “En otro tiempo estás. Eres el dueño/ de un ámbito cerrado como un sueño”.

La aceptación creciente de los gatos como mascotas también fue cambiando el carácter del animal. “Hace veinte años teníamos que sujetar a un gato entre cinco para revisarlo”, afirman los veterinarios de la Asociación Médica Felina, “ahora toleran cualquier manipulación. Así como nosotros les tomamos más cariño y confianza, ellos hicieron lo propio con nosotros”.

Los gatos también aprendieron a hacerse los bebés, para despertar el instinto de protección humano. Hillary Feldman, del Departamento de Biología Integrativa de la Universidad de California, estudió el comportamiento de los gatos de echarse en medio del paso y panza arriba. En los felinos silvestres, sucede sólo entre cachorros o hembras en celo. Los adultos no lo hacen, salvo cuando un macho vencido muestra sumisión al líder. El gato descubrió que mostrar su panza nos parece adorable, y repite así la actitud de subordinación. Del mismo modo, los maullidos tienden a imitar la voz de bebés humanos, así como los ronroneos son un gesto de placer de los gatitos para con la madre, repetido con astucia por los adultos domesticados. Así logra manejarnos a su antojo.
En el programa “Animales al extremo”, de Animal Planet, los gatos figuran al tope de la lista de felinos asesinos, porque cazan por placer y no por hambre. Quizás el mayor placer de tenerlos en casa es haber convertido al mayor de nuestros predadores —el temible leopardo, el feroz león— en un peluche que ronronea cuando le rascamos la panza. Por fin logramos domesticar al tigre. Aunque lo más probable es que el gato nos haya domesticado a nosotros.

Por Ana von Rebeur para revista Newsweek

miércoles, 11 de noviembre de 2009

El odio de las comparaciones

Al que se inventó eso de que las comparaciones son odiosas se le olvidó decir que, sobre todo, son idiotas. Cuando no se trata de un recurso literario –tu pelo es como el sol brillante y tu cara, la luna llena–, el que compara casi siempre la pifia: decir X es como Y es igualar dos cosas que, por lo general, no son iguales y que, a veces, ni siquiera se parecen. Por eso, el que compara al garete queda mal, por no tomarse el trabajo de pensar en lo que está diciendo. Cuando el señor Marcelo Tinelli y la señora Georgina Barbarosa dicen que la Argentina es la nueva Colombia, refiriéndose al tema de la inseguridad, están haciendo bien de idiotas, porque todo el que se tome el trabajo de pensar un poquito concluirá rápidamente que la inseguridad argentina no tiene nada que ver con la colombiana y viceversa. En Colombia la violencia es, sobre todo, el resultado de una lucha de poder entre grupos organizados: guerrilla, paramilitares, narcos, Estado. Es un país que está en guerra desde hace demasiado tiempo y eso trae sus consecuencias. La mayoría de las víctimas, por ejemplo, tiene más que ver con los espacios donde la guerra sucede: mucho campesino indefenso, mucha gente de pueblo desplazada, mucho muchacho armado matando a otro muchacho armado.

En los últimos años, se han inventado proyectos y más proyectos para paliar los efectos de la guerra y en las ciudades más difíciles, como Medellín, los niveles de violencia bajaron estrepitosamente porque, por ejemplo, pusieron bibliotecas en las comunas (villas) donde los chicos se pasan el día leyendo o jugando o mirando cosas en la computadora en vez de andar por la calle pateando piedras. Está bien, ni Tinelli ni Georgina tienen por qué saber estas cosas, pero, en el momento de lanzar por los aires masivos de la tele la palabra Colombia, están obligados a averiguar un poco qué significa. En Colombia hay ciudades que están custodiadas por soldados y jamás escuché que Jota Mario Valencia (un Tinelli menos gritón) dijera: “Hay militares en la calle, luego, Colombia es la nueva Argentina”. Porque no tiene nada que ver y eso, por suerte, incluso la gente de la tele lo sabe.

En la Argentina, los violentos no son grupos organizados sino personas tan desorganizadas. Por lo que se ve, acá la inseguridad es, sobre todo, el resultado de un abandono casi absoluto de la clase baja por parte del Estado; es el niñito que sale a robar porque no va al colegio y porque vive en un barrio donde robar es tan legítimo como para un empleado irse a la oficina. En Colombia este tipo de cosas suceden, como acá cada tanto aparece un cargamento de cocaína y lo confiscan o se lo reparten o lo que sea, y eso no iguala ni asemeja a los dos países. Antes de mudarme a Buenos Aires nunca me habían atracado y acá, en cuatro años, me atracaron tres veces. Dos veces me sacaron un cuchillo, una vez me hablaron cerquita de la oreja y me dijeron “te voy a matar, te voy a matar, te voy a matar”. Eso también es un recurso literario, se llama anáfora y a mí jamás se me ocurriría decir que: 1) la Argentina es más culta que Colombia porque los pibes chorros hacen poesía durante los atracos; 2) la Argentina es más violenta que Colombia porque me atracaron tres veces en cuatro años. Y, aunque podría conseguir muchas, pero muchas evidencias que lo comprobaran, tampoco se me ocurriría decir que: 3) en la Argentina, la gente habla sin pensar porque imitan a sus ídolos de la tele, que trabajan de lo mismo. Porque decir idioteces es fácil, pero también trae consecuencias. Pidan disculpas, Marcelo y Georgina: por su ignorancia, por su provincianismo y por su ligereza. Después, si les queda un rato libre, ilústrense un poco sobre lo que sucede en el mundo, más allá de la cuadra de su casa.

Por Margarita García Robayo, para www.criticadigital.com

martes, 10 de noviembre de 2009

Dosis de Mafalda

Escuela secundaria en debate: Escuela "exigente" vs. Escuela "flexible”

El Ministerio de Educación de la Nación ha decidido liderar un proceso indispensable de transformación de la Escuela Secundaria en Argentina. La Ley de Educación Nacional consensuó entre todos los argentinos la obligatoriedad de la misma para todos los adolescentes y jóvenes del país por considerar que se trata de un derecho y de una necesidad fundamental para todos ellos.
A poco de andar, la necesidad de enfrentarse con el problema del ingreso y de la permanencia de los adolescentes, especialmente los que vienen de sectores más pobres o empobrecidos, en la secundaria, ha generado un revuelo entre algunos sectores.

Se ha propuesto una cierto enfrentamiento entre lo que han llamado la escuela “exigente” vs. la escuela “flexible”.

Algunas voces se han levantado para criticar una iniciativa que imaginan busca hacer una escuela “fácil” para los adolescentes, para que, de esta manera, no abandonen. Entre las facilidades que suponen está el bajar las notas necesarias para aprobar las materias, que se pueda promocionar un año con muchas materias desaprobadas, que no se tome asistencia o no se contabilicen las faltas, entre otras medidas facilitadotas.

No hay nada más difícil que defenderse de aquello que no se piensa. Quienes están impulsando este proceso y quienes lo apoyamos somos personas con años de compromiso en la búsqueda de que los y las adolescentes de nuestro país puedan estudiar, puedan aprender y puedan crecer utilizando las herramientas que permiten el conocimiento, el trabajo con otros, y la formación en valores. No estamos proponiendo una escuela-boliche. Nada más lejos de nosotros que estafar una vez más a nuestros jóvenes. Queremos que aprendan, queremos que puedan estudiar, queremos que puedan disfrutar de ir a la escuela.

Pero debemos ir un poco más allá. ¿Qué están queriendo decir los que hablan de la “escuela exigente”? ¿Cuál es en realidad su propuesta? Porque si las exigencias que se proponen van más allá de las posibilidades objetivas de los alumnos, en realidad, lo que están planteando, es una “escuela imposible” y no una “escuela exigente”. La “escuela imposible” es también la “escuela filtro”, es decir, la escuela que pone a unos de un lado y a otros, del otro. Una escuela que, en el fondo, busca “segmentar” a la sociedad. Y allí estamos ante una profunda trampa: Algunos en realidad piensan a la escuela media como el momento en el que el sistema educativo termina de diferenciar claramente a los que serán dirigentes de nuestra sociedad de los que serán ciudadanos de segunda. Y, en el fondo, es a esta exigencia a la que no se quiere renunciar.

Pedagógicamente no veo ninguna ventaja en enseñar algo de manera “difícil” si es posible que se aprenda de manera más sencilla. No veo ninguna ventaja en que una propuesta educativa sea aburrida para que los jóvenes tengan que “esforzarse” más para aprender. Es verdad que el aprendizaje requiere esfuerzos. Pero no cualquiera ni de cualquier tipo. Si un alumno tiene que leer un texto básico y no lo tiene y no lo puede conseguir, tendrá por delante un esfuerzo por hacer si quiere aprender, que en realidad no debería ejercitar, al menos de manera habitual.

La exigencia debe provenir de la necesidad de esforzarse razonablemente y no de tener que enfrentar situaciones difíciles, o hasta imposibles, generadas por la burocracia escolar, las injusticias sociales, las diferencias y hasta las intolerancias culturales.

La propuesta educativa renovadora tiene que tener en cuenta a los alumnos reales a los que se orienta. Y hoy, en el siglo XXI, un valor fundamental es el reconocimiento y el respeto de la diversidad por sobre la homogeneidad y las hegemonías. Esto lleva a que la escuela y el sistema educativo deban ser exigentes, en primer lugar, consigo mismos. ¿Qué sentido tiene remarcar las exigencias respecto de los adolescentes y no hacerlo en mucho mayor medida con la escuela misma y con los adultos que con ella estamos involucrados?

Nuestro país, como casi hoy todos los países del mundo, necesita urgentemente generar procesos profundos de inclusión social y de participación activa de los adolescentes y jóvenes, particularmente de los más pobres. La transformación de la Escuela Secundaria es uno de los principales caminos que como sociedad tenemos para hacerlo. En la Escuela Secundaria que soñamos todos los adolescentes deben poder aprender. Pero no solo las “materias”, también las herramientas de construcción del conocimiento y las tecnológicas. Poder aprender a vivir con otros, a respetarse y respetar la diversidad, a construir proyectos de vida positivos para sí y para los demás, a encontrar los caminos para que nuestro mundo no colapse por la contaminación y las injusticias sociales.

Como me gusta señalar, fueron alumnos exitosos en las universidades más exigentes del mundo los que generaron el colapso financiero y la estafa más grande de los últimos 50 años dejando a millones de personas sin trabajo, aumentando el hambre en el mundo hasta llegar a los 1.000 millones de hambrientos y echando a la calle a miles de familias.

Estemos precavidos ante ciertos “éxitos” educativos que nos quieren vender algunos sectores. Los maestros que recordamos con mayor admiración y gratitud, no sólo fueron buenos respecto de su calidad académica. Sobre todo fueron buenas personas, honestas y comprometidas con la vida.
Quiero una escuela que cuando le habla a nuestros adolescentes y jóvenes de “triunfar en la vida” no se refiera a logros individuales a costa del sufrimiento de todos. Que no les enseñe “exigentemente” que prioricen el beneficio individual y desconozcan los desafíos del mundo en el que viven. Que les deje muy claro que más vale perder algo o mucho de lo propio antes de traicionar a sus hermanos y a su pueblo.
Eso es lo que yo quiero para todos nuestros adolescentes y jóvenes. Así es la escuela que yo elijo para mis hijos. Y respecto de esta escuela, confieso que sí, yo quiero ser muy exigente.

Prof. Alberto César Croce
Fundador y Presidente de la Fundación SES (Sustentabilidad-Educación -Solidaridad).(Argentina) . Educador popular y maestro.

viernes, 6 de noviembre de 2009

Banderas de la patria más intensa



El fútbol es una patria más intensa que la patria misma. ¿Exageración rayana en la blasfemia? Para nada. Invito a comparar la cantidad de banderas que asoman durante las fechas patrias con la cantidad que aluviona en los mundiales.
Aparte de ser una patria, el fútbol es el espejo que mejor espeja violencias, exitismo y fracasismo, supersticiones camufladas en religión, racismo subcutáneo, creatividad y cierto individualismo a veces carnicero.
En la creciente literatura centrada en el fútbol, sucede que la mujer tiene presencia ocasional, apenas como elemento decorativo. Esto se me reveló un día que recuerdo por ser el primero del año: me desperté dictado por una ocurrencia: una mujer se vengaba del abandono de su marido futbolero metiendo una punta de fotos de jugadores famosos en el interior de la almohada matrimonial. Con esas presencias ocultas ella dormía y transfiguraba la rutina del sexo semanal. Digamos, la apoteosis del cornudo. Ahí, ese mismo día, advertí que en mi caja de juntar tenía el borrador a mano alzada de más de veinte cuentos de fútbol en los que siempre la mujer es eje y/o detonante. Acostumbro andar con un par de hojas dobladas, y un lapicito. Anoto sobre el pucho porque creo en la única virginidad, la de la palabra. Tal cual: de las narices me agarró el libro, y me dejé: y empecé la otra escritura, la que viene después de la ocurrencia dictada. Ahí estaba la mujer que debía resignar una parte sagrada de su cuerpo, como cábala-condición para que Racing terminara su malaria de décadas. Ahí estaba la partera que asesoró a una tal Dalma mes a mes, con peajes de todo tipo, para conseguir que cierta criatura naciera varón y un Mozart del fútbol, es decir, un Diego Maradona. Ahí estaba Borges, por única vez, asistiendo a un partido; y la madre narrándoselo al Sumo Ciego. Ahí estaba la mujer travestida, y la vengadora, y la compañera, y la inmolada. Ahí estaba la camionera "relatora de todas las Américas", inventando un campeonato perpetuo donde el fútbol vadea todas las injusticias: por fin los últimos serán los primeros.
Al final de mi travesía advertí que estas historias apuntan una y otra vez a lo que podríamos llamar "la pareja". Pero, la pareja emparejada: por el odio, por la pasión, por la venganza, por el amor de los amores. Adiós a la mujer víctima, relegada por el fútbol. Tendremos que asumirlo, así en la realidad como en la literatura, hacia esa pareja emparejada vamos, por fin. ¿Ésa será la revolución de las revoluciones? ¿Tendrá entonces la humanidad que barajar y dar de nuevo?
Yo no quise hacer un libro de cuentos de fútbol con mujeres como protagonistas, fue al revés: las historias me fueron brotando sin propósito sistemático. Y se dio. En algún momento, ante la aparición de la madre del "jugador más feliz de la Tierra", el reportaje mutó en ficción. No me resistí. En otro, el último día de la Raulito se transfiguró en poema. Tampoco me resistí. Me dejé, me solté del corsé de los géneros. Así, en las sucesivas escrituras de estas historias, me he sorprendido riéndome en voz alta. O, un par de veces, noté que el corazón me estrujaba la garganta. Quiero decir: que las he vivido no sólo desde mi laguito interior sino con el cuerpo entero.
No puedo precisar cómo ni cuándo me nació cada historia de este Perfume de gol : a veces detenido en un semáforo, o bajo la ducha, caminando mi barrio de Coghlan, en la antesala del dentista, en ese deslizamiento sinfónico de cada noche al compás del malbec de mi Luján de Cuyo.
Pero no todo se me dio como lloviendo café del cielo. A veces la abundancia de historias lo acorralan a uno. Pasó que mientras escribía me nacieron otras. Tenía que elegir: qué cuentos publicar en Perfume de gol y qué otros tantos dejar para otro libro. Culposo como soy, la elección se me hizo pesadilla. Cada vez que optaba por uno y apartaba otro me ruborizaba, mis tripas del alma entraban en cólico. Me encomendé al azar y decidí que mi perro, Manyín, me ayudara. Desparramé en el piso de mi escritorio la primera hoja de varios cuentos. Manyín alzó una, se la quité, alzó otra, se la quité y así sucesivamente completé la selección. Gracias por tu azar, querido Manyín.
Gocé el tejido de este libro tanto como un animal que encuentra su ojal cuando está en celo. Hay escritores que viven la pulseada de toda escritura sufriendo hasta lo insoportable. Otros sienten la felicidad del acto hasta cuando describen una tragedia aérea. Estoy entre éstos. Durante su gestación conté estos cuentos, pero casi no los di a leer. Dos amigos, buenos lectores, con diferentes palabras coincidieron: "Qué lástima que sean de fútbol". Elogio desasosegante. Prejuicio generalizado. Así como a la literatura para niños, a los cuentos de fútbol se los considera género menor, literatura de cabotaje. Pero mi desasosiego no cuajó en complejo. Pienso que un cuento vale por lo que vale y jamás porque su asunto sea más o menos prestigioso. La academia, el canon, los eruCditos, que en paz sigan descansando. Por lo demás, lo estéticamente popular no quita lo valiente. Dicho sea: creo que no falta tanto para que hablemos de la narrativa futbolística con la naturalidad con que hablamos de la fantástica o de la policial. La expansión de los cuentos de fútbol no es tan grande como la de la soja patria, pero es notable. Un síntoma de crecimiento: ya pululan hasta cuenteros de fútbol plagiantes, y con espectacular éxito de ventas.
Escucho preguntas: ¿Qué no debe faltarle a un cuento de fútbol? Respiración, la ética de la sintaxis y, si se escribe en castellano, que se note. Al cuento, como a la novela, al teatro, al ensayo y a la poesía, no debe faltarle poesía.
¿Poesía? Sí, eso. Pero no la confundamos con esa patética estafa que es el lenguaje poético. Digo poesía como actitud de riesgo, como punzada en la médula. Sin la presencia de ese pulso, el cuento de fútbol, o de lo que sea, dura mientras dura. Fallece con la última palabra.
Me di todos los permisos en este libro. Como dije, no fui detrás de la novedad del relato con la mujer como eje, ni hice el menor esfuerzo en escribir para expertos y amantes del fútbol: le abrí la puerta al siempre sabio azar. Me entregué desatado de pies y manos al registro del relato delirante. ¿Por qué? Porque el delirio nos permite, al menos, empatarle a una realidad que desde hace décadas insiste en desnucar al surrealismo. Estoy entre los que creen que el delirio se ha vuelto una herramienta prodigiosa, inevitable. A la hora de ficcionar, el delirio es un acto de salud, de justicia, y nos arrima a una ecuación decorosa: la irrealidad de la llamada realidad ya no supera por tantos cuerpos a la ficción.
Una confesión: lo sentí mientras urdía estas historias. ¿Sentí qué? Que cuando se escribe un cuento se es Dios por un rato. ¿Dios con mayúscula o con minúscula? Depende, si en la escritura uno salta sin red, es Dios. Si salta con red, es dios. Y si salta sin red y encima con los ojos vendados, entonces merece la mayúscula y un acento: es Diós.

Por Rodolfo Braceli para ADN Cultura

Escribir para siempre



Circula en algún medio electrónico un inquietante estudio wikipédico, que reza más o menos lo siguiente: “Las generaciones futuras no podrán reconocer la letra manuscrita”. Y luego agrega algo así, para meter miedo: “Ni siquiera entenderán para qué se escribía a mano, o cómo era una carta”.
Es muy difícil transformar en noticia algo que ocurre en plazos de –digamos– cuatro mil años. ¿Dónde está la primicia en eso? Bah, la pérdida de la letra manuscrita quizá ocurra en mucho menos tiempo, pero aun así este cambio en la escritura (que es análogo a muchos otros cambios de verosimilitud del mundo, que van de lo oral a lo escrito y de allí a lo binario) es difícilmente una novedad.
Un amigo muy culto me ha contado algo fabuloso. Hace algunas décadas, EE.UU. ensayaba sus pruebas nucleares en Nuevo México. Luego decidieron que era más prudente hacerlo en países invadidos. Pero parece que este estado ya está contaminado. El paquetón está enterrado y asegurado, pero esta basura nuclear estará activa aún cuatro mil años. ¡Cuatro mil años! El gobierno yanqui se hizo cargo y se comprometió a cuidar a la humanidad. Han tenido que garantizar ante Dios que nadie abra estas ojivas ni desentierre esta calamidad.
¿Qué hicieron? Carteles. Tecnología semiológica de alto voltaje. ¡Pero 4 mil años son las pirámides! Ya no estaremos más. Habrá otros humanoides, o cucarachas, o seres refinados venidos de Venus o Chascomús. ¿Cómo advertir a semejantes lectores, cuando parece que mis sobrinos ni podrán leer lo manuscrito, ni recordarán qué era? Del desierto emergen carteles en todos los idiomas conocidos. Tal vez en 4 mil años el mapuche sea la lengua del imperio y ya nadie recuerde qué quería decir danger en ignota lengua muerta. Así que hubo un congreso de semiólogos para resolver el dilema. ¿Qué señales durarán 4 mil años? Vean, si no, el fracaso de las pirámides: hasta Champolion fue imposible deducir qué decían, y si en los sarcófagos hubiera habido radiación en vez de momias y chuchería, ahora estaríamos todos muertos.
Parece que –además de textos de alarma– hubo que incluir íconos y dibujos, mensajes claros pero destinados a culturas desconocidas. (¿Qué mejor definición para esa rara práctica ancestral que se llamó “arte”?) Semiólogos expertos del mundo acordaron poner una reproducción de El grito, de Edward Munch: creen que allí donde fallen las palabras y la letra, el mensaje estará así muy claro. Y que lo podrá entender hasta una cucaracha despistada. Me tiembla el pulso. No se nota porque no escribo en manuscrita.

Por Rafael Spregelburd para Perfil

Jóvenes apuestan por la efectivización de sus derechos II

Luego del cierre de la Semana por los Derechos de la Juventud 2009, los más de mil jóvenes que participaron, redactaron un documento donde se da a conocer el resultado y los reclamos que surgieron del Encuentro.

Eje derecho al buen vivir: (trabajo, derechos humanos, medios audiovisuales, educación, vivienda, exclusión y pobreza)
- Generar programas vinculados a la inclusión social y económica de los y las jóvenes.
- Garantizar las condiciones necesarias de transporte, vivienda, red de agua potable para la inclusión educativa.
- Reformular la legislación vigente para garantizar el acceso a una vivienda digna.
- Construir y recuperar instalaciones gratuitas y espacios públicos para realizar deportes variados y para la recreación.
- Promover la reducción de la generación de residuos y fabricación de envases.
- Proteger los recursos naturales.
- Promover acciones de prevención y recuperación de adicciones.
- Promover una mayor participación de los y las jóvenes en los procesos de transformación de la educación secundaria.
- Fortalecer y reconocer los espacios educativos de gestión social, tales como las experiencias de educación no formal y de educación popular.
- Dignificar las condiciones de trabajo para todos y todas. Promover la organización colectiva de los/as trabajadores/as para el cumplimiento de los derechos laborales.
- Acercar a nuestros barrios, localidades y municipios las técnicas aprendidas en los talleres de serigrafía, mural, radio, fotografía y teatro de la Semana por los derechos de la Juventud.



PARA LA REALIZACIÓN DE NUESTRAS PROPUESTAS CONVOCAMOS:

- A los y las JÓVENES para escucharnos, compartir, comprometernos, exigir, reflexionar, respetarnos, integrarnos, organizarnos, debatir, aprender, participar, ser buenos compañeros, construir.
- A las ORGANIZACIONES SOCIALES para llevar adelante acciones de cumplimiento y exigibilidad de los derechos, como espacios de formación cultural, social y política de los jóvenes.
- A las EMPRESAS en el respeto de la legislación vigente y el compromiso con el desarrollo social.

Y RECONOCEMOS al ESTADO, a nivel nacional, provincial y municipal, como garante para el cumplimiento y efectivización de los derechos de todos y todas.

miércoles, 4 de noviembre de 2009

Jóvenes apuestan por la efectivización de sus derechos I

Se dio el cierre de la Semana por los Derechos de la Juventud 2009, en su tercera edición. Entre los 1300 jóvenes y adolescentes de todo el país que vivieron cuatro días de debate y reflexión sobre los temas que les preocupan y afectan, coincidieron en los siguientes puntos.

DOCUMENTO DE PROPUESTAS

Los y las jóvenes y organizaciones sociales participantes de la Tercera Semana por los Derechos de la Juventud, en función de todas las actividades compartidas en estos días y de aquellas que realizamos en nuestros barrios, organizaciones, fundaciones e instituciones educativas, reconocemos nuestros DERECHOS a la libre expresión, comunicación, educación, recreación, salud, medio ambiente sano, información, vivienda digna, trabajo, identidad y participación política. Y, en base a los ejes que organizaron las reflexiones durante este encuentro, PROPONEMOS lo siguiente:

Eje diversidad e integración: (salud sexual y reproductiva, discapacidad, pueblos originarios).
- Respetar el derecho a la identidad de los pueblos originarios.
- Concientizar sobre la importancia de los símbolos originarios.
- Difundir más información sobre salud sexual y reproductiva.
- Promover vínculos de respeto e igualdad entre los géneros.
- Propiciar la integración en la diversidad de orientación sexual.
- Difundir las herramientas y las posibilidades concretas de integración social de las personas con discapacidad.

Eje protagonismo Juvenil: (Proyectos juveniles y experiencias, arte como medio de transformación social)
- Generar espacios y redes de manifestación y expresión de problemáticas comunes de los y las jóvenes y de construcción cultural como clubes, centros culturales, Ongs, sociedades de fomento, foros de debate virtuales, radios comunitarias y otros medios alternativos de comunicación.
- Favorecer posibilidades formales de incidencia de los y las jóvenes en las políticas públicas dentro de los ámbitos municipales, provinciales y nacionales.
- Reconocer a las organizaciones juveniles como interlocutores válidos de los distintos niveles de gestión estatal.
- Promover dispositivos de consulta y participación directa de los y las jóvenes en el debate sobre la Ley de Régimen Penal Juvenil.
- Rechazar la baja de la edad de imputabilidad y apoyar a las organizaciones juveniles que participan en el debate de la ley.
- Impulsar el arte como medio de transformación social, por ejemplo, a través de la elaboración de murales, las intervenciones callejeras, las campañas de sensibilización, el reciclaje de residuos con fines artísticos, etc.
- Garantizar financiamiento para los espacios de formación de formadores y líderes, donde las organizaciones tengan un rol más importante mediante una gestión de complementariedad con el Estado y con alcance latinoamericano.
- Que las organizaciones tomen el rol de profundización y alcance territorial de proyectos articulados en conjunto para/con el estado y otras organizaciones sociales.

martes, 3 de noviembre de 2009

Leyenda del fuerte diaguita de Tacuil

Hace cinco años llegamos a Molinos, un pueblo situado en el corazón de los Valles Calchaquíes, en Salta. Yo estaba acostumbrado a vivir en zonas montañosas, pero este paisaje era totalmente nuevo para mí.
En nuestro primer viaje desde la capital de la provincia dejamos el pavimento y comenzamos a subir la Cuesta del Obispo, luego la recta de Tin Tin y, finalmente, alcanzamos Cachi, donde me llamó la atención la enorme escultura de un indio calchaquí que parecía observar, con actitud de defensa, el valle que tenía ante sí.
Después de cinco horas llegamos a Molinos, pueblo pequeño, de calles anchas y casas bajas, la mayoría de adobe. Una iglesia antigua y una casa hacienda muy imponentes hablaban de la de la historia española en estas tierras.
Fue un tiempo después, en una pequeña biblioteca del lugar, donde encontré, pegada en una pared, una lámina que me produjo mucha curiosidad. Era la figura del indio que había visto anteriormente: con un gesto duro pero lleno de tristeza, él observaba una escena trágica. En una meseta enclavada entre cerros había un enorme caserío indígena y allí sucedía lo peor que le puede pasar a un pueblo: invasión, violencia, despojo. Sus pertenencias desparramadas, su gente castigada por los conquistadores españoles y, lo más impresionante, pequeñas figuras humanas que caían desde lo alto, por un costado de esa planicie. El indio y el cóndor eran mudos testigos?
En cierta ocasión, acompañé a mamá a recorrer puestos sanitarios del interior de Molinos. Uno de ellos, al que llegamos por la tarde, quedaba a casi dos horas del pueblo. Subimos un camino angosto y bastante empinado; llegamos a la cima y al dar vuelta la curva apareció, protagonista y solitaria, la montaña cortada de la lámina del indio. Junto al camino un cartel decía: "Bienvenidos a Tacuil, tierra del vino".
Cuenta la leyenda que los antiguos pobladores de los valles de Salta, los diaguitas, vieron cómo seres extraños se apropiaban de sus territorios, con armas y con animales de presa. Las actuales localidades de San Carlos, Angastaco, Molinos, Seclantás, Cachi y Cafayate fueron escenario de grandes avanzadas de ese invasor bien equipado. A pesar de eso, los diaguitas los enfrentaron con valentía, usando tan sólo el arco, la flecha y la lanza, y como escudo, su bronceado torso desnudo. Esta desigual guerra duró casi diez años. Los diaguitas estaban comandados por un cacique de espíritu aguerrido y una gran inteligencia, al que la leyenda bautizó como Kalchaki, en idioma "kakano".
Ante el avance y el poderío del invasor, las fuerzas diaguitas fueron retrocediendo hacia lugares más estratégicos, como Colomé, Amaicha y Gualfin. Al llegar al Valle de Tacuil se atrincheraron en una altísima e inmensa fortaleza natural. En esta meseta resistieron cinco meses, hasta que, agotadas sus fuerzas por falta de agua y de alimentos, entregaron los niños a los sacerdotes que acompañaban a los expedicionarios. Finalmente todos, hombres y mujeres se arrojaron al abismo. Desde las alturas el cóndor mira y pasa? Este pueblo "de la aguada del alto", según su traducción en lengua kakana, recuerda la resistencia de los indígenas, especialmente de Juan Calchaquí.
El Fuerte de Tacuil es esta inmensa meseta de más de 400 metros de altura, de color rosa ladrillo. En este escenario tuvo lugar la trágica historia que acabo de contarles, en la que los indios valorizan la vida sólo cuando está asociada a la libertad.
Hoy en día Tacuil es una finca dedicada al cultivo de viñas. Los pobladores cuentan viejos relatos sobre la defensa del Fuerte. Dicen que había "una piedra trampa" en la única entrada a la cima del lugar. Quien no sabía esto y no tomaba precauciones, la pisaba y caía al vacío. Hay restos arqueológicos de antiguas construcciones y numerosas piezas de alfarería que dan cuenta de lo sucedido.

Por Juan Gerónimo Quiroga
El autor es alumno de séptimo grado en el Colegio N° 5054, de Molinos, Salta.
Este relato obtuvo el segundo premio, por el nivel primario, en el concurso Rincón Gaucho en la Escuela

Fuetne: La Nación